Enrique Vila-Matas, medio siglo de literatura nueva

“Montevideo”, el nuevo libro del escritor catalán sobre cuartos de hotel alrededor del mundo, contiene sus infiernos íntimos, una vía de fuga y un giro inesperado vinculado con la amistad y el amor

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“A Paula de Parma, tiembla mi alma enamorada”: la dedicatoria que encontramos en Montevideo, la última novela de Enrique Vila-Matas, entronca con las dedicatorias de todos sus libros anteriores al tiempo que difiere de ellas en un verso que delata un detalle íntimo. Es la primera novela que el autor de Dublinesca escribe en un cuerpo que acoge un riñón trasplantado desde el interior de su compañera de vida. De ese modo, esas ocho palabras se convierten en una contraseña o una llave, la que abre la puerta de un libro consagrado a los umbrales.

Un libro marcado por el bloqueo del escritor, la muerte de su padre, los atentados del Bataclan, los infiernos tan íntimos, que busca y encuentra una vía de fuga tanto en los temas que definen la literatura vilamatiana (la lectura, el viaje, el humor, la tradición de Cervantes, Joyce o Kafka) como, también, en un giro inesperado, feminista, vinculado con la amistad y con el amor.

Montevideo es una versión nómada, expandida y global de Viaje alrededor de mi habitación, de Xavier de Maistre, en la que Vila-Matas cambia su estudio por cuartos de hotel de todo el mundo. No lo hace de un modo secuencial, respetando las unidades de tiempo y espacio, sino a través de un dispositivo cuántico, jugando con la simultaneidad y las paradojas, porque “desde joven había tratado de seguir el recorrido fulminante de los circuitos mentales que capturan y vinculan puntos alejados en el espacio”, al modo de “el radar de un barco, encontrando otras realidades y otros puertos, y otras puertas”.

Las experiencias extrañas en hoteles de París, Cascais, Montevideo o Bogotá, entrelazadas con paseos por Nueva York o St. Gallen, orbitan alrededor de una habitación propia pero radicalmente ajena, el cuarto secreto que le dedicó en su retrospectiva del Pompidou la artista francesa Dominique Gonzalez-Foerster. Sólo el escritor tenía la llave. Ese no-lugar, esa obra se convierte en el corazón panóptico de la topografía europea e iberoamericana que ha mapeado durante sus cincuenta años de trayectoria, pues en 1973 publicó su primera obra, que se titulaba precisamente Mujer en el espejo contemplando el paisaje. Medio siglo de exploración de viajes y paradojas, de bromas y abismos.

Montevideo se articula, como es habitual en el autor, a partir de insistencias microscópicas (las arañas, Julio Cortázar, las puertas secretas). Ritmos temáticos que cambian en cada novela, y que se inscriben en insistencias estructurales, macroscópicas, como la escritura autoconsciente, la teoría ficción, el archivo literario del siglo XX o el monólogo de un narrador cercano, irónico y reconocible, que se aleja y se acerca continuamente de la figura del autor (en este caso, reescribiendo las memorias de París no se acaba nunca en clave de experiencia de traficante de mariguana y cocaína).

"Montevideo" de Enrique Vila-Matas
"Montevideo" de Enrique Vila-Matas

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Aunque el lector admire los juegos de espejos y simetrías e intertextos y fakes, o sonría al reconocer esa literatura que no se toma “demasiado en serio la literatura, lo que, a mi modo de ver, siempre ha sido la mejor forma precisamente de tomármela en serio de verdad”, también busca siempre algo nuevo. Y lo que ofrece de nuevo la última ficción de Vila-Matas es una lección de vida. La que le da Gonzalez-Foerster en el interior del libro, a partir del eco de la habitación propia de Virginia Woolf. Y que se superpone a la masterclass que vuelve a dar Vila-Matas con su compacta fidelidad a un proyecto absolutamente coherente desde sus inicios en los años 70.

Una poética que se gestó en el mundo del cine barcelonés experimental, que maduró en París a través tanto de la lectura de creación como de teoría y que se ha nutrido desde entonces de la entera historia de la literatura para desarticularla, resemantizarla: apropiársela. “Apoderémonos –hagamos nuestras, hagamos que nos pertenezcan– algunas viejas teorías que pueden resultarnos todavía hoy útiles, no renunciemos a ellas”, escribió en Perder teorías. Lo mismo se podría decir de todo lo demás que ha pasado por su biblioteca.

Si en esas dos obras maestras de la antinovela del último cuarto del siglo XX que son Historia abreviada de la literatura portátil y Bartleby y compañía (en la frecuencia de Dama de Porto Pim, de Antonio Tabucchi, que es una de las fuentes creativas de Montevideo, y el posible modelo de algunos de sus mejores momentos, como el salto entre Uruguay y Reikiavik a través de una cita de Eduardo Cirlot), aunque de espíritu duchampiano, se construyen a partir de archivos textuales, los libros que Vila-Matas ha publicado durante el siglo XXI están atravesados también por otro mundo, el del arte contemporáneo.

En “Montevideo”, Vila-Matas propone un
En “Montevideo”, Vila-Matas propone un giro inesperado, feminista, vinculado con la amistad y con el amor

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Sus colaboraciones con Sophie Calle y Gonzalez-Foerster, que ha contado en libros como Porque ella no lo pidió, Kassel no invita a la lógica o Marienbad eléctrico, no sólo le han permitido acceder a una conversación y unas ideas que no circulan con fluidez por los circuitos literarios y que han enriquecido su narrativa ensayística (o viceversa), también lo han acompañado hacia un giro de género que no encontramos en la mayoría de los autores de su generación.

Si en los libros de Nuccio Ordine y otros escritores de prestigio europeo es abrumadora la ausencia de escritoras, en sus artículos y libros de los últimos años Vila-Matas lee y cita generosamente a decenas de ellas. Si en la gran mayoría de la novelística española no hay rastro del arte de nuestra época, en la del autor de Aire de Dylan, son frecuentes las bienales, las instalaciones, el conceptualismo, los museos, las artistas. A sus 75 años, el autor barcelonés sigue encontrando nuevas perspectivas y estímulos para actualizar su poética sin dejar de insistir en sus obsesiones de siempre.

Montevideo es, entre otras muchas cosas, un descenso a los infiernos del bloqueo, que probablemente sea el correlato metafórico de la enfermedad y el trasplante de riñón y el postoperatorio: la reactualización de la vida. “Tiembla mi alma enamorada”, ha dicho Vila-Matas, adapta un verso de La vida nueva de Dante dedicado a Beatriz, su amada y su guía por el más allá poético (“e cui saluta fa tremar lo core…”). No es la única vez que ha cambiado la dedicatoria que casi siempre inaugura sus libros, “A Paula de Parma”, a secas. En la de Historia abreviada de la literatura portátil, de 1985, leemos: “A Paula de Parma, «… au fond de l’Inconnu pour trouver le nouveau». Al fondo de lo desconocido para seguir encontrando lo nuevo.

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