La belleza del día: “Tonos del anochecer”, de Oscar Florianus Bluemner

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

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"Tonos del anochecer" (1911-1917), de
"Tonos del anochecer" (1911-1917), de Oscar Florianus Bluemner, pertenece a la colección del Smithsonian American Art Museum

Su arte pasó desapercibido durante mucho tiempo, pero en las últimas décadas Oscar Bluemner (1867-1938) obtuvo su merecido reconocimiento como una pieza clave en la creación del modernismo artístico estadounidense, a la par de otros colegas como Georgia O’Keeffe. Mucho antes de que llegara a los Estados Unidos una corriente de artistas e intelectuales alemanes forzados a emigrar durante el nazismo, incluso antes de las primeras manifestaciones de las vanguardias artísticas del siglo XX, Bluemner abandonó el clima conservador de su Prusia natal, renunció al servicio militar y escapó a esa tierra proclamada land of the free, atraído por las oportunidades que ofrecía. Llegó demasiado temprano, aunque recién décadas más tarde se volcaría de lleno a la pintura, cuando ya había alcanzado los 40 años.

Durante los primeros años en América alternó entre Nueva York y Chicago en busca de un empleo estable, y sin encontrar la suerte que anhelaba como arquitecto, terminaría abrazando su vocación de pintor luego de una larga disputa judicial por los créditos que le correspondían por haber diseñado el plan que ganó el concurso para el proyecto del Palacio de Justicia del Condado del Bronx. Con el dinero obtenido en la demanda, viajó por unos meses a Europa, donde estudió el arte de los viejos maestros y de artistas contemporáneos.

De todos modos, el momento decisivo para su desarrollo como artista probablemente haya sido su encuentro con el fotógrafo y marchand Alfred Stieglitz, quien tiempo antes lo había introducido en las innovaciones artísticas de la vanguardia europea y estadounidense. En una visita a su galería, donde exponía unas acuarelas de Cézanne, Bluemner vio en los experimentos formales del pintor francés un camino para unir el uso expresionista del color de Van Gogh con un lenguaje formal basado en la realidad pero no objetivo.

Durante las dos primeras décadas del siglo XX, Bluemner creó su propio estilo, que puso de relieve la influencia del cubismo, el futurismo, el fauvismo, el expresionismo, el sincronismo y su propia experiencia como arquitecto. Más que la creación de una pura abstracción, el artista trabajó en sus cuadros con una simplificación de la realidad. Bluemner consideraba que un cierto grado de representación era esencial para que las ideas abstractas se expongan con total éxito, pero concebía sus propias piezas como “composiciones para temas de color”.

"Fábricas de seda de Nueva
"Fábricas de seda de Nueva Jersey" (1911)

Estudioso de la teoría del color, y en particular de las formulaciones de Goethe, para este pintor cada uno de los colores comunica un sentido y una emoción específica. A través de Van Gogh y de Cézanne, pero también de Gauguin, los nabis o los simbolistas, así como de sus contemporáneos alemanes de Der Blaue Reiter, Bluemner utilizó colores brillantes de un modo no naturalista. Especialmente el rojo, que con pasión y fuego predomina en muchos de sus cuadros.

El artista germano-estadounidense estaba acostumbrado a trabajar con el nivel absoluto de precisión exigido al dibujante de arquitectura, que ajusta un diseño muchas veces hasta que su realidad incorpora tanto los imperativos prácticos como las intenciones estéticas. La inspiración para sus pinturas la encontró en paisajes, puertos y fábricas de los alrededores de Nueva York y Nueva Jersey, su entorno local. Esto mismo observamos en Tonos del anochecer (38,7 x 50,8 cm, óleo sobre tela, parte de la colección del Smithsonian American Art Museum), en el que abstrae un paisaje a lo largo del río Hudson en una vibrante gama de colores. Como en otros de sus cuadros, asoman algunos edificios y fábricas situadas en las afueras de la ciudad, donde la industria se cruza con la naturaleza.

Las fábricas de Bluemner, sin embargo, no son las estructuras monótonas y cubiertas de hollín características de otros modernistas, sino monumentos rojos y vibrantes de la vitalidad de la clase trabajadora. A diferencia del urbanismo de otros colegas como Charles Sheeler, el dramatismo de sus composiciones se puede relacionar con una especie de animismo. En los años siguientes, Bluemner se apegó tanto a la asociación de su nombre con la floración que se puso un pretencioso segundo nombre en latín, Florianus, con el que empezó a firmar sus cuadros.

A pesar de haber participado con sus cuadros en varias exposiciones, como la emblemática The Armory Show –una muestra que marcaría el inicio del movimiento modernista estadounidense, en la que presentaron las obras de Marcel Duchamp, Constantin Brancusi y Henri Matisse al público neoyorquino– Bluemner no consiguió vender mucha obra y vivió con su familia casi en la pobreza. Su origen alemán también era problemático, no solo por sus desventajas políticas, sino porque, en un mundo en el que el arte se entiende en términos de estilos nacionales, Bluemner era sui generis, a tal punto que al día de hoy es difícil ubicar su obra en un contexto específico.

"Sueño" (1936), una de las
"Sueño" (1936), una de las últimas obras de Oscar Bluemner

Luego de la muerte de su esposa en 1926, se trasladó con su hija a las afueras de Boston, para vivir cerca de su hijo. Intentó apaciguar su ánimo explorando las asociaciones entre las emociones y el color en una serie de acuarelas sobre tabla que representaban soles y lunas. En la década de 1930, Bluemner vuelve a los edificios, los ríos y los árboles, pero estos se vuelven más brillantes, más dominantes, menos verticales y más fantasmales. Sus escenas se instalan definitivamente en la noche y el invierno. El 12 de enero de 1938, tras enfermar cada vez más y perder la vista, el artista se quitó la vida.

En 2006, el Whitney Museum of American Art organizó la exposición Oscar Bluemner: Una pasión por el color, una gran retrospectiva de su obra que sirvió como una reevaluación del lugar de Bluemner como figura clave en el panteón de inicio modernismo norteamericano del siglo XX. En 2011, la pintura Ilusión de una pradera en Nueva Jersey (granja roja en Pochuck) fue vendido por la casa de subastas Christie’s de Nueva York por la suma de 5.346.500 dólares.

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