Elige tu propio Almodóvar

El estreno en Buenos Aires del corto “Extraña forma de vida”, invita a repasar la rica y variada filmografía del director español, cuyo apellido decantó en un adjetivo distintivo para definir su cine

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Si existiera, el juego de mesa (o de vida) “Elige tu propio Almodóvar” sería fascinante. ¿Cuál sería la elección de cada persona si pudiera elegir una película entre toda su filmografía? Usted, lector o lectora, ¿qué casillero marcaría?

Trailer de "Todo sobre mi madre" (1999)

Podría ser Todo sobre mi madre, la maravillosa, emotiva y pedagógica pintura del alma en el momento del duelo y el amor constante más allá de la muerte, como decía Quevedo, esta vez en la figura de un hijo que muere y una excelentísima Cecilia Roth en el papel de madre. O esa película extática llamada La ley del deseo, que como su nombre indica, se detiene en la voluptuosidad del cuerpo masculino, en un thriller psicológico protagonizado por Antonio Banderas y Eusebio Poncela, en la obsesión de un jovencísimo Banderas por Poncela, un director de teatro abiertamente gay, con quien fantasea una relación de amor luego de haber tenido meramente un encuentro sexual.

O Entre tinieblas, esa comedia negra, oscurísima, sobre un convento en el que abundan drogas y jeringas, guitarras con canciones religiosas y más drogas y hasta un tigre. O Tacones lejanos y esa relación imposible, pero inevitable entre la madre interpretada por Marisa Paredes, VIctoria Abril como la hija que confiesa haber matado a su marido y Miguel Bosé como ese investigador que de noche es una cantante en un boliche drag (oh, esas escenas, aquella mientras Bosé draggeado canta o la de la coreo en medio del patio de la cárcel con la actriz Bibi Andersen al frente). O La mala educación, en el que una mujer trans interpretada por Gael García Bernal vuelve a su colegio de infancia para vengarse de un cura abusador. ¿O será el corto La voz humana, con Tilda Swinton? ¿O la genial, espléndida, inigualable, eterna Mujeres al borde de un ataque de nervios? ¡Pero qué difícil! Y eso que hay más películas maravillosas. Y hasta hay una nueva.

Trailer de "Extraña Forma De Vida" (2023)

Anoche se estrenó en el ciclo Mubi Fest Buenos Aires Extraña forma de vida, un mediometraje con el formato de un western en el que hombres aman a otros hombres, interpretado por Ethan Hawke y Pedro Pascal, en el que, pasados los años, Silva (Pascal) regresa a un pueblo en el oeste a visitar a un viejo amigo (Hawke) que fue algo más que solamente un amigo. La película se vuelve a exhibir este domingo a las 21 en Arthaus, sede del festival en el que exhiben films como La ciénaga (con charla de Lucrecia Martel incluida); Crimes of the future, de David Cronenberg; Close, de Lukas Dhont o Aftersun, de Charlotte Wells, entre otras. Una muy buena oportunidad para ver estas películas en pantalla grande.

Extraña forma de vida se estrena en salas el jueves 21 de septiembre, día del amor, y luego se podrá ver en la plataforma Mubi a partir del 20 de octubre.

Es un western. Cómo no serlo cuando se ven esos acantilados que sólo John Houston habría podido filmar. Es un western, porque llega al pueblo un forastero. Pero ya no es un western, porque el forastero (Pedro Pascal) viene a buscar al sheriff (Ethan Hawke) no sólo para pedirle un favor, sino para desplegar –en la medida de lo posible– un amor, un viejo amor, dos meses de amor. Es una película conmovedora. Pedro Pascal se apodera de la pantalla para decir que ese amor entre dos hombres es posible. Quién sabe qué pasará. Pero si se trata de referencias cinematográficas, es ineludible pensar en Secreto en la montaña. En ambas, referidas al western como género pero no, es la posibilidad del amor lo que subsiste. Lo que prima.

Trailer de "Tacones lejanos" (1991)

Si yo tuviera que jugar a “Elige tu propia Almodóvar” probablemente quedaría pasmado, quieto, patitieso y sinónimos por el estilo: paralizado ante la necesidad de elegir sólo un film del gran Pedro. Pero también es cierto que muy pronto se cristalizaría en mí la respuesta a la pregunta y marcaría Mujeres al borde de un ataque de nervios y, si se me permite, me gustaría contar por qué.

Cuando se estrenó en 1988 yo tenía once años, era un niño bastante solitario, no sabía jugar al fútbol pero tenía un cine cerca de casa al que iba varias veces por semana. Mi familia vivía en Núñez y Cabildo y el cine Lido quedaba a tres cuadras de allí. Probablemente no quede registro en estas épocas de aquellas salas barriales a los que no llegaban las películas en forma de estreno, sino que lo hacían en un segundo turno, con algunas semanas e incluso meses de demora. No era ninguna desventaja: la entrada era más barata y, encima, el programa era siempre doble. Dos películas en las que sumergirse durante toda una tarde, o noche, o lo que fuera, al precio de una.

