Bandas Shottas y Espartanos extorsionan a comerciantes en Buenaventura con pagos de hasta $50 millones al mes, alerta obispo

Monseñor Rubén Darío Jaramillo alerta sobre la presión que sufren pequeños y grandes negocios, que se ven obligados a entregar fuertes sumas para sobrevivir ante la violencia y el miedo constante

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Comerciantes y habitantes viven bajo
Comerciantes y habitantes viven bajo el miedo constante, mientras el obispo denuncia pagos millonarios - crédito Colprensa

Buenaventura, uno de los puertos más estratégicos de Colombia, vive bajo la sombra de la violencia y la extorsión.

Aunque las estadísticas de homicidios han mostrado una ligera disminución en los últimos meses, la población sigue atrapada en un clima de miedo y amenaza constante, especialmente los comerciantes, quienes se han convertido en el blanco principal de las bandas criminales que operan en la región.

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Monseñor Rubén Darío Jaramillo, obispo de Buenaventura, hizo pública la crítica situación que enfrentan los empresarios locales.

Según el religioso, algunas personas deben pagar hasta 50 millones de pesos mensuales a los grupos criminales, mientras que la mayoría de los pequeños comerciantes entregan sumas que oscilan entre cinco millones, dos millones y un millón de pesos al mes, de acuerdo con el informe de 90 Minutos Valle.

Pequeños negocios de la ciudad
Pequeños negocios de la ciudad pagan sumas que van desde 300.000 hasta 50 millones de pesos al mes para sobrevivir a las extorsiones - crédito Colprensa

“Una persona de un estrato bajo, que tiene una tienda pequeña, debe pagar 300.000 o 400.000 pesos cada mes, casi que trabajan para los bandidos, así nadie resiste”, aseguró el obispo a medios locales.

La presión de las bandas conocidas como Shottas y Espartanos ha obligado a muchos negocios a cerrar, y el impacto social se deja sentir en todos los niveles de la comunidad. La violencia no solo afecta la economía local, también la vida cotidiana y la educación.

La inasistencia escolar se ha convertido en un indicador alarmante: según el artículo, “las calles están vacías e incluso los padres no están mandando a sus hijos a estudiar ni al colegio, ni a la universidad”.

La caída de alias Búho

Las autoridades, sin embargo, han logrado golpes importantes contra estas estructuras. Uno de los más recientes fue la captura de alias Búho, señalado como sicario y reclutador de la banda Espartanos.

La brigadier general Sandra Liliana Rodríguez, comandante de la Policía del Valle del Cauca, explicó que “Alias Búho o alias Junior tendría una trayectoria delictiva de nueve años, caracterizada por su paso por diversas estructuras criminales que operan en Buenaventura.

En su accionar más reciente, presuntamente integraba el grupo delictivo organizado los Espartanos, en el cual se desempeñaba como sicario bajo el mando de alias Blaking, cabecilla de la comuna 3”.

Alias Búho se desempeñaba como
Alias Búho se desempeñaba como presunto sicario al servicio de Los Espartanos - crédito Policía Valle

La captura de este líder se logró gracias a información ciudadana motivada por una recompensa ofrecida por la Gobernación del Valle, que ascendía a 200 millones de pesos.

La gobernadora Dilian Francisca Toro resaltó que Búho era “uno de los dinamizadores de los Espartanos, hacía acuerdos con la estructura criminal Jaime Martínez para realizar extorsiones, homicidios y toda la red de estupefacientes que ellos manejan”.

La violencia para tomar control del territorio

El trasfondo de las bandas revela una historia de fusiones, rupturas y herencias criminales, arraigadas en la extrema pobreza y desigualdad de la región.

Buenaventura mueve cerca del 44% del comercio exterior del país y recibe alrededor de 18 millones de toneladas de carga al año, siendo la puerta principal para el 90% de la carga que llega de Asia.

Sin embargo, las ganancias no benefician a sus habitantes: el 63,5% de la población urbana vive en pobreza y la cifra aumenta hasta 91,6% en las zonas rurales, según datos citados en el artículo fuente.

La evolución de las bandas muestra cómo los grupos actuales son herederos de antiguos conflictos paramilitares y guerrilleros. “Cuando los paras se desmovilizaron quedaron sus rezagos, las esquirlas de la guerra. En Colombia, cuando un grupo armado muere, parecen renacer en su lugar varios más”, destacó el medio Pares.

Los enfrentamientos entre bandas criminales
Los enfrentamientos entre bandas criminales como Shottas y Espartanos mantienen a la población bajo constante temor y con impactos directos en educación y comercio - crédito AP

El surgimiento de los Shottas y Espartanos está ligado a las antiguas estructuras de las Farc que, tras la desmovilización, dieron paso a bandas como La Local, La Empresa y Los Rastrojos, y de ahí evolucionaron hasta las organizaciones actuales.

El control territorial y la lucha por la extorsión han enquistado un conflicto persistente: los Shottas cuentan con entre 600 y 1.000 miembros, mientras que los Espartanos podrían superar los 1.000, imponiendo su dominio a través del tráfico de drogas, desapariciones y homicidios.