
“Ella estaba adentro y afuera. Vivió una vida casi futurista. Cuando miras cómo vivía, vivía como una millennial. Viajaba a países diferentes, las fronteras significaban menos para ella que para muchas otras personas. Iba y venía entre Alemania, Sudáfrica, Europa; viajó sola por toda África. Mantuvo correspondencia con mucha gente en todo el mundo, se sentía cómoda intercambiando con diferentes culturas, pero también era una artista que intentaba ganarse la vida en Ciudad del Cabo en la década de 1920, que era un lugar muy conservador. Definitivamente no estaba abierto a que una mujer fuera una artista exitosa”. Así, con estas palabras define Irma Stern (1894-1966) LaNitra Berger, biógrafa de la artista sudafricana que creó una obra diversa y sorprendente para el tiempo que le tocó vivir.
Stern vivió entre Europa y Sudáfrica, su país de origen, y tiene la particularidad de haber sido una de las primeras artistas que representó a hombres y mujeres de color en su país y de haber podido producir obra antes y durante el apartheid, pese a haber sido criticada y cuestionada en un comienzo. Nacida en 1894 en Schweizer-Reneke, la región de Transvaal donde los afrikaners dominaban en ese momento, Irma Stern y sus padres se mudaron a la tierra natal de los mayores, Alemania, al final de la Segunda Guerra de los Bóers (1899-1902) durante la cual el padre fue hecho prisionero brevemente por los británicos.

Stern estudió arte en la Academia de Weimar y en el Levin-Funcke Studio antes de conocer al expresionista alemán Max Pechstein en 1917, cuya influencia tuvo un impacto inmediato en su trabajo. Stern se involucró con los expresionistas y expuso su trabajo por primera vez en Berlín en 1919, antes de que su familia regresara a Ciudad del Cabo al año siguiente.
Su primera exposición en su país de nacimiento no tuvo el éxito que esperaba. Sin embargo persistió, liberándose en todos los ámbitos de su vida. En 1934 se divorció de su esposo, el Dr. Johannes Prinz, quien había sido su tutor antes de casarse con ella en 1926. No tuvo hijos. Su camino de libertad artística y personal se hizo eco de las aspiraciones de libertad política que se respiraban en su entorno. Soñaba con viajar por el mundo, y los retratos y paisajes de Stern se vieron enriquecidos por sus numerosos viajes por África, incluidos Senegal, Zanzíbar, Congo Belga y Swazilandia, así como por sus viajes de regreso a Europa.

Irma Stern rechazó viajar a Alemania durante el periodo 1933 - 1945. En cambio, viajó mucho por Sudáfrica, por ejemplo en 1926 fue a Suazilandia y Pondoland, en 1933 a Namaqualand, en 1936 a varios lugares, y en 1941 al Cabo Oriental. Estas expediciones dieron como resultado una riqueza de creatividad y energía artística. Usó pinceladas fuertes y con colores intensos y vivos para presentar su punto de vista ideológico del África tribal. Encontró consuelo en la idea de que las personas cercanas a la naturaleza eran tan auténticas como la humanidad podía ser y la mayor parte de su carrera se basó en esta filosofía.
“Ella era una persona del interior de la comunidad judía, pero una extranjera en la comunidad de Ciudad del Cabo. No se parecía a la mayoría de los habitantes de su ciudad. Tenía sobrepeso y el cabello encrespado; la comunidad la identificaba como judía y, por lo tanto, diferente, por lo que era una extraña desde esa perspectiva. Pasó sus primeros años en Berlín como una joven artista. Su familia tenía dinero y ella tenía acceso a círculos intelectuales en donde conoció a Max Pechstein, un destacado artista expresionista alemán que inmediatamente vio el valor de su trabajo y la atrajo a su comunidad. Luego, de alguna manera, se cruzó con Alain Locke, el filósofo afroamericano y erudito Rhodes, quien argumentó que el trabajo de Stern debería ser emulado por artistas negros en Estados Unidos. Es por eso que se ve envuelta en la discusión sobre el modernismo en el arte negro en los Estados Unidos. A lo largo de su vida, fue considerada tanto una local y una extranjera en todo”, dijo su biógrafa.

Realizó casi cien exposiciones individuales durante su vida, tanto en Sudáfrica como en Europa: Alemania, Francia, Italia e Inglaterra. A pesar de ser reconocida en Europa, en un principio su trabajo no fue apreciado en Sudáfrica, donde los críticos ridiculizaron sus primeras exposiciones en la década de 1920 con reseñas tituladas “Art of Miss Irma Stern - La fealdad como un culto”.

El Museo Irma Stern de Ciudad del Cabo fue fundado en 1971 en la casa donde había vivido la artista durante casi cuatro décadas. Ella se trasladó a Rondebosch en 1927 y vivió allí hasta su muerte. Varias de las habitaciones están amuebladas como ella las ordenó, mientras en el piso de arriba hay una galería comercial utilizada por artistas contemporáneos de Sudáfrica. Una de las personas que más influyó para darle vida a ese museo fue Freda Feldman, dieciséis años más joven y aún así gran amiga de Stern (algunas biografías sostienen que fueron también amantes), una mujer que fue pintada por Stern en al menos seis oportunidades y compró muchas de sus obras. La correspondencia entre ambas fue reunida en 2003 por Mona Berman, la hija de Feldman, en un libro.
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