
La comparación entre Gustavo Petro y Donald Trump marca, según el ensayista Carlos Granés, una profunda transformación en la política hemisférica.
En diálogo con Semana, Granés advirtió sobre similitudes de fondo entre ambos líderes y el impacto de su relación en la agenda internacional y los equilibrios de poder.
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“Trump trastocó el orden hemisférico”, afirmó Granés. Explicó que el expresidente estadounidense, en su discurso de posesión, reivindicó a William McKinley, el mandatario que se apropió de Puerto Rico, y en su Estrategia de Seguridad Nacional revitalizó la doctrina Monroe.
Para Trump, el hemisferio occidental es una zona de influencia y Estados Unidos es “el nuevo jefe que impone su dominio”. Esta perspectiva “choca con el multilateralismo, el orden liberal y la preponderancia de los organismos supranacionales”.

Granés señaló que, para países con poca fuerza militar y económica, “es una mala noticia” afrontar aisladamente “la lógica del poder”, sin la protección de organismos internacionales.
Sobre el papel internacional de Petro, el ensayista indicó: “Petro siempre ha querido ser un líder mundial y por eso agita sistemáticamente todas las causas globales: el antineoliberalismo, la crisis climática, Gaza o el antiyanquismo”.
Añadió que “para un megalómano, y Petro lo es, tener de enemigo al hombre más poderoso del planeta es muy tentador porque crea el espejismo de que se compite en el mismo nivel”.
Según Granés, la provocación a Trump “buscaba eso: llamar la atención, ser noticia, agrandar la vanidad presidencial que, por supuesto, es mucho más importante que la economía, la estabilidad y hasta la soberanía nacional”.
Granés sostuvo que los países gobernados por ambos líderes “están a merced de su temperamento, de sus egos y de su Twitter”. “Ambos creen que el Poder Ejecutivo es la única instancia con poder de representación y que las otras instituciones son oligárquicas o wokistas, enemigas del pueblo, y que por eso se deben capturar, desmantelar u hostigar”, explicó el ensayista.
Matizó que, aunque los antagonistas cambian, ambos recurren a la polarización. “Trump está obsesionado con los enemigos de la patria, especialmente los inmigrantes; Petro, con los opresores del pueblo, especialmente los sectores productivos”.
Subrayó que los dos “exhiben vulgarmente sus odios y manejan símbolos y retóricas de enorme hostilidad; no se llevan bien con la prensa, no les gusta rendir cuentas, no aceptan la realidad y viven en sus propios delirios de grandeza”.
En el plano simbólico, Granés señaló nuevas coincidencias: “Ambos están obsesionados con el siglo XIX. Petro quiere retomar la lucha de Bolívar; Trump, el imperialismo monroísta. Uno quiere liberar; el otro, engrandecer: ambos son nacionalistas y quieren regir el sur global o el hemisferio occidental. Se van a caer muy bien en la Casa Blanca”.
Según el ensayista, la dinámica reciente entre ambos líderes mostró giro pragmático. “Trump es volátil y pasa del garrote a la zanahoria. Ocurrió en Brasil: tras serias amenazas, ahora se lleva muy bien con Lula, y su viejo amigo Bolsonaro parece olvidado”.

Sobre Petro, enfatizó: “Quiere ser reconocido. Quiere que el mundo le pare bolas. Quiere sentirse tan trascendente como Bolívar. Y hasta ahora no ha hecho ningún mérito para pasar a la historia”.
Acerca del mesianismo de Petro, Granés precisó que observa “un fenómeno que no es nuevo en América Latina: el mesianismo. Estos personajes exacerbados que llegan al poder no a gobernar un país, sino a cambiar la historia, a refundarlo, a escribir nuevas constituciones”.
Destacó el propósito de Petro de “cambiar la historia de Colombia”. Sus proyectos de reforma eran “ambiciosos, radicales y tenían como consigna la totalidad”. Detalló el ejemplo del “proceso de paz total, un proyecto descomunal”.
En otra de sus respuestas a Semana, el ensayista ilustró la autopercepción de Petro mediante referencias literarias y artísticas. “Petro se ha comparado con los artistas. Él forma parte de esa camada de políticos poetas que imaginan para sus países una obra inmaculada, tal como la tienen los artistas que se enfrentan al lienzo en blanco, e intentan llevarla a la realidad sin tener en cuenta el entramado institucional, la oposición y todo lo que hace que una democracia funcione”.

Granés rememoró que Petro “hace constantes referencias a García Márquez e incluso se ha comparado con él. En sus memorias, el presidente dice que, si bien García Márquez era un genio con la palabra escrita, él tenía el don de la palabra hablada, y que su verbo se convertía en un huracán que arrastraba multitudes, creaba pueblo y tenía el mismo poder mágico de García Márquez”. Añadió que Petro utilizó el seudónimo Aureliano en alusión al personaje Aureliano Buendía de “Cien años de soledad”.
Sobre el sentido trágico de esa aspiración, Granés advirtió: “El coronel Aureliano Buendía es un personaje tóxico. Lleva la guerra a Macondo, se enamora del poder, pierde contacto con la realidad por una megalomanía detonada por el contacto con las armas, con la guerra, con los poderosos. Es un personaje realmente odioso que acaba repudiado por su propia mamá; acaba solo, frustrado y derrotado. Lleva la guerra y la destrucción, y, por supuesto, no la justicia ni la paz ni nada. Es un personaje más bien trágico y, en ese sentido, también comparte características con Gustavo Petro”.
El ensayista profundizó: “Tiene aspiraciones redentoras supremamente elevadas. No solamente quiere cambiar la historia de Colombia, sino que quiere salvar a la humanidad del cambio climático, quiere hacer planificaciones económicas mundiales, quiere salvar Gaza. Tiene aspiraciones de líder global. Sin embargo, tiene todas las flaquezas de un personaje más bien pequeño, más bien modesto. Tiene defectos bastante visibles que le impiden estar a la altura de sus ambiciones, de sus sueños.”
Granés consideró que el desenlace de esta confrontación podría materializarse en una escena definitoria para la política regional: la posible visita de Petro a la Casa Blanca y su intento de incidir de forma directa en las decisiones del expresidente estadounidense sobre Colombia.
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