
Cuando William Hogarth pintó Matrimonio a la moda ya era un artista reconocido en los círculos ingleses, aunque para lograrlo debió generar un nuevo estilo de relato pictórico, más cercano al teatro y con un mensaje satírico, algo que nadie había realizado jamás.
Hogarth fue el hijo de un pobre maestro de escuela rural, que no tuvo formación alguna con respecto a la pintura, no por lo menos como marcaba la tradición. De hecho, aprendió a leer y escribir por su cuenta. Así, su camino a la aceptación fue dificultoso y más que nada porque en aquella época los pintores locales eran menospreciados en favor de los extranjeros como Hans Holbein el Joven, Rubens, Van Dyck o Canaletto, entre otros.
Fue orfebre y luego grabador de carteles comerciales, diseñaba escudos de armas, tarjetas, invitaciones a fiestas y entierros. Comenzó a asistir a las clases del renombrado artista sir James Thornhill, pero debió abandonar: se enamoró de la hija del pintor, le pidió su mano y fue rechazado por pobre, por lo que la pareja huyó para casarse.
Luego de algunas pinturas sin éxito, comenzó a “pintar cuadros que parecieran escenas teatrales” y en 1732, su grabado Vida de una ramera conmocionó a Londres. Esta obra fue el primero de sus dramas sociales, que retrataba con humor y una crítica despiadada a las costumbres y la política contemporáneas. Vendió varias reproducciones por el equivalente a unos 15 mil dólares actuales, una fortuna entonces, por lo que su suegro lo terminó aceptado.
Pero como la pieza se vendía mucho, empezaron a realizar reproducciones ilegales. Harto del plagio, le pidió protección al Parlamento, por lo que gracias a su pedido surgió el derecho de autor para pintores, grabadores y dibujantes.
Padre de las historietas occidentales y también uno de los fundadores de la escuela artística británica, presentó Matrimonio a la moda (Marriage à-la-mode) es una serie de seis cuadros pintados entre 1743 y 1745, que representan una aguda visión de las clases altas inglesas del siglo XVIII.
La obra -expuesta de la National Gallery de Londres- denuncia las terribles consecuencias de los matrimonios acordados por dinero y expone cómo la vida idealizada de los ricos no es más que una falacia triste.

En el cuadro 1, El contrato matrimonial, muestra a la pareja concertada entre el hijo del Earl Squanderfield (lit. Conde Campo-derrochado), en bancarrota, y la hija de un rico y miserable.
En la pieza se ve a través de la ventana la construcción parada de la nueva mansión del conde y a un usurero que negocia el pago para continuarla. El viejo conde señala un cuadro del árbol genealógico de su familia, mientras que el hijo se mira en el espejo, y la novia es consolada por el abogado Silvertongue (Lengua de plata). Dos perros encadenados entre sí en una esquina reflejan la situación de la pareja.
En el 2, Desafecto, se revelan las señales de que el matrimonio ya está descompuesto. El desinterés es evidente y un perrito encuentra un sombrero de señora en el bolsillo del abrigo del marido, indicando una aventura. La postura de la mujer revelaría también una infidelidad.
La espada rota a los pies muestra que existió una lucha, el desorden de la casa y el mayordomo con una pila de facturas muestra que los asuntos de la casa son un desastre.

En la 3, La visita al médico, la serie muestra al infeliz vizconde visitando a un doctor con una joven prostituta. Allí, exige un reembolso por las píldoras de mercurio para curar su sífilis, mientras la prostituta, junto a él, frota una llaga abierta en su boca, una señal temprana de la enfermedad.
En la 4, El despertar de la condesa, el viejo conde ha muerto, y su hijo es ahora el nuevo conde, y su esposa, la condesa. Ella está sentada de espaldas a sus invitados, ajena a los mismos, mientras un criado atiende a su toilette.
El abogado, Silvertongue, le sugiere a la condesa una relación amorosa. Este punto es subrayado por el niño, que delante de la pareja, apunta a los cuernos de la estatua de Acteón, símbolo del adulterio. Los cuadros del fondo incluyen la historia de Lot y sus hijas, Júpiter e Ío, y el rapto de Ganímedes.

En La muerte del conde, la quinta obra, el nuevo conde resulta fatalmente herido tras descubrir a su esposa en la cama con el abogado. Mientras ella suplica perdón al hombre malherido, el asesino, en camisa de dormir, sale precipitadamente por la ventana.
El cuadro de una mujer con una ardilla en la mano, colgado detrás de la condesa, contiene connotaciones lascivas y las máscaras en el suelo indican que la pareja ha estado en una mascarada.
Finalmente, en Suicidio de la condesa, ella se envenena, atormentada por el dolor y la viudez, luego de que su amante es colgado en Tyburn por el asesinato de su marido.
Una vieja aya lleva a su hijo para que le dé un beso de despedida, pero la marca en la mejilla del niño y la pinza en su pierna, sugieren que su enfermedad ha pasado a la siguiente generación. El padre de la condesa retira el anillo de boda de su dedo.
Esta no fue la obra satírica más exitosa de su carrera, en lo económico al menos, pero sin dudas la de mayor nivel técnico y con el tiempo se convirtió en una pieza ineludible del arte británico.
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