
Al artista estadounidense Mark Ryden le costó bastante tiempo ingresar al sistema de legitimación del arte postmoderno. De hecho, hasta 1998 trabaja en el circuito comercial, lejos del sistema de galerías, pero sus obras comenzaron a llamar la atención hasta que finalmente tuvo en aquel año su primera muestra en California.
Ryden (Oregon, 1963) realizó tapas de álbumes para artistas como Michael Jackson; 4 Non Blondes; Hot Chili Peppers, y Aerosmith, e incluso diseñó tapas para libros de Stephen King antes de se debut en una exhibición. Todo cambió cuando apareció en la portada de la revista Juxtapoz, considerada la guía del lowbrow art.
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El lowbrow art o surrealismo pop es un movimiento de arte visual subterráneo que surgió en Los Ángeles a fines de la década de 1960 y tiene sus orígenes en en el comix underground, la música punk, la cultura tiki, el graffiti y las culturas hot-rod de la calle.
La obra La fiesta del té de Rosie reúne varios de los elementos que hicieran que sea llamado el “el padrino del surrealismo pop”: como la carne, los elementos fantásticos matizados con lo kitsch, la inocencia y los colores, muchas veces, pasteles.
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Esta pieza de 2005 además puede considerarse una continuación de su exhibición debut, The Meat Show, donde en muchas de sus obras se muestra esta relación con la carne, donde expresa la desconexión entre la carne que usamos para alimentarnos y la criatura viva de la que procede.
Ryden además compone representaciones que pueden ser atractivas para todas las edades, ya que se considera a sí mismo como un artista que “ve el mundo con los ojos de un niño”: “Los niños miran las cosas con esa perspectiva imaginativa y fresca que les caractertiza. Por lo menos, yo lo hago. Los niños ven el mundo lleno de magia, imaginación y asombro; y muchos adultos tienden a perder eso y volverse más anquilosados en su modo de observar”.
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Por su procedencia de lo comercial y su tipo de obra, Ryden es aún resistido por parte de la crítica, pero para él esas convenciones carecen de sentido. En una entrevista, comentó: “Puede que los críticos consideren que utilizar ese material con carga emocional y sentimental llega a un lugar más bajo que al de la aridez de lo intelectual. Las imágenes cargadas de una narrativa desconocida perturban a la gente. Estamos muy acostumbrados a ver arte abstracto y minimalista, que no nos desafía de ese modo. Vivimos en un lugar mucho más intelectual… Está lo elevado y lo bajo, pero no significa que uno sea mejor que otro, son solo lugares diferentes”.
La obras de Rosie aún no han llegado a los grandes museos, por lo que las posibilidades de disfrutarla se reducen a colecciones privadas y retrospectivas que se realizan en diferentes partes del mundo, aunque por esta región esa oportunidad aún no se presentó. Será cuestión de esperar.
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