
Desde que el Caffè Greco se fundó en 1760 hasta que Renato Guttuso lo inmortalizó en un cuadro pasaron muchos años. Para ser precisos: 216 años, porque la obra titulada Caffè Greco fue realizada en 1976. Es un cartón entelado pintado con acrílico enorme, mide 186 x 243 centímentros y hoy se conserva en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid, España.
En la calle Via Condotti de Roma, se erige un gran pedazo de historia. Es el café más antiguo de la ciudad y el segundo más antiguo de Italia, solo superado por el Caffè Florian de Venecia, que se fundó cuarenta años antes, en 1720. Por el Caffè Greco pasaron personajes intelectuales y artistas como Franz Liszt, Goethe, Schopenhauer, Stendhal, Keats, Charles Baudelaire, Bertel Thorvaldsen, Lord Byron, Henrik Ibsen, Hans Christian Andersen, Gabriele d’Annunzio, Richard Wagner, Felix Mendelssohn y Orson Welles, entre tantos otros.
“Quería dar, aunque sólo fuera mediante una señal, el sentido de la historia por la que ha atravesado el café; y así, mientras los personajes son los de hoy, intelectuales, muchachas suecas, el japonés con la máquina fotográfica, parejas ambiguas de lesbianas, he buscado introducir un solo engarce con la historia, precisamente el coronel William Cody, llamado Buffalo Bill, que frecuentaba el café cuando estaba en Roma con su circo ecuestre”, dijo Renato Gutusso.
Efectivamente, Buffalo Bill, quien murió en 1917 cuando Renato Guttuso tenía cinco años, está en el centro del cuadro con bigotes blancos, sombrero cowboy, campera con flecos y un vaso en la mano. Fue un reconocido personaje estadounidense porque comenzó como soldado en la Guerra de Secesión con el ejército de la Unión, luego fue explorador civil durante las Guerras Indias, y terminó siendo un empresario que montaba espectáculos sobre temas del lejano oeste con los recorrió el mundo.
También, a la izquierda del cuadro, ya mayor, mirando con tranquilidad la escena, está Giorgio de Chirico, un artista italiano y pintor metafísico que, según palabras de Guttuso, fue el último superviviente de los grandes genios del siglo XX. Una presencia que en la obra funciona como “elemento catalizador”, aseguró el propio pintor, que buscó retratar ”la fascinación por el lugar” que “procedía en gran parte de la gente que había pasado por allí”.
Junto a De Chirico, la mujer de gran cabellera oscura es la actriz la romana Anna Magnani, conocida como La Magnani o Nannarella. Protagonizó películas emblemas de Italia como Roma, cittá aperta y Mamma Roma, y ganó varios premios, entre ellos el Oscar de 1955, por La rosa tatuada. “Nunca vi una mujer más hermosa, de ojos tan grandes y piel como el jabón Devonshire”, dijo Tennessee Williams.
En la parte inferior del cuadro, en la mesa donde hay cinco personas, está el escritor francés André Gide, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1947 y que se enfrentó a la Iglesia Católica al defender los derechos de los homosexuales. Tiene un cigarrillo en la mano y mira con cierta atención seductora a la hermosa mujer que está en el extremo izquierdo del cuadro, sola, con una botella de gaseosa.
La escena transcurre en una de las habitaciones del Caffè Greco, la Sala Rossa, que lleva ese nombre por la tela roja que reviste sus paredes decoradas con cuadros, esculturas y espejos. “Esconde una especie de banquete alegórico, de fábula imposible en la que se entremezclan personajes a través del tiempo”, escribe Paloma Alarcó, jefa de conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen-Bornemisza.
Renato Guttuso murió en Roma el 18 de enero de 1987. Es considerado un representante del expresionismo y de la cultura eurocomunista italiana. Sus obras tienen un fuerte contenido social, un interesantísimo juego de tonos y colores y una peculiar figuración a la hora de crear personajes. Es, lo que se dicen, un pintor único.
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