En general, suelo recordar los duetos de films que se proyectaban una vez que la señora de las entradas cortaba el ticket, siempre vestida con un delantal azul, de anteojos y pelo en rodete, y dejaba traspasar la entrada compuesta por unas gruesas cortinas rojas que daban lugar a una amplia sala, por lo general siempre semivacía, salvo los fines de semana, cuando llegaba un público incluso de otros barrios, y se llenaba. En verano, el techo del cine Lido se abría si es que las temperaturas eran altas, entonces se podía ver lo que sucedía en la pantalla grande, pero también el espectador podía distraerse mirando las estrellas nítidas en el cielo.

Decía que suelo recordar los programas dobles. Uno en particular presentaba películas de terror. La primera película era La séptima profecía, que mostraba a una Demi Moore embarazada del hijo del diablo, y las peripecias que esa circunstancia atraía. Había ido con mi hermano Cristian, un año menor, que cuando terminó, al borde del llanto, me pidió que nos fuéramos sin ver la siguiente película. Me negué, claro, y pobre Cristian se fue a casa lleno de miedo y solo. Yo vería The fog (La niebla), de John Carpenter, un verdadero lujo. La película es de 1980 y un día de semana a media tarde me era permitido sumergirme en el terror del gran director estadounidense. Aunque nunca me saqué la culpa de haber abandonado a mi hermano a un posible destino de desventuras apocalípticas tras ver tal film, que a decir verdad era bastante mediocre.

Trailer de "Mujeres al borde de un ataque de nervios" (1988)

Lo raro es que no recuerdo qué película acompañaba a Mujeres al borde de un ataque de nervios (o cuáles, ya que luego los films se repetían por meses y meses; lo que permitía verlos una y otra vez por largas temporadas: la debo haber visto una decena de veces). Y seguramente no recuerdo las otras porque era suficientemente fascinante como para obnubilar en el placer de sus cualidades a cualquier espectador. Desde ese comienzo en la escena de doblaje y aquella Carmen Maura doliendo ese amor que se rompía.

Y luego: todo aquel despliegue camp. El departamento, la amiga seducida por un terrorista, la señora de las noticias que daba cuenta de la persecución a los yihadistas, Chus Lampreave que no podía decir chismes del edificio porque era “testiga” de Jehová (pero los decía). Antonio Banderas tan atolondrado, el gazpacho lleno de pastillas para dormir, el taxista del Mambo Taxi, la escena de la persecución en moto de la exmujer del hombre que abandonaba a Maura con esa música (¡esa música!). Era una comedia como yo jamás había visto (bueno, seguramente no había visto tanto al tener 11 años, pero estoy seguro de haber visto lo suficiente) y fue reveladora del artificio del cine para mí. La sigo viendo de vez en cuando. Es irresistible estar eligiendo entre nuevos lanzamientos y, zas, darle enter a Mujeres al borde de un ataque de nervios. Estoy seguro de que les pasa a mucha gente que ama el cine.

Trailer de "Madres paralelas" (2021)

Las demás películas (las que siguieron y las que vi yendo a videoclubs como el que estaba en la vieja librería Liberarte, que permitían ver todo el cine del mundo y de todas las épocas) acompañaron mi crecimiento, creo que como no me pasó con otro director. Bueno, sí, Steven Spielberg, claro. No sé si sería un éxito, pero qué bueno sería invitar a comer a casa a Spielberg y a Pedro Almodóvar. No. Perdón. Borremos esa idea llena de peligro. Sería una noche desastrosa. Mejor los invito a comer de a uno y así lo pasamos mejor y listo.

Trailer de "La mala educación" (2004)

Y ahora, después de su madura Dolor y gloria, tan hermosa, y Madres paralelas, que a decir verdad no estuvo tan pero tan bien en su intención político programática, aunque sí en su narrativa de la hermandad de las mujeres frente a todo, llega un western. Ya había filmado con Tilda Swinton La voz humana, de Jean Cocteau, en inglés (de paso, en La ley del deseo el director de teatro se alista a estrenar su versión de la obra de Cocteau, porque en Almodóvar todo tiene que ver con todo). Un western de amor entre hombres, también hablado en inglés.

Quién sabe si se prepara para incurrir en Hollywood. No es que lo necesite, pero para Almodóvar sería como darse un gustito. Es que Pedro es al cine lo que Manuel Puig a nuestra literatura nacional. Y esa fascinación de ambos por las historias narradas en fílmico y pantalla grande son las mismas que transmitieron al público y lectores. Qué bien, entonces, tener una opción más para jugar al juego de elegir una película de Almodóvar. Una misión imposible, si se quiere, pero qué mejor que las misiones de ese tipo. Díganselo, si no, a Tom Cruise o a Lalo Schifrin.