Javier Cercas nació en Ibahernando en 1962. Un pueblo pequeño en el que la guerra civil también dividió a la población en dos, un momento histórico en el que la familia de Cercas tomó partido por la Falange y por el bando de Franco, aunque por origen y clase debió haber elegido el otro bando. En su nuevo libro, El monarca de las sombras (Penguin Random House), el celebrado autor de Soldados de Salamina, Anatomía de un instante y El impostor, entre otras novelas, vuelve al escenario de la guerra que aún sangra en la memoria de los españoles y lo hace para escribir sobre su familia. Manuel Mena, un tío de su madre que fue a la guerra con 17 años y que murió en combate a los 19, fue una suerte de héroe familiar y también un héroe del pueblo, aunque para Cercas esa figura heroica supuso siempre una gran incomodidad por sentir que aquel tío abuelo había luchado en el bando equivocado, en el lado equivocado de la historia. Le llevó tiempo y años de investigación y finalmente pudo concretar el libro. "Yo salí de ahí con 4 años, toda mi familia viene de ahí, nunca había escrito sobre ese pueblecito", le dijo Cercas a Infobae. "En el fondo creo que nunca me fui de ahí. Ha sido muy importante escribir este libro, que es un intento por saber de dónde vengo. He entendido cosas, pero entender no es justificar. Una de las cosas que entendí es que con buenas intenciones se pueden hacer malas cosas"

-Lo que uno percibe enseguida al leer su último libro es un pudor, una cierta vergüenza por la historia política de su familia. Le llevó mucho tiempo escribir sobre su tío abuelo. ¿Cómo fue, cómo se hace para salir de ese pudor y poder contarlo?

-Pues me ha costado la vida, la verdad, porque este libro lo he querido escribir desde siempre; es el primer libro que tuve en la cabeza, incluso antes de ser escritor porque es la primera pregunta seria que yo me hecho y tiene que ver con la guerra civil, que es nuestra herencia de violencia. La pregunta era muy sencilla y muy complicada a la vez. Tiene que ver con un tío de mi madre, de un pueblo muy humilde, un chaval con inquietudes, casi es el primero del pueblo que estudia y que cuando estalla la guerra civil se alista en el ejército de Franco y muere dos años después en la batalla del Ebro, la más cruenta de la guerra y de la historia de España. Mi madre me hablaba mucho de él y la pregunta era por qué un chico de esas características se alista para defender una causa injusta y muere en el lado equivocado de la historia. Y por qué mi madre, tal vez la protagonista solapada del libro, me hablaba con esa insistencia de él. Ella tenía cinco años cuando estalla la guerra y siete cuando él muere. Para ella este chico era un héroe, el hombre valiente que se había jugado la vida y la había perdido por defender la familia, la religión, la patria, todos esos valores en lo que ellos creían. Toda mi familia era franquista y este chico de alguna manera simbolizaba esa herencia, ¿no?

-Eso es algo en lo que usted viene trabajando. También en otros libros, además de la historia central, usted cuenta cómo va construyendo esa historia. 

-Siempre digo que yo escribo novelas de aventuras…sobre la aventura de escribir novelas. Cada novela tiene sus propias reglas, lo que hace Cervantes -que es el que manda, el que sigue mandando y seguirá mandando siempre- es decirnos ustedes hagan lo que quieran, mientras el libro funcione. Nos da una libertad total. Escribir una novela es como crear un juego que tiene que buscar sus propias reglas. Escribir es formular una pregunta compleja de la manera más compleja posible, en este caso la pregunta que atañe a mi tío. Como cada pregunta es distinta, la manera de formularla también y las reglas también deben ser precisas. El escritor las descubre a medida que escribe y el lector las descubre a medida que lee.

-¿Cómo fue entonces el proceso entre la historia íntima y el libro?

