
Un nuevo episodio de violencia armada sacudió la zona de invasión de Santa Helena, en Caucasia, Bajo Cauca antioqueño, donde dos adolescentes de 16 y 17 años fueron asesinados tras un ataque con armas de fuego.
El doble homicidio, perpetrado a balazos, ha generado conmoción en la comunidad y vuelve a poner en el centro del debate la situación de seguridad en esta región de Antioquia.
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De acuerdo con los primeros reportes, el ataque se registró cuando individuos armados, cuya identidad permanece desconocida, abrieron fuego contra los dos jóvenes.
El adolescente de 17 años falleció en el lugar, tras recibir dos impactos de bala en el tórax y uno en el antebrazo izquierdo. El otro menor, de 16 años, sufrió heridas graves en la cabeza y fue trasladado de inmediato por sus familiares al Hospital César Uribe Piedrahíta de Caucasia.
Pese a los esfuerzos médicos, el joven murió minutos después debido a la gravedad de las lesiones.

Las autoridades no han logrado identificar a los responsables del crimen, aunque los indicios apuntan a un acto de sicariato. Hasta el momento, no se han revelado detalles sobre los posibles autores materiales o intelectuales, y la investigación sigue en curso para esclarecer los hechos y determinar los móviles detrás del ataque.
Este doble homicidio se produce en un contexto marcado por la presencia de grupos armados ilegales en el Bajo Cauca antioqueño, una región donde las disputas territoriales y la instrumentalización de menores en actividades delictivas han incrementado los niveles de violencia. La situación evidencia la vulnerabilidad de los jóvenes en zonas afectadas por el accionar de organizaciones criminales y la persistente inseguridad que enfrenta la población local.
Mientras las autoridades avanzan en las indagaciones, la comunidad de Caucasia permanece a la espera de respuestas sobre un crimen que refleja la complejidad de la violencia en el Bajo Cauca y la urgencia de medidas para proteger a los menores de edad en este entorno, donde las causas y responsables aún no han sido esclarecidos.
Y es que la subregión del Bajo Cauca Antioqueño —que comprende los municipios de Caucasia, El Bagre, Tarazá, Cáceres, Nechí y Zaragoza— enfrenta una compleja situación de violencia estructural vinculada al conflicto armado, economías ilícitas y debilidades institucionales.

Bajo Cauca antioqueño, una de las regiones más afectadas por el conflicto armado
Desde hace décadas diversos grupos armados ilegales —como guerrillas, paramilitares y estructuras criminales— han disputado el control del territorio en el Bajo Cauca.
La explotación de minería ilegal (especialmente de oro), los cultivos ilícitos y la ubicación estratégica de rutas de tránsito han hecho de esta zona un escenario propicio para la violencia.
La competencia por los recursos y el dominio territorial se traduce en combates, amenazas a la población civil y presencia de economías ilegales que alimentan el conflicto.
Así mismo, la región registra cifras alarmantes en homicidios y violaciones de derechos humanos. Por ejemplo, entre 2017 y 2019 se documentaron 895 homicidios en la subregión.
Las masacres están vinculadas frecuentemente a la disputa entre actores armados y al control de economías ilícitas.

Además, se han reportado desplazamientos masivos y amenazas sistemáticas a comunidades rurales, lo cual agrava la crisis humanitaria.
El reclutamiento de niñas, niños y adolescentes es una de las problemáticas más graves. La Defensoría del Pueblo advierte que los menores de edad en esa subregión son sumamente vulnerables a su vinculación a grupos armados.
Junto con ello, se documentan amenazas a líderes sociales, defensoras y defensores de derechos humanos, y agresiones contra comunidades étnicas (afrocolombianas e indígenas), lo que evidencia la profundidad del conflicto más allá del combate armado.
Un rasgo recurrente de la violencia en el Bajo Cauca es la limitada capacidad del Estado para brindar garantías de seguridad, justicia y condiciones de derechos para la población. Un informe señala que “la falta de visión y de resultados del Estado ha debilitado la confianza y abierto un espacio para que los grupos armados consoliden su control”.
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