
“Tomate una dosis de chamamé / una sobredosis de chamamé”, cantaba el grupo correntino de la ciudad de Goya Amboé. Hoy, esa sobredosis es del mundo entero. El género musical del litoral, nacido de la fusión de la cultura guaraní con la jesuíticta, acaba de ser reconocido por la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Se votó en París y las puertas para este género se abren ya que no sólo representa una catapulta en términos de reconocimiento mundial, también está ligado a fondos para la cooperación internacional.
Más que un género, podría decirse que el chamamé es una manifestación cultural que comprende música y baile. Es propio de la provincia de Corrientes y nordeste argentino y ha desempeñado un papel relevante en el desarrollo cultural de la zona calando gran parte de su idiosincrasia. Sus comienzos datan del siglo XVI y su importancia no es sólo argentina: también tiene una fuerte presencia en Paraguay, en Uruguay, en Brasil y en la Patagonia chilena.
“Para todos los que amamos el chamamé, hoy es un día de celebración, un día de júbilo. Nuestras felicitaciones a la Provincia de Corrientes, a todo el litoral... en realidad, a todo el país porque esa música le pertenece a todo el país, de norte a sur y de este a oeste”, dijo Tristán Bauer, ministro de Cultura de la Nación en un video difundido hoy.
Gabriel Romero, presidente del Instituto Provincial de Cultura, dijo: “El chamamé es mucho más que una música alegre que se escuchaba en bailantas y que solo la bailaba la clase trabajadora, como se hacía creer al comienzo. Es una manifestación cultural que no distingue clases sociales y que tiene celebración propia: la Fiesta Nacional del Chamamé y la Fiesta del Mercosur, que se realiza todos los meses de enero en Corrientes y sirve como vidriera mundial para un género que sigue sumando adeptos”.
Según a Unesco, “el patrimonio inmaterial proporciona a las comunidades un sentimiento de identidad y de continuidad: favorece la creatividad y el bienestar social, contribuye a la gestión del entorno natural y social y genera ingresos económicos”. Ahora el chamamé, que “pone en relieve la flora, la fauna, el amor a la tierra”, cobra una dimensión internacional. Entre los próceres del género se destacan Emilio Chamorro, Mauricio Valenzuela, Ernesto Montiel y Tránsito Cocomarola.
Entre los años 1940 y 1960, Antonio Tarragó Ros (padre), Ramón Ayala, Ramona Galarza e Isaco Abitbol le dieron una gran popularidad al chamamé. En la década siguiente se realiza el Festival Nueva Canción Correntina con la presencia de Teresa Parodi, Pocho Roth, Antonio Tarragó Ros (hijo), Mario Bofill y las hermanas Vera y Marilí González Segovia. Luego llegan Chango Spasiuk, y Nini Flores que internacionalizan aún más el género. Y el resto es historia conocida, que continúa hoy, con este gran reconocimiento: Patrimonio de la Humanidad.
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