
Escribo desde muy temprano en las mañanas de sábados y domingos. Termino antes de almorzar y leo lo escrito. Releo y reviso mucho, pero hago muy pocos cambios a la versión original. Demoré varios años en publicar las dos novelas que escribí. La primera de ellas fue escrita en 1995 y publicada en 2002; la segunda en 2009 y publicada en 2019.
Como muchos escritores, dudo de las bondades literarias de lo que escribo, pero las novelas están allí y, finalmente, se imponen ser publicadas como nacieron, sin concederme ningún cambio. Se publican con sus falencias y/o excesos. Siento que cualquier retoque de “sentido común literario” les hace perder su esencia y autenticidad.
Mis relatos siempre se insertan en mundos y ámbitos que he conocido, con mayor o menor detalle. Pueden ser cárceles, playas solitarias, juzgados penales, salas de audiencias, calles de Buenos Aires, aeropuertos, fiestas y hoteles frecuentados por nuevos ricos y políticos en ascenso, departamentos en alquiler vacíos, etc. Y aunque a veces, circunstancialmente, aludo a hechos acontecidos en la realidad, tales como el famoso robo a un banco (en la novela Obsesión) o a los llamados “vuelos de la muerte” (en la novela Ojos de Sangre), todas mis historias y personajes son básicamente ficticios.

Hago transitar a esos personajes inventados por ese mundo que me resulta familiar o asequible. Creo que esto tiene que ver con mi mirada cinematográfica, en el sentido de perseguir y captar a los personajes en sus acciones dentro de un ámbito reconocible para mí: con mi necesidad de estar “viéndolos”, “escuchándolos” y “sintiéndolos pensar (en off)” mientras escribo. El alma de los personajes y el drama imaginario que viven se insertan en ese mundo verdadero o verosímil.
Porqué este libro
Por un lado, deseaba narrar una historia de amor y, por otro, escribir sobre la obsesión que puede causar el deseo apasionado, el amor o la necesidad de posesión respecto de otra persona. También sobre la pérdida de sí a que puede llevar dicha obsesión, moviendo al sujeto a realizar conductas completamente desesperadas, las cuales, vistas desde afuera, pueden aparecer como ridículas o delirantes.
En la historia narrada en Obsesión, Lucio se enamora de Amalia, mujer fina, de belleza y erotismo extraordinarios, y luego se obsesiona ante la posibilidad de perderla. Por su parte, Arnaldo se obsesiona con recuperarla como objeto de deseo inigualable que en el pasado lo satisfacía. A su vez, Imperiale se obsesiona con restituirla a su lugar de “esposa de vitrina”, del cual Amalia ha huido hace ya tiempo. El caudal de obsesión de los tres hombres —por igual febril, aunque claramente motivado en razones diferentes en cada uno— ahoga y obsesiona a su vez a Amalia, quien intenta lidiar con tanta energía posesiva, siendo sus principales armas la seducción y una hábil manipulación de las personas.
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