-Me preguntaba cómo convertir algo tan personal y familiar en algo universal, porque eso es lo que debe hacer la literatura. Lo que me pasa a mí es lo que nos pasa a todos. Este libro habla de la herencia con la que todos cargamos. Todos cargamos con una herencia de violencia, en mi caso es una herencia franquista. Una herencia que viene de la guerra y de la que no sabía nada o sabía muy poco: todo era confuso, como si flotara una niebla de malentendidos porque no se hablaba, algo que nos ocurre a todos. La gente que ha vivido realmente la violencia o una dictadura o situaciones extremas no las cuenta. La gente que ha vivido una guerra no habla de ella porque la guerra es una atrocidad absoluta, se nos ha olvidado pero es así. Entonces ellos tienen el derecho a callarse, todo el derecho, pero nosotros tenemos la obligación de saber porque cargamos con esa herencia y porque si tú sabes lo que hay en esa herencia puedes manejarla pero si no, esa herencia te maneja a tí y por eso para mí era fundamental saber qué había ocurrido. En definitiva, si uno no sabe de dónde viene, no sabe adónde va. Toda la vida había vivido con angustia por lo que había hecho mi familia, no por ser culpable de ese pasado pero sí responsable.

-Las madres tienen un lugar importante en su libro, casi como hacedoras del destino de los hijos: la madre de Manuel Mena, la madre del cuento del autor serbio Danilo Kis que le relata su amigo David Trueba y también su propia madre.

-Las madres efectivamente son un hilo conductor. Yo cito una frase, que también es un leit motiv del libro, es una frase de Fogwill, el gran escritor argentino (aunque no lo cito en el libro): "Escribo para no ser escrito", definición extraordinario de por qué se escribe. Yo cuento en el libro que fui escritor para no ser Manuel Mena, que -yo pensaba- era el destino que mi madre me tenía preparado. Estaba equivocado, pero yo no sabía. Creía que me contaba todo eso para que yo fuera como él. Me hice escritor para no ser lo que mi madre quería que fuese y al final naturalmente he sido lo que mi madre (que es la protagonista secreta del libro) quería que fuese.

-Un escritor que escribe la historia de Manuel Mena.

-Exactamente (risas).

-En cierto momento describe las diversas razones por las que, aunque  Manuel Mena participó del bando ganador, en realidad perdió la guerra.

-Manuel Mena es un perdedor que luchó en el bando de los vencedores, es un perdedor porque fue a la guerra a defender unos intereses que no eran los suyos, y es un perdedor, sobre todo, porque lo perdió todo en la guerra, sobre todo la vida. Al final del libro, en una escena de gran electricidad emocional, cuando mi madre y yo hemos encontrado un lugar inesperado, y para mí milagroso, cojo la mano de mi madre y le digo, o no le digo, pienso, porque no me animo a decirle: "Mamá, Manuel Mena no murió por la patria ni murió por salvar a la familia ni nada de esto. Manuel Mena murió por culpa de una panda de hijos de puta que envenenaban el cerebro de los niños y los mandaban al matadero".

-Hay en su libro un momento en el que señala las diferencias en los modos de ver la guerra de Velázquez y de Goya.

-"Dulce y honorable morir por la patria", el epígrafe de mi libro, es un verso famosísimo de Horacio. Hemos enseñado a los niños que en la guerra los hombres dan lo lo mejor de sí mismo, y los chicos van a la guerra creyendo que van a encontrar eso, la guerra estética de Velázquez, y lo que se encuentran es la guerra de Goya: la guerra como violencia total, como abyección absoluta, como absurdo completo. La violencia, el horror, eso se encontró Manuel Mena.

-¿Y cómo ve hoy Javier Cercas, el escritor español, el socialismo tradicional, que está tan desprestigiado?

-No está de moda. Hoy lo que ha vuelto es la política épica sentimental, los líderes carismáticos, las soluciones mágicas, los movimientos anti establishment. Lo que se nos ha olvidado que eso es exactamente lo que estaba de moda en los años 30. A ver, la gente cree que los fascistas iban con cuernos por la calle, pero no, los fascistas eran la moda para los jóvenes. Eran movimientos anti establishment, la democracia era una cosa aburrida, de viejos, caducada, el charlamentarismo, como lo llamaba con desprecio Unamuno. Y eso es lo que está de moda hoy. Yo no creo en esa política épica y sentimental; creo en una política prosaica, racional, que apela a la razón y no a los sentimientos aunque pueda tener sus pequeñas emociones. Sabes lo que ocurre, cuando olvidamos el peor pasado ya estamos preparados para repetirlo y ahora estamos olvidando el peor pasado: ya no sabemos lo que fueron los años 30. Manuel Mena es un chaval seducido por esas mismas ideas, envenenado por esas mismas ideas redentoristas.

