
Brasil acoge desde este sábado la muestra Vuelta al revés del revés. España en la Bienal de Sao Paulo, un viaje desde el franquismo hasta la democracia que reflexiona sobre la dialéctica entre el arte y el poder. El Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Sao Paulo (MAC USP) acoge esta exposición que reúne una treintena de obras de artistas españoles que dejaron su huella en la Bienal de Sao Paulo, la segunda más importante del mundo después de la de Venecia.
Organizada por el Centro Niemeyer de Avilés (Asturias), la única construcción en España del fallecido arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, donde se exhibió desde julio hasta febrero pasado, la muestra vuelve ahora a sus orígenes, a Sao Paulo. No en vano el título de la misma está tomado de la canción “Sampa” que el cantautor brasileño Caetano Veloso dedicó a esta metrópoli brasileña en la que todo confluye, se mezcla, viene, vuelve y regresa.
Con esa idea nació este recorrido por el arte contemporáneo español de la segunda mitad del siglo XX, que ha reunido representaciones de Rafael Canogar, Antoni Tàpies, Jorge Oteiza, Isabel Pons, Modest Cuixart, José Luis Verdes y Fernando Odriozola, entre otros. También se ha incluido una litografía de Pablo Picasso para recordar el paso del Guernica en la II Bienal de Sao Paulo (1953).
Una lectura artística, pero también política
España ha participado en todas las Bienales de Sao Paulo, a excepción de la primera (1951), y el régimen del dictador Francisco Franco (1939-1975) convirtió el pabellón español en un instrumento de propaganda, en un intento por romper su aislamiento internacional tras la Guerra Civil (1936-1939).
“Y el lugar donde España podía ejercer una mayor influencia era Latinoamérica. Este tipo de certámenes internacionales donde podía presentarse el arte español era un momento importante para hacer relaciones culturales y ejercer influencia”, afirma la comisaria de la exposición, Genoveva Tusell.
Profesora de Historia del Arte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Tusell explica que la dictadura franquista quiso transmitir la falsa idea de que España “era un país moderno”, “abierto”, a través del arte de vanguardia. “Lo importante era tener éxito”, apunta.
Por aquel entonces, la Bienal también acogió a artistas nacidos en España que, exiliados o expatriados por la dictadura, desarrollaron su carrera profesional fuera y participaron en ella representando a otros países.
“Tal fue el caso de Isabel Pons y Fernando Odriozola, que estuvieron en ediciones de los 60 y 70, pero representado a Brasil y ganando premios como brasileños” y siendo casi desconocidos en España, relata el director general del Centro Niemeyer de Avilés, Carlos Cuadros.

Denuncias contra la represión
Pero llega un momento en que la progresiva apertura del régimen franquista hace que se deslicen temas políticos y hasta denuncias contra la represión y la tortura. En este marco, el momento álgido de la presencia española llega en 1971, con el inquietante óleo sobre madera, poliéster y fibra de vidrio de Rafael Canogar Los revolucionarios.
Esta obra, a medio camino entre una pintura y una fotografía y que se alzó con el Gran Premio Itamaraty de la XI edición, muestra una especie de militares que parece que están acudiendo a sofocar una manifestación.
“Es algo que tiene que ver mucho con lo que estaba sucediendo con la dictadura en España, pero también con lo que estaba sucediendo en Brasil, donde también había una dictadura militar” que imperó desde 1964 hasta 1985, indica Tusell.
A ese óleo le acompaña Libertad encarcelada, una sobrecogedora construcción en poliéster y fibra de vidrio, también de Canogar, en la que cuatro rostros, aparentemente encarcelados, sacan sus manos de los barrotes como pidiendo ayuda.

A partir de 1975, con la caída de la dictadura, la España que se presenta en la Bienal cambia radicalmente. Ha vuelto la democracia. La exhibición explora toda esa evolución a partir de este compendio de obras procedentes del acervo del MAC USP, del Museo Reina Sofía de España y de algunos prestadores públicos y privados.
Estará abierta al público de Sao Paulo hasta el próximo 4 de junio, fecha en la que cada creación emprenderá el camino de vuelta a casa o, como cantaba Veloso, el camino de vuelta “al revés del revés”.
Fuente: EFE
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