
I
Hay personas que viven para el arte y es ahí, en esa pasión, donde encuentran el sentido social del mundo. Augustus Leopold Egg era, en palabras del escritor Charles Dickens, un “querido y gentil muchacho” que estaba “siempre de carácter dulce, gracioso, concienzudo, completamente bueno y amado”.
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Eran amigos, compartían su interés por los libros y ese peculiar activismo cultural. Dickens le llevaba apenas cuatro años. Juntos crearon el Gremio de Literatura y Arte, una organización destinada a generar ayudas sociales a artistas y escritores en dificultades financieras.
También actuaba. Tuvo, por ejemplo, el papel protagónico en No es tan malo como parece, la obra de Edward Bulwer-Lytton, que se hizo para recaudar fondos para la organización. Además, solía encargarse del vestuario de algunas producciones teatrales. Todos decían lo mismo: era un entusiasta.
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II
Pese a todo ese combo de habilidades, Egg era pintor. Esa era su pasión. Nacido en 1816 en Londres, provenía de una distinguida familia fabricante de armas que emigró a la capital inglesa desde Huningue, Francia. Estudió en la Real Academia y, al ser un gran lector, comenzó haciendo ilustraciones de temas literarios.
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Luego llegó La Pandilla, un destacado grupo de pintores —Richard Dadd, Alfred Elmore, William Powell Frith, Henry Nelson O’Neil, John Phillip y Edward Matthew Ward— que se oponían al academicismo y confrontaban con la Hermandad Prerrafaelista.
Sin embargo, Egg tenía amigos en el “bando enemigo”. Le interesaba crear y trabajar de forma colectiva, ayudar. Fue su sensibilidad artística pero también su activismo cultural lo que lo llevó a transitar diferentes lugares y disciplinas donde conoció a muchas personas. Todos decían los mismo: era un entusiasta.
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III
Pintó muchas obras pero hay una que sobresale: Compañeras de viaje, un óleo sobre lienzo de 1862 que se encuentra colgado en una de las paredes principales del Museo y Galería de Arte de Birmingham, Inglaterra. Mide 65,3 centímetros de alto por 78,7 de ancho y es una suerte de “espejismo”.
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Lo que representa la obra es un viaje en tren: dos mujeres sentadas frente a frente en un vagón de primera clase. Muchos interpretaron que son dos hermanas. Sin embargo, la lectura de los críticos e historiadores del arte dice que ambas mujeres son en realidad la misma persona.
Son dos figuras idénticas: tienen un vestido voluminoso de seda gris y el sombrero en el regazo. Se dejan llevar por el movimiento del tren —lo atestigua la borla que se balancea en la persiana de la ventana—: la mujer de la izquierda duerme, la de la derecha lee.
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IV
Aquella escena en el tren era una imagen rutinaria para Egg. Viajaba mucho hacia al sur de Inglaterra y al sur de Francia buscando alivio para su asma crónico. Era un problema que sufría de chico y la única solución que le daban los médicos era encontrar lugares rurales donde el aire circulara mejor y sin contaminación.
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Y allí iba este pintor, sentado, en silencio, durante el largo viaje en tren. Por momentos dormitaba, por momentos leía alguna novela de la época, pero la mayor parte del tiempo se la pasaba haciendo bocetos en su libreta. Luego, al llegar, pasaba todo eso al lienzo llenándolo de color.
La escena del tren en Compañeras de viaje es onírica por el “espejismo”, también acogedora por los colores y la tranquilidad del ambiente. Pero el paisaje exterior que se observa en la ventana sugiere algo más: tal vez la redención de Egg, que murió al año siguiente de pintarla, en 1863.
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