
La obra del artista Johannes Vermeer no es tan protestante como se pensaba: el pintor del barroco neerlandés, que se casó con una católica, también se habría dejado inspirar por la orden jesuita, quien le introdujo a la “cámara oscura”, un dispositivo óptico que dio forma a su especial estilo fotorrealista. Una investigación publicada por el Rijksmuseum, en vísperas de la inauguración de una exposición “histórica” sobre Vermeer el 10 de febrero, plantea la teoría sobre la posible “influencia total” que los jesuitas ejercieron sobre el artista, cuya obra se creía que había sido esencialmente protestante.
Gregor Weber, jefe del departamento de Bellas Artes del Rijksmuseum y autor de esta conclusión, subraya que se trata de “una teoría” porque no hay evidencia escrita por el propio Vermeer en el siglo XVII sobre su posible inspiración católica, pero el museo presenta hoy esta conclusión con una probabilidad cercana a la certeza. El elemento central del estudio es “la luz (divina), que tiene un significado fundamental en la literatura devocional jesuita”, señaló el director del museo, Taco Dibbits. La orden jesuita consideraba la cámara oscura como una herramienta para la observación de la luz divina, e incluso existe un sermón que explora en detalle los aspectos artísticos y morales de la cámara oscura, y que Weber analiza.

El pintor (1669-1670), nacido en la pequeña ciudad de Delft en una confesión calvinista, se casó con Catharina Bolnes, una joven católica con la que tuvo 11 hijos a los que bautizó en la fe de su esposa, y otros cuatro que fallecieron antes de ser bautizados. El edificio contiguo a la casa de la familia Vermeer era una misión jesuita con una iglesia escondida lo suficientemente grande para 700 fieles, y una escuela de niñas donde las hijas de Vermeer fueron bautizadas y educadas. “Podemos suponer con seguridad que Vermeer y su familia visitaron la misión con frecuencia”, señala el museo.
El debate sigue abierto sobre si el propio Vermeer se convirtió realmente al catolicismo para complacer a la familia de su pareja, pero el inventario de propiedades elaborado después de su muerte revela que aspiraba a llevar un estilo de vida doméstico católico. ”En la pared de una habitación de su casa, que compartía con su esposa católica, su suegra y una gran cantidad de niños, colgaba una gran pintura que representaba la crucifixión de Cristo, junto con otra de Santa Verónica con la tela que ella usó para limpiar el sudor y la sangre del rostro de Jesús (…) típico de una sala de oración católica”, explica el museo. En su cuadro La Alegoría de la fe católica (1670) muestra un cuarto con una gran pintura de la crucifixión en la pared, y del techo cuelga una esfera de vidrio reflectante, un símbolo jesuita de la fe, por lo que Vermeer estaba claramente familiarizado con la literatura jesuita.

La conclusión de Weber es que Vermeer “muy posiblemente entró en contacto por primera vez con los jesuitas en relación con la cámara oscura” y basa esta teoría en un dibujo que ha descubierto que muestra al sacerdote de la iglesia de al lado, Isaac van der Mye (también artista de formación), que refleja claramente las características de una cámara oscura. ”Los efectos de iluminación que son particulares de la cámara también se pueden ver en las pinturas de Vermeer, lo que deja pocas dudas de que se inspiró en el dispositivo. Nuestro ojo humano enfoca automáticamente lo que sea que estemos mirando, pero la imagen producida por una cámara tiene un solo foco, dejando otras áreas borrosas”, explica. Un ejemplo de esto es La encajera (1669-70), un óleo sobre lienzo en el que todos los objetos del primer plano aparecen borrosos, y es una de las pinturas más famosas de Vermeer. Se encuentra ahora en el Museo del Louvre de París.

El artista, cuya esposa pertenecía a una familia de católicos adinerados, había dado un gran paso en la escala social de Delft gracias a su matrimonio, pero finalmente murió pobre y dejando endeudada a toda su familia, que se vio obligada a deshacerse de su obra para afrontar esas deudas. Un equipo de expertos y científicos del Rijksmuseum, junto al Mauritshuis de La Haya y la Universidad de Amberes, están usando la última tecnología para estudiar las pinturas de Vermeer, un artista del que se sabe lo poco que da a conocer su obra de solo 37 pinturas. El próximo mes, la pinacoteca de Ámsterdam mostrará 28 de estos cuadros, en el contexto de los nuevos conocimientos obtenidos sobre su obra y su vida.
Fuente: EFE
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