
El venezolano Armando Reverón (1889-1954) fue un genio del arte, fuera de discusión. Un pionero del happening, del ensamblaje, de la instalación y de la escultura textil, entre otras categorías, que tuvo una vida excéntrica, fuera de los moldes.
Padeció enfermedades que le afectaron a lo largo de su vida, como la fiebre tifoidea que sufrió a los 12 años y que le produjeron en el tiempo ataques de ansiedad, períodos de depresión y crisis de psicosis, como también padeció esquizofrenia, que se le diagnosticó en los últimos años de su vida.
Entre 1911 y 1915, viajó a Europa y estudia en Barcelona y Madrid, luego a París, donde queda conmivido por el impresionismo. Con el comienzo de la Gran Guerra regresa a su país, pasa por Caracas, pero se instala en La Guaira, donde conocerá a Juanita Mota, su esposa y única compañera hasta su muerte, musa de esta obra y de otras tantas.
Reverón fue un incomprendido de su tiempo, en La Guaira se alejó de la civilización y construyó su famaso Castillete cerca de la playa, por lo que se lo llamó “El Loco de Macuto”. Como pintor tuvo cuatro periodos: el azul, el blanco, el sepia y el expresionista, siendo el segundo, al que pertenece Retrato de Juanita con ramo de flores, de 1933, y que se encuentra en la Galería de Arte Nacional de Venezuela.
En esta obra, Reverón opta por un trazo grueso y abierto que no permite la finitud de la figura. Esta se integra en un solo plano con el ambiente y las flores, apenas sugeridas por grandes manchones casi expresionistas. Durante este periodo, propone una teoría de la luz tropical, con la acción aleradora que ejerce en los colores la intensidad luminosa.
Por los granes dolores que sufría, Reverón pintaba sometido a técnicas que le permitían aislarse del ruido exterior, como oprimirse fuertemente la cintura o utilizar vendajes apretados. Aseguraba que de esa manra podía lograr inspirarse para penetrar en la naturaleza y la luz.
Admirado por Pablo Picasso, Carlos Cruz-Diez y Fernando Botero, entre otros, realizó más de 460 pinturas, 150 dibujos y decenas de objetos entre los que se destacan sus famosas muñecas de trapo, que también fuero musas en muchas de sus piezas pictóricas.
En el 2007 el MoMA le organizó una retrospectiva; siendo la primera dedicada a un venezolano y la cuarta a un pintor latinoamericano medio siglo después de Diego Rivera (1931), Cândido Portinari (1940) y Roberto Matta (1957).
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