
El Gobierno colombiano ha intensificado en los últimos meses su acercamiento a instituciones financieras internacionales lideradas por China, en un contexto de crecientes tensiones diplomáticas y comerciales entre Estados Unidos y Beijing.
El 15 de mayo, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió una advertencia pública a través de un mensaje en redes sociales.
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En ella expresó su oposición “enérgica” a proyectos recientes y futuros desembolsos por parte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras instituciones multilaterales.
Estos desembolsos están dirigidos a empresas estatales chinas en Colombia, lo que motivó la preocupación del Gobierno estadounidense.
Para Washington, estas iniciativas podrían comprometer la seguridad regional y los recursos de los contribuyentes no deben utilizarse para subsidiar compañías controladas por China en el hemisferio.
En medio de esta postura estadounidense, Colombia ha dado pasos decisivos para consolidar su participación en organismos multilaterales asiáticos.
Según información revelada por Blu Radio, el Ejecutivo colombiano habría enviado en marzo una solicitud formal de adhesión al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (Aiib), entidad fundada en 2016 con sede en Beijing y conformada actualmente por 110 países miembros.
Un memorando interno del Gobierno señala que la incorporación oficial de Colombia al Aiib se espera para septiembre, siempre que todos los países miembros del organismo otorguen su aprobación.
De los 110 países integrantes, 53 pertenecen a Asia y 57 a otras regiones, incluyendo naciones como Alemania, Francia, Canadá y Reino Unido.
En América Latina, ya son miembros Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Perú y Uruguay, mientras que Bolivia y Venezuela se encuentran en proceso de adhesión.

El proceso de integración a instituciones asiáticas coincide con la solicitud presentada por Colombia para ingresar al Nuevo Banco de Desarrollo de los Brics, bloque conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, junto con países invitados como Egipto, Irán, Emiratos Árabes Unidos y otros.
En mayo, durante el foro China–Celac celebrado en Pekín, el presidente Gustavo Petro viajó a Shanghái y sostuvo una reunión con Dilma Rousseff, presidenta del banco, en la que presentó formalmente la solicitud de ingreso.
Este trámite avanzó con rