
En el siglo XXI, la figura de una primera dama podría considerarse anacrónico, sin embargo, ellas son susceptibles de influir en las decisiones de gobierno, generar fuertes apoyos y también, provocar crisis políticas. El poder potencial de estas mujeres no puede ser ignorado.
El abanico de posibilidades que les abre un rol sin pautas ni normas queda librado a las características personales y los intereses de cada una de ellas. Como también, a las posibilidades de acción dentro del gobierno de sus maridos. Ellas no son electas pero pueden ejercer grandes cuotas de poder e influencia en las políticas públicas, no necesariamente en relación con su idoneidad.
Pueden reunirse con miembros del gabinete que le informan sobre las políticas implementadas en sus carteras; plantear una agenda común pero también contraponerse a acciones de gobierno obligando al mandatario a tomar partida e incluso a desautorizar a un ministro. Sus intereses pueden desviar la atención de miembros del Poder Ejecutivo e influenciar sobre sus decisiones. Los ejemplos en el mundo son numerosos y obligan a prestar atención al alcance de una figura que por ser la pareja de un mandatario tiene a su alcance cuotas de poder e influencia.

Las primeras damas forman parte de lo que algunos autores llaman el núcleo estratégico del mandatario. Aun a las que poco les interesa su posición podrían desempeñarse, cumpliendo un clásico rol de pareja, como consejeras de sus maridos, como sucede en cualquier matrimonio, mientras que las que sí estén interesadas, ya sea por el manejo del poder o para gestionar sus propias carreras políticas, cuentan con muy amplias posibilidades de acción. Al mismo tiempo, su poder es informal, pues no está reglado ni deben rendir cuentas a nadie ante la ausencia de un marco legal que regularice sus funciones. No revisten presupuestariamente, pero cuentan con asistentes, secretarias y gastos varios de representación, es decir, se valen de recursos públicos tanto humanos como económicos. Sin embargo, no perciben un salario u otro tipo de compensación para la agenda que se les arma cuando asumen sus maridos. No tienen autoridad legal sobre otras personas o miembros del gobierno o del Estado, aunque algunas buscan influenciarlos. La primera dama se ha transformado en una potencial figura política tomada en cuenta por los partidos políticos, algunas de ellas son medidas en encuestas para las elecciones. Eva Perón se ha transformado en el modelo clásico que muchas primeras damas han deseado imitar no sólo en Argentina. De ellas se dice: “Se hace la Evita”.

Se hace la Evita (Omnivora Editora) es un estudio de historia política que ofrece un conjunto de miradas sobre primeras damas provinciales y municipales que a la par de Eva Perón redefinieron el papel tradicional asignado a esa función, al tiempo que rescata memorias, pinceladas sobre la política, las relaciones de género, la cultura, el poder y la sociedad en provincias y ciudades argentinas a mediados de siglo XX. Luego de estas experiencias primeras, sus prácticas permanecieron como un sello del peronismo y se han visto replicadas en distintos períodos y con características propias. Incluso como matrimonios gobernantes. Tal los casos de Carlos Juárez y Nina Aragonés o Eduardo y Chiche Duhalde. Una instancia novedosa aconteció con el único caso en el mundo, hasta ese momento, de un matrimonio en la misma fórmula de gobierno: Perón en su tercera presidencia compartió la fórmula con su esposa, María Estela Martínez, quien lo sucedió después de su muerte. También podría considerarse el caso del matrimonio de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, donde se produce un traspaso del poder y de los atributos del mando, y el del gobernador Gerardo Zamora de Santiago del Estero y su esposa Claudia Ledesma Abdala, quienes se han sucedido en el poder desde el 2005 en adelante, sumando una tendencia en América Latina hacia el reeleccionismo conyugal.

Se hace la Evita es una investigación conjunta que analiza el inicio de la era de las primeras damas peronistas que marcó la cultura política argentina como un sello propio a lo largo de las décadas.
Carolina Barry es Doctora en Ciencia Política, investigadora Conicet, profesora en Untref e integrante de la Red de Politólogas.
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