-Le voy a preguntar algo íntimo, delicado. Siguiendo la lectura, hay un trabajo profundo, masculino y detallado en la descripción de los combates. ¿Hay algo en usted que de algún modo también ve la guerra como estética? Concretamente: ¿le hubiera gustado participar de una guerra?

-Yo soy partidario del aburrimiento total en política, un aburrimiento suizo o como mínimo escandinavo, pero en mis libros -esto lo dijo Alberto Manguel en un ensayo muy generoso y bonito- hay una recuperación de la épica y no hay épica sin guerra. Soy partidario del aburrimiento, de una sociedad donde no pase nada: la diversión tiene que estar en el amor, en la intimidad. Dicho eso, sé que cuando vienen maldades, cuando alguien dice que sí a cosas malas, alguien tiene que decir no y ahí empieza la épica y eso me fascina, sí. De dónde me viene esa fascinación, no lo sé. De la lectura de la Ilíada y la Odisea de pequeño en casa, sí, de las novelas de aventuras, también. ¿Del western, que, como decía Borges, lo que hace es recuperar o preservar la épica en el siglo XX cuando la novela del siglo XX termina con la épica? Puede ser.

-¿Le hubiera gustado tener un tío héroe?

-Héroes hay muy pocos, eh, poquísimos. Mi tío no tenía la razón política, se equivocó, mi familia también. Apoyaron un golpe de estado contra una democracia, se equivocaron gravemente. Ahora bien, la razón moral es otra cosa. En la República, que tenían la razón política, hubo gente que se dedicó a matar curas y monjas a sangre fría. Esa gente tenía la razón política, luchaban del lado bueno, pero no tenían la razón moral, no eran personas decentes, nadie puede decir eso. Y, a la inversa, esto es terrible aceptarlo, hubo gente que apoyó una causa injusta, como mi tío y mi familia y, sin embargo, lo hicieron de buena fe. Se nos han olvidado cosas elementales; por ejemplo, que son los niños los que hacen las guerras y siempre ha sido así. Manuel Mena era un niño cuando fue a la guerra y siempre somos los adultos los que los mandamos a la guerra, eso también siempre ha sido así.

 

MAS FRASES DE LA ENTREVISTA

"No podemos ya escribir con aquella inocencia con la que se escribía. Las reflexiones sobre la propia novela son tan importantes como la historia en sí. A veces, más importantes, en mi caso".

"Necesité contar con dos narradores. Uno de ellos, un historiador que habla con distanciamiento. Y lo necesitaba porque estaba reconstruyendo algo extraordinariamente delicado: la responsabilidad de mi familia en los crímenes que se cometieron en mi pueblo".

"Vivimos una época muy rara: por un lado hemos sacralizado la memoria y, por otro, olvidamos más rápidamente que nunca y eso no es una paradoja, es natural. Sacralizar o institucionalizar la memoria es fatal".

"Este libro es un intento encarnizado por recuperar trozos de la vida de un chaval anónimo del cual no quedaba prácticamente nada porque la familia lo quemó todo"

"No te puedo decir que este chico fuese moralmente peor que yo, al contrario. Tengo todas las razones para pensar que era mejor que yo, entre otros motivos porque hizo algo que yo felizmente no me he visto obligado a hacer, que es jugarme la vida por los valores en los que creo".

"Si tú no entiendes por qué un chaval de 17 años se inmola y mata a 50 personas, eres incapaz de combatirlo"

"La literatura sirve para entender. Para entender el mal, entre otras cosas"

 

ENTREVISTA COMPLETA

* Esta tarde, Javier Cercas presentará El monarca de las sombras y dialogará con Leila Guerriero. Sala Haroldo Conti de la Feria del Libro, a las 18.

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