
Tras la experiencia de un temblor intenso, algunas personas reportan una prolongada sensación de inestabilidad, como si el suelo siguiera moviéndose o su cuerpo no lograra recuperar el equilibrio. Este fenómeno, que puede persistir desde minutos hasta varios días, tiene raíces tanto fisiológicas como psicológicas.
La causa principal se encuentra en el sistema vestibular, una compleja estructura alojada en el oído interno. Dicho sistema regula el equilibrio y la orientación espacial, interpretando señales que provienen del movimiento de la cabeza y el cuerpo. Durante un sismo, el suelo se desplaza de manera inesperada y brusca, obligando al sistema vestibular a adaptarse a estímulos poco habituales.
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Cómo se manifiestan los síntomas tras un sismo
Las sensaciones que suelen aparecer incluyen mareo, vértigo, náuseas, pesadez en la cabeza y la impresión de que el entorno sigue oscilando. Algunas personas notan movimientos involuntarios del cuerpo o una percepción continua de desplazamiento del suelo, aunque este ya esté inmóvil.

El sistema vestibular no actúa solo. Trabaja junto con la vista y otras señales corporales para que el cerebro determine si el cuerpo está quieto, caminando o cambiando de posición. Durante un temblor, la información proveniente del oído interno y de los ojos puede diferir, pues estos últimos pueden no registrar el movimiento real que detecta el oído. Esa discrepancia puede hacer que, aún después del sismo, el cerebro continúe interpretando que el entorno se desplaza.
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¿Por qué persiste la sensación de movimiento?
La explicación más aceptada apunta a un desajuste en la forma en que el sistema nervioso central procesa los estímulos de equilibrio. Tras un movimiento intenso, el organismo puede mantener la sensación de balanceo o desplazamiento durante un tiempo. Según la revista de divulgación científica de la Universidad de San Luis Potosí, la diferencia en las señales recibidas por ambos oídos durante el temblor contribuye a la aparición de mareo y vértigo.
No todas las personas experimentan este fenómeno con la misma intensidad. Aquellos con niveles elevados de ansiedad o quienes han atravesado episodios sísmicos reiterados pueden percibir los síntomas de forma más acentuada. La reacción emocional, sumada a la tensión y la preocupación, suele amplificar el malestar físico.
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Duración y manejo del malestar
La persistencia de estos síntomas varía. Algunas personas recuperan la estabilidad en poco tiempo, pero otras continúan sintiendo inestabilidad durante varios días. La sensibilidad auditiva posterior al evento puede prolongarse entre 15 y 20 días, sobre todo si se producen nuevos movimientos sísmicos en ese periodo.
En casos donde la sensación persiste y se acompaña de dificultades para mantenerse de pie, zumbidos o ruidos extraños en los oídos, se recomienda consultar a un profesional.
Estrategias para disminuir los síntomas
Para quienes experimentan mareos tras un sismo, existen varias recomendaciones prácticas. Permanecer sentado o recostado, evitar movimientos bruscos y buscar un ambiente tranquilo puede ayudar a reducir el malestar.
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Algunos especialistas sugieren fijar la vista en un punto estático y evitar pantallas o luces intensas. La Revista Puertorriqueña de Medicina y Salud Pública coincide en que la respiración lenta y profunda puede ayudar a recuperar la estabilidad. Además, reducir la exposición a ruidos fuertes o al uso de audífonos puede ser beneficioso para quienes presentan sensibilidad auditiva tras el temblor.
El descanso y la hidratación también resultan útiles. El cuerpo necesita tiempo para restablecer su equilibrio interno después de una situación que lo sacude física y emocionalmente.
Factores que intensifican el mareo post-sísmico
La ansiedad y el estrés juegan un papel importante en la percepción del mareo. El sistema nervioso simpático, encargado de preparar al organismo para situaciones de alerta, puede prolongar la sensación de inestabilidad si la persona permanece en estado de tensión. Este cuadro puede confundirse con un problema físico, pero muchas veces responde a una reacción emocional o incluso a un ataque de pánico.
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En algunos casos, la llamada oscilación ilusoria puede hacer que el individuo perciba movimientos inexistentes debido a la memoria sensorial del temblor. Esta sensación puede ser especialmente molesta para quienes son propensos a la ansiedad o han vivido varios sismos en poco tiempo.
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