Narcisa Hirsch (Paz Bustamante)
Narcisa Hirsch (Paz Bustamante)

El encuentro tuvo lugar en la casa de la artista en el barrio porteño de San Telmo. Un espacio que se transformó en su hogar y su estudio. Allí, en este oasis en plena ciudad -que abandona cada vez que decide instalarse en su segundo hogar: la chacra de San Carlos de Bariloche- Narcisa Hirsch, cineasta argentina de origen alemán, pasa su horas confeccionando sus próximos proyectos artísticos que, a sus 90 años, la emocionan mientras espera que "la inspiración le llegue trabajando".

Pionera del cine experimental argentino, la vida de Narcisa estuvo desde siempre relacionada al arte. Se dedicó a la pintura, el dibujo y los famosos happenings que fueron cruciales en el desarrollo cultural de los 60 y 70.

¿Cómo ves el cine experimental hoy?

-No es el mismo cine con el que empezamos nosotros en los sesenta. Es otra cosa. De todos, a pesar de la casi desaparición del súper 8 con la irrupción del video sigue habiendo realizadores que se suman a este tipo de cine. Es algo que paso a nivel mundial, no solo en la Argentina. El cine experimental de nuestra época era ideológico, quería ir en contra de lo industrial y comercial. Venía con la militancia y la vehemencia de hacer un arte distinto. Tenía más que ver con la poesía. Lo realizábamos con la conciencia que lo podía hacer cualquiera sin tener que ser un gran empresario. En la mayoría de los casos éramos autodidactas.

¿Qué se pierde y qué se gana con el uso de las nuevas tecnologías?

– Eso dependerá de lo que pretenda el artista. El video es mucho más fácil de utilizar, está más a mano. Los recursos están al alcance de cualquier que tenga una computadora. Es fantástico que se pueda hacer una película con un teléfono. Por otro lado, es cierto que la calidad del material filmado en 16 mm es altamente superior. Lo importante es poder hacer y que no exista un impedimento en cuanto a la calidad del mismo. Hay que meter mano y experimentar. Frenar un proyecto por no tener la cámara adecuada o algún elemento es un horror. Hay que empezar y después se verá cómo mejorarlo.

(Paz Bustamante)
(Paz Bustamante)

¿Observás artistas que estén realizando algún tipo de ruptura en la actualidad?

– Creo que se terminó la idea de filmar o hacer algo artístico que vaya por fuera de lo establecido. Si hay artistas que de manera individual no como una corriente. Uno de los casos más recientes que recuerdo es el de Tomás Saraceno que trajo su exposición Cómo atrapar el universo en una telaraña, montada en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, con telas generadas por 7.000 arañas. Es una singularidad.

¿En qué proyectos estás trabajando?

-Estoy realizando una nueva película llamada Kosmos junto a dos amigos: Rubén Guzmán, profesor de la Universidad de Rio Negro y Robert Cahen, un reconocido videasta francés. La arrancamos el año pasado. Como indica su nombre, es un tema bastante amplio. Va a ir por capítulos. Cuenta una historia sensorial acerca de un universo en simultánea expansión y decaimiento. En cuanto a la manera de trabajar y ponernos de acuerdo es bastante particular ya que los tres estamos en ciudades diferentes. Cada una filma una parte y yo estoy buscándole una mínima historia y linealidad, que no sean simplemente imágenes sueltas pegadas una tras otra. Siempre sin salirse de lo experimental y trabajando sin un guion que determine el desarrollo de la obra. La película se cerrará cuando terminemos de filmar cada uno su parte y nos reunamos los tres en mi casa de Bariloche. Por otra parte, estoy por editar un libro que englobe toda mi obra. Sera uno disociado: por un lado, habrá imágenes acompañadas por textos de manera tradicional y el resto se podrá ver en una computadora mediante un código que habilite a acceder a imágenes en movimiento y sonidos que acompañen a los textos.

¿Cómo dividís tu vida entre Bariloche y Buenos Aires?

