
Es de noche y Pablo J. Boczkowski camina por Avenida Corrientes sin barbijo. Aún no existe la pandemia: es otra era, muy lejana, aunque muy parecida, a la que se vive hoy. Camina sobre la vereda gris, recién repuesta, y ve una familia en situación de calle. Son sólo números en las estadísticas de un mundo cada vez más desigual. En plena intemperie, la familia se amontona en torno a un celular, a una pantalla. “Me llamó mucho la atención. Era una escena de escasez material y abundancia informativa”, cuenta el investigador argentino. Tomó unas fotos con su teléfono y siguió caminando, pero esa imagen perduró años en su cabeza.
Así, con esa escena callejera y paradojal, nace Abundancia: la experiencia de vivir en un mundo pleno de información, libro que acaba de publicar Unsam Edita, el sello de la Universidad Nacional de San Martín, el segundo de la colección Futuro Anfibio. Ahora también es de noche, pero estamos en Dain Usina Cultural, una librería en la esquina de Thames y Nicaragua, Palermo profundo. Hay barbijos, muchos. Es la presentación del libro y unas cuarenta personas escuchan a Boczkowski. “Desde esa noche me sentí tomado por el libro, por la idea de ese libro. En realidad uno no toma a los libros, los libros lo toman a uno”, confiesa.
A partir de entonces, empezó a investigar el consumo de información en la Argentina. Habló con mucha gente, la escuchó. Fue entrevistador, cronista, incluso escritor, luego ensayista y académico: invirtió el orden. “Es un libro tanguero y calamaresco. Mi intención fue que el libro vaya contra la corriente; no sé si lo logré. En un mundo donde la academia prioriza la racionalidad, lo que intenté fue hacer sentir y hacer pensar, no dividir la emoción del pensamiento. Me lancé contra la burocratización de la academia y de la investigación”, cuenta el autor en esta tarde de lunes rodeado de colegas, familiares, amigos, periodistas.

En el panel lo acompañan tres personas. Una es la investigadora Leila Mesyngier, directora de la colección, la primera en hablar, la que presentó a todos, quien destaca que Boczkowski “es un autor anfibio” debido a su capacidad de amalgamar periodismo y academia. La segunda es Silvina Heguy, directora de estrategia del DiarioAR y autora de Viaje al fin del Amazonas. Ella sostiene que el libro “aborda la abundancia desde la imperfección”, adhiriendo al planteo de que “la información, las plataformas, la tecnología no son buenas ni malas; son las audiencias la que les dan sentido, audiencias que son sujetos políticos y activos”.
El tercero y último, antes de que le toque al autor de Abudancia, es Iván Schuliaquer, docente y Doctor en Ciencias de la Información y la Comunicación, quien coloca este libro dentro de una trilogía marcando cómo el interés de Boczkowski como investigador empezó en los medios, continuó con el periodismo y decantó en la información. “Pablo es un provocador, también un perturbador, algo poco habitual, porque además te dan ganas de discutirle”, y agrega que “lo que él hace es una crítica al determinismo. Y si un libro se puede leer en relación a con quién se pelea, acá discute con los catastrofistas”.

“En un mundo donde todo parece saberse con un click”, dice Schuliaquer —la era del algoritmo, de la segmentación, de los prototipos de consumidor, donde somos números justificando tendencias de consumo—, “lo que hace Pablo es volver a preguntarle a la gente”. Buscar una palabra pensada y sentida que no tenga que ver con el frío mecanismo de completar una encuesta y descubrir que “mientras que una computadora de escritorio conectada a internet puede funcionar de un modo casi idéntico al de un televisor, pocas veces es vivenciada como una compañía cálida y reconfortante como el televisor”. Los usos muchas veces se oponen al marketing.
Escribe en las conclusiones de Abundancia: “La amplia diversidad de modos y propósitos de uso, vinculados en parte a una serie todavía mayor de circunstancias en las que los entrevistados usaban sus pantallas personales, rechaza cualquier posibilidad de establecer un nivel óptimo general de cantidad y calidad de información más allá del cual tendría efectos perjudiciales. ¿Es óptimo interactuar con y a través de un teléfono móvil durante la totalidad de un viaje en transporte público —como hace Mariela— o es mejor dormir una siesta?” A veces la tecnología ofrece una posibilidad de “lidiar de otros modos con los problemas del silencio y la soledad”.

Ahora, en esta tarde anochecida en la librería Dain, Boczkowski sostiene que si bien “es difícil solo estar con uno mismo sin ser bombardeado con información”, “sin la abundancia de información la crisis sanitaria hubiera sido mucho más difícil de lo que fue”. ¿Qué es la tecnología sino una herramienta fría y extraña que se humaniza al calor del uso que le damos nosotros mismos? En ese péndulo se mantiene este investigador, profesor universitario en diferentes facultades del mundo, director de centros de estudios y pensador influyente mundialmente en torno a estos temas: “La materialidad en la que vivimos no está hecha de silicios, sino de arena”.
A esa imposibilidad manifiesta y consciente de saberlo todo, Boczkowski le agrega el extrañamiento, algo propio del periodismo, más aún de la literatura. Ese extrañamiento, dice, fue un elemento fundamental en la escritura de este libro: “Quise mantener la mirada del niño que vive sorprendiéndose”. “El mundo en el que vivimos es de ciencia ficción”, dice después y señala la pequeña cámara sobre un trípode que transmite en vivo la presentación. Ya nadie le posa la vista más de un segundo; es un objeto más del paisaje actual. “Eso, cuando yo empecé a estudiar, pertenecía a la ciencia ficción”, dice.

“Este libro es una despedida a los medios informativos... bueno, a los medios informativos como los conocimos”. El que habla es Iván Schuliaquer. “Pablo es muy contraintuitivo. Lo es cuando dice, por ejemplo, que estamos menos solos, que la tecnología no te aleja de los demás, como suelen repetir muchos”. También retoma una línea fundamental del libro cuando dice: “¿Por qué las tecnologías serían perfectas si las sociedades no lo son? ¿Por qué las tecnologías nos harían perfectos a nosotros?” Boczkowski sonríe y agradece. La presentación concluye con aplausos. La cámara, ahora sí, deja de transmitir.
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