
“Louise Glück no sólo está comprometida con los errores y las condiciones cambiantes de la vida, sino que también es una poetisa del cambio radical y el renacimiento, donde el salto hacia adelante se hace desde un profundo sentido de pérdida”. Con esas palabras Anders Olsson, titular del Comité del Nobel, anunció que el máximo galardón de las letras es para la escritora neoyorquina. De esta forma, la poesía como género universal vuelve a ponerse en el centro de la literatura. Pero, ¿cuál es su predominancia en la histórica lista de ganadores?
El primero en obtenerlo, allá por 1901, era poeta. El francés Sully Prudhomme, que por entonces tenía 38 años, había construido una interesante obra en prosa, pero su fuerte era el verso. Lo que destacó entonces la Academia Sueca fue “su composición poética, lo cual da pruebas de un elevado idealismo, una perfección artística y una rara combinación de las cualidades tanto del corazón como del intelecto". Sobre esa combinación, la del corazón y el intelecto, se posa este género, más presente de lo que se cree en el Nobel de Literatura.
En 1906 lo ganó otro poeta: el italiano Giosuè Carduccique buscaba escapar del sentimentalismo de la época impregnando su feroz crítica anticlerical al mundo. Pero quizás el gran batacazo de la poesía es en 1913 cuando lo recibe Rabindranath Tagore, el poeta bengalí, el más importante de toda India y un artista que navegó, además de la poesía, en el ensayo, en la novela, en la pintura y en la música. Fue también un sabio y reformador cultural que penetró Occidente, y dos de sus canciones son ahora los himnos nacionales de Bangladesh y la India.

Poetas que ganaron el Nobel hay muchísimos, pero no todos se destacaron solamente en este género. Los alemanes Paul von Heyse y Gerhart Hauptmann, los suecos Verner von Heidenstam y Nelly Sachs, el británico-estadounidense T. S. Eliot, el finlandés Halldór Laxness, el ruso Borís Pasternak —que lo rechazó—, el italiano Salvatore Quasimodo, el griego Yorgos Seferis, el irlandés Samuel Beckett y la austríaca Elfriede Jelinek, sólo por nombrar algunos, eran novelistas, ensayistas o dramaturgos además de poetas.
El gran poeta de Irlanda, William Butler Yeats, fue reconocido en 1923. Fue dramaturgo —fundó el famoso Abbey Theatre— y senador tras la independencia de su país, pero fue su obra poética la que lo puso en la cima del mundo, no sólo de su época, sino de ese siglo XX que recién comenzaba. Entre la religiosidad de su abuelo y el escepticismo de su padre, Yeats vivió envuelto en un misticismo que determinó su poesía. Anticipó el surrealismo, refundó el simbolismo e innovó la literatura irlandesa rompiendo la tradición victoriana.
En 1931 lo obtuvo el poeta sueco Erik Axel Karlfeldt y en 1945 la chilena Gabriela Mistral, una de las figuras más relevantes de la literatura latinoamericana con obras como Desolación, Tala y Lagar. Otro poeta chileno que ganó el Nobel fue Pablo Neruda (1971), autor de libros como Veinte poemas de amor y una canción desesperada. En palabras de Harold Bloom, “ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él”. Sin dudas la tradición poética que hay en Chile es enorme.

España también tiene grandes poetas. Uno de ellos es Juan Ramón Jiménez —autor muchísimos libros, pero uno que varias generaciones recuerdan: la obra lírica en prosa Platero y yo— que ganó el Nobel en 1956. Otro es Vicente Aleixandre, cuya obra suele dividirse en poesía pura, poesía surrealista, poesía antropocéntrica y poesía de vejez, y es muy estudiada en ámbitos académicos. A Aleixandre le dieron el premio en 1977, a sus 79 años, siete años antes de su muerte.
¿Qué podría decirse de Grecia y su aporte al mundo de las letras? En 1979 lo ganó Odysséas Elýtis, conocido como “el poeta de la luz” y el gran modernizador del género en su país. Al año siguiente fue el polaco Czesław Miłosz, autor de versos como estos: “El fin de la poesía es recordarnos. / Cuán difícil es ser una sola persona, / pues tenemos la casa abierta, no hay llaves en las puertas, / e invisibles huéspedes entran y salen a su gusto”. Antes, en 1960, lo ganó el poeta francés Saint-John Perse.
En 1987 lo obtuvo el poeta ruso de origen judío Joseph Brodsky quien tuvo que exiliarse en Estados Unidos por sufrir persecuciones del estalinismo. Está considerado dentro del podio de los tres poetas rusos más importantes del siglo XX junto al mencionado Pasternak y a Anna Ajmátova. Hay que destacar también al mexicano Octavio Paz, que lo ganó en 1990, nueve años después de obtener el Cervantes, también era un gran poeta y quizás todo lo recuerden por eso, aunque la mitad de su obra haya sido ensayística.

Luego, en 1992, Derek Walcott, poeta nacido en Santa Lucía, un pequeño estado insular ubicado en el Mar Caribe, y dos años más tarde, en 1996, la polaca Wisława Szymborska fue la novena mujer en la historia del premio en obtenerlo. “Yo también empecé con poemas malos”, dijo Szymborska en una entrevista en El Cultural remarcando una de las características esenciales de la poesía: lanzarse de lleno hacia ella. En 1995 le tocó a otro irlandés, Seamus Heaney, que además de escribir poemas era un profesor universitario y un aclamado traductor.
Más tarde, en el nuevo siglo, en el año 2011, nuevamente un sueco. Se llamaba Tomas Tranströmer y murió en 2015 a los 87 en el mismo lugar donde nació: Estocolmo. Según el traductor y autor uruguayo Roberto Mascaró, “su poesía demuestra que las lenguas son barreras superables. (...) Es universal, aporta a la paz y a la comprensión de las etnias, sobre todo en esta etapa de la humanidad donde estos problemas aún no están superados”.
El último poeta en obtener el Nobel fue Bob Dylan. ¿Poeta o músico? ¿Músico poeta o poeta musical? Generó una gran controversia su distinción. Para muchos, se trataba de corrimiento netamente comercial de la literatura, pero otros sostuvieron que fue un gran acierto destacar lo popular de la poesía. En realidad Dylan no es el último poeta laureado, ahora tenemos a Louise Glück, la flamante Nobel 2020. Y de esta forma, la poesía vuelve a estar en el centro de la escena. Quizás nunca se había ido.
SIGA LEYENDO
Últimas Noticias
Takashi Murakami llega a Australia: 150 obras, el legado de Superflat y un depósito convertido en templo del arte
El artista japonés protagoniza la mayor retrospectiva jamás vista en Sídney, abarcando tres décadas de creación. La cita promete un recorrido vibrante por sus piezas icónicas y nuevas producciones

Walter Benjamin, filósofo alemán: “La única forma de conocer a una persona es amarla sin esperanza”
Uno de los intelectuales más singulares del siglo XX, escribió obras de a retazos. El mejor ejemplo es ‘Calle de dirección única’, un exótico libro de aforismos

Tips de ortografía: Camberra, grafía adecuada
Las erratas pueden dar la imagen de ser una persona poco preparada

La exposición de León Ferrari en Rosario: la obra de un artista que tuvo su consagración después de los 80
El artista edificó una obra intercalando precisión, rebeldía y memoria. Su camino rompe con el mito del genio precoz y resignifica el rol del arte maduro

Muestras y actividades que ingresan en la memoria, a 50 años del golpe
Un recorrido por las propuestas artísticas y documentales que hacen eco del último gole de Estado