– Voy y vengo. Bariloche es una ciudad que me eligió a mí. Hace más de sesenta años que comparto mis días allí. Empezamos a ir con mi esposo a la casa de unos amigos y ellos nos convencieron de comprar una propiedad que estaba muy barata. Al principio, nos negamos ya que no estábamos interesados en instalarnos en un lugar determinado. Pero nos convenció la posibilidad de estar en un lugar muy tranquilo para convivir con la naturaleza. Está en la zona de Colonia Suiza.

¿Cómo se conforma tu equipo de trabajo?

-Tener un equipo es algo novedoso para mí que estaba acostumbrada a trabajar sola. Entre las personas que me ayudan están Clara Frías, que es la encargada de editar video que no es mi fuerte y Daniela Muttis que es mi asistente que conoce mucho mi material. También son las encargadas de ordenar todo mi archivo para digitalizarlo. Así podrá estar al alcance de muchas personas. Antes si querías ver experimental tenías que tomarte un avión a Estados Unidos. Recién en los años 60, el Di Tella comenzó a traer films.

¿Llevás una rutina de trabajo?

-Soy de las que creen que el arte llega a través de la inspiración, que uno no sabe muy bien de donde viene. No tengo un sistema ni me considero una persona que pueda decir muchas cosas teóricas acerca del arte. La inspiración viene cuando quiere, no cuando uno la busca. Como decía Picasso: "ojala que cuando llegue la inspiración, me encuentre trabajando".

¿Cómo ves la lucha de las mujeres que creció en los últimos años?

-No soy una persona que le guste militar en nada. Siento que las mujeres están haciendo mucho por cambiar algunas estructuras del mundo pero no apoyo ningún "ismo". La independencia de la mujer ha modificado la forma de ver al mundo pero en la lucha por defender sus derechos no se tiene que perder la diferencia entre lo masculino y lo femenino. Nadie es igual al otro y es muy peligroso querer aplanar a todos en el afán de ser iguales. Por suerte, no lo somos. No tiene sentido mantener una mentalidad autoritaria que tenga a las personas como soldados en una fila sin ninguna diferenciación. Sin embargo, estoy a favor de todos los derechos conquistados, ya que efectivamente hay un machismo instalado en la sociedad.

¿Tuviste dificultades por ser mujer?

-En mi experiencia personal, no tuve dificultades por ser mujer para desarrollar mi arte. Tuve los problemas que cualquier mujer puede padecer al salir a la calle. Nunca sentí que mi manera de trabajar se viene coartada por mi género. Tuve la suerte de no tener que salir a trabajar y poder dedicarme a mi obra. Sí fui algo criticada ya que no estaba bien visto que me dedique al cine experimental. Pero no por mujer sino porque muchos no entendían lo que hacíamos.

¿Cómo fue la transición de pasar de la pintura a los "happenings" y luego al fílmico?

– Primero exponía mis obras en galerías como Lirolay donde hice varias muestras de pinturas y objetos. Luego, me junte con la cineasta Marie Louise Alemann y decidimos salir a la calle. La ciudad estaba abierta para nosotros y así no necesitamos de una galería. Fue un momento clave ya que después con la llegada de los militares era más complicado hacer performances en público. Una de las obras que genero mas revuelo fue La Marabunta, en el año 67. Se trataba de un esqueleto enorme lleno basura, comida y palomas vivas rodeándolo. Fue presentado en el teatro Coliseo, de la ciudad de Buenos Aires, durante el estreno la película Blow up, de Antonioni. Hoy mirándolo de lejos uno puede interpretar a ese esqueleto como algo premonitorio de la violencia que vendría después. Sin embargo no fue pensado con ese fin. Esa presentación fue la primera que filmamos. El camarógrafo fue Raymundo Gleyzer. Cuando fuimos a su casa a editar el material quede encantada al observar lo que se podía mostrar con las imágenes en movimiento. A partir de ahí fue que empecé a hacer cine. Mi primera cámara fue una Bolex a cuerda que filmaba en 16 milímetros, todavía la conservo.

*Narcisa Hirsch será parte del primer encuentro de Las Proyectoristas, un ciclo de cine que propone visibilizar, problematizar y disfrutar del cine hecho por autoras en la Argentina. La artista dialogará y mostrará parte de su obra. La fecha es el jueves 10 de mayo a las 20 horas en El Club de la Nave (Ramírez de Velasco 512, Villa Crespo).

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