La belleza de la semana: “Fin del invierno”, de Carlos Alonso

El artista argentino presenta una escena desolada en este cuadro de gran impacto, simbolizando la soledad y sacrificio de Van Gogh

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"El fin del invierno", de Carlos Alonso
"Fin del invierno" representa una escena desolada y sin colores

Carlos Alonso, artista nacido en Tunuyán, Mendoza, Argentina en 1929, es el creador de la serie de cuadros inspirados en Vincent Van Gogh que forman parte de una destacada colección. Entre estas obras se destaca “Fin del Invierno”, pintada en 1974 con técnica de acrílico sobre tela y dimensiones de 150 x 150 cm. La obra, que pertenece a la colección de Fortabat, puede verse en la nueva exposición del Centro Cultural Recoleta “¿Cuánto pesa el amor?”.

En esta serie, Alonso recrea la vida y el sufrimiento del famoso pintor neerlandés a través de cuatro lienzos que, según resalta la colección, pueden verse como una secuencia. El recorrido comienza con “El pintor caminante”, una representación de la lucha y pasión de Van Gogh por el arte. Le sigue “La oreja”, una obra que refleja un Van Gogh desafiante y doliente, con un fondo rojo intenso que resalta su famoso autorretrato fumando pipa y un detalle señalando la automutilación de su oreja.

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El tercer cuadro de la serie, “Las vendas”, muestra al personaje emergiendo desde las sombras del cuarto de Van Gogh, en una actitud de introspección y búsqueda personal. Finalizando la secuencia, se encuentra “Fin del invierno”, donde Alonso presenta una escena desolada y carente de colores, enfatizando la soledad y el sacrificio del artista a través de una composición conmovedora que simboliza un campo yermo.

Alonso es uno de los artistas más importantes de la pintura argentina de la segunda mitad del siglo pasado
Alonso es uno de los artistas más importantes de la pintura argentina de la segunda mitad del siglo pasado

Carlos Alonso, un destacado artista argentino, irrumpió con fuerza en la escena artística de los años 60 del siglo XX. Su trabajo se caracteriza por participar en las corrientes neofigurativas que reconfiguraron el concepto de representación, sustituyéndolo por la gestualidad del informalismo y otras innovaciones como la simultaneidad de la imagen, el uso narrativo del cine y el cómic, el arte pop, la ruptura espacial y el uso autónomo del color respecto al dibujo.

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La trayectoria académica de Alonso comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde se formó con maestros como Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi.. En 1950, se trasladó a Tucumán para unirse al grupo de Spilimbergo en la universidad local. En 1957, fue galardonado con el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra, una obra cuya primera parte había sido ilustrada por Salvador Dalí. En 1953, una exposición en Buenos Aires le permitió viajar a Europa, donde se encontró con obras de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, que influenciaron su estilo y visión artística.

En 1968, Alonso se desplazó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de “La Divina Comedia” de Dante Alighieri. Al año siguiente, inició la serie “Lección de anatomía”, inspirada en la obra de Rembrandt, en la cual abordó temas como la ejecución del Che Guevara.

"La censura" (1969). Acrílico y collage sobre tela, 200 x 200 cm (Foto: Magdalena Audap- Soubie)
"La censura" (1969). Acrílico y collage sobre tela, 200 x 200 cm (Foto: Magdalena Audap- Soubie)

A mediados de los años 60, Alonso introdujo en su obra la temática de la simbiosis vaca-hombre y la violencia sobre el cuerpo, iniciada con tres collages de 1965 que coinciden temporalmente con sus ilustraciones para “El matadero” de Esteban Echeverría. En 1972, retomó este tema, exponiéndolo en la Galería Giulia de Roma. La obra culminó en abril de 1976 con la muestra “El ganado y lo perdido” en la Art Gallery International, un mes después del golpe de Estado en Argentina, donde la violencia política marcaba la agenda del país.

Alonso, observador de la realidad social y política, reflejó en sus obras temas de emergencia, pobreza y violencia. Ese mismo año, Alonso se exilió en Roma junto a su esposa e hijo. En 1977, su hija Paloma desapareció, un evento que marcó profundamente su vida. En 1980, Alonso regresó a Argentina y se instaló en Unquillo, Córdoba, donde reside actualmente.

Su obra ha sido exhibida en diversas salas internacionales, y ha sido distinguido con múltiples premios, entre ellos el Premio Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires presentó la muestra “Carlos Alonso. Pintura y tradición”. Sus obras son un testimonio de su compromiso con la realidad social y política de su país, y su influencia perdura a través de generaciones.

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