
El viernes 11 de septiembre de 2026 se cumplen 25 años de los atentados contra las Torres Gemelas: una tragedia que dejó 2.977 muertos, de los cuales 19 colombianos. Eran migrantes, hijos de migrantes, trabajadores y estudiantes que habían hecho de Nueva York, la llamada ‘capital del mundo’, su lugar de residencia o de trabajo. Para hacer realidad el llamado American Dream.
Algunos habían salido de Colombia por la violencia. Otros habían llegado con sus padres cuando eran niños y había quienes buscaban un ascenso, cursaban una carrera o sostenían a sus familias con dos empleos. Pero en aquella mañana sus rutinas coincidieron con el ataque contra el World Trade Center; un hecho que puso fin a sus vidas, en circunstancias que aún son estremecedoras.
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El vuelo 11 de American Airlines que nunca llegó a su destino
Carlos Alberto Montoya, de 46 años, no estaba en Nueva York esa mañana. Vivía en Boston con su esposa y sus hijos y trabajaba desde hacía 12 años como amo de llaves en el hotel Boston Harbor; sin embargo, un cambio en su reservación modificó sus planes de viaje, en el que se reencontraría con una de sus hermanas, tras varios años sin poder compartir un momento alejado de la rutina.

‘Beto’ tenía como destino California, abordó el vuelo 11 de American Airlines con destino a Los Ángeles, pero la aeronave nunca llegó a su destino. El motivo: fue secuestrada por miembros de la organización terrorista y se estrelló contra la torre norte, justo cuando el reloj marcaba las 8:46 a. m. de aquella fatídica fecha, en la que pereció junto a 91 personas más en ese Boing 767.
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Un empleo nuevo que duró solo un día: así se esfumó el sueño
Luis Eduardo Torres tenía 31 años y había llegado a la gran urbe a finales de los años 80, con poco dinero y un inglés básico con que esperaba abrirse puertas en la ciudad más desafiante del planeta. Su objetivo era trabajar en Wall Street, aunque comenzó con empleos menores en la Bolsa de Valores y, con el tiempo, se convirtió en corredor de divisas; lo que parecía darle un vuelco a su vida.
Pero el destino tenía otros planes. Aunque un día antes, el 10 de septiembre, empezó un nuevo trabajo en Cantor Fitzgerald, murió durante los ataques al considerado corazón financiero de Nueva York. En este banco de inversión también trabajaban Milton Bustillo, técnico de computadoras; Rafael Humberto Santos, integrante del área de sistemas, y César Augusto Murillo, comerciante.
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Bustillo era padre de una niña de siete meses y se había casado tres meses antes, Murillo estaba casado, mientras que Santos dejó dos hijos pequeños, en una jornada que marcó para siempre a sus seres queridos, que tuvieron que aprender a vivir sin ellos, en medio del desconcierto que generó a nivel mundial este ataque, que a un cuarto de siglo concentra la atención en las víctimas.
El restaurante del piso 103 del Word Trad Center
El restaurante Windows on the World, ubicado en el piso 103 de la torre norte, era el lugar de trabajo de varios colombianos. Allí murió Víctor Hugo Paz Gutiérrez, que era un destacado chef de pastelería de 43 años y había dejado Cali después del asesinato de uno de sus hermanos, en búsqueda de nuevas oportunidades laborales y convertirse de esta manera en sustento familiar.
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En este suceso también falleció Wílder Alfredo Gómez, barman de 38 años. Había viajado desde la capital vallecaucana comienzos de los años 90 y era padre de cuatro hijos y era compañero de Carlos Mario Muñoz, de 43 años, que llevaba 15 años en este establecimiento y se había casado dos meses antes de los atentados. El terror no le dio posibilidad de disfrutar de la consagración de su unión.

La misma suerte tuvo Sonia Ortiz, de 56 años, que también estaba vinculada al complejo. Había llegado a Nueva York en 1971 y comenzó como aseadora en el World Trade Center y con los años pasó a operar el ascensor que unía el lobby con el restaurante; un empleo que le daba para pagar un espacio en el sector de Queens, junto a su hija, en una mañana que no ha podido sacar de su mente.
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Oficinas, pasillos y una última entrega
Jorge Luis Morón era un barranquillero de 39 años, que había salido de su ciudad natal en 1993. Trabajaba como guardia de seguridad en el lobby de una de las torres y estaba cerca de obtener la ciudadanía estadounidense. Al salir de su residencia rumbo al emporio financiero de los EE. UU., su esposa, que estaba en embarazo, estuvo lejos de imaginar que sería la última vez que lo vería.
El mismo trágico y conmovedor final a su existencia le correspondió al ingeniero civil Carlos Cortés Rodríguez, de 58 años, que estaba en su oficina de Washington Group International, en el piso 91 de la torre sur. Había llegado a Nueva York en 1967 para estudiar y pese a estar por más de tres décadas en la tierra del ‘Tío Sam’, mantenía vínculos estrechos con su querida Colombia.
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A solo unos metros, en la firma Marsh & McLennan, murieron Danny Correa, de 25 años, y Arcelia Castillo, de 49. Correa trabajaba en el departamento contable y se iba a graduar como contador, en lo que prometía ser una carrera llena de satisfacciones. Castillo estudiaba esa misma carrera mientras sostenía a sus dos hijos y esperaba su título en noviembre; le faltaron solo dos meses.

En la torre norte, más exactamente en el piso 92, estaba Adriana, de 32 años, que trabajaba en Carr Futures. Había obtenido un título en Administración de Empresas en la Universidad de Boston y era la primera profesional de su familia; un motivo de orgullo cada vez que se encontraba con los suyos, que todavía la tienen en sus pensamientos pese a la inclemencia del tiempo y el olvido.
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Por su parte, Alejandro Castaño Henao, de 35 años, adelantaba una entrega de suministros de oficina en el World Trade Center para la empresa Empire Distribution. Fue, entonces, su última jornada, en un trabajo que le había permitido sostenerse en una de las ciudades más costosas del mundo, y aun así ser una fuente de ingresos para sus familiares cruzando el Atlántico.
Los nombres que quedaron en el duelo
La lista de colombianos fallecidos también incluye a Pedro Francisco Checho, de 35 años; Sharon Cristina Millán, de 33; Hernando Salas, de 71, y Gloria Nieves, de 48. Salas, nacido en Cartagena, emigró a Nueva York a comienzos de los años 60 y el 11 de septiembre logró evacuar la oficina donde trabajaba, ubicada cerca de las torres, pero murió en la calle por el humo y los escombros.
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Así, a 25 años de los ataques, los nombres de los 19 colombianos recuerdan cómo detrás de cada uno de ellos huno hijos, padres, hermanos, parejas y familias que quedaron en medio de los recuerdos de una jornada en la que el horror los separó para siempre. Colombia y Estados Unidos quedaron unidos por una ausencia que comenzó ese doloroso 11 de septiembre de 2001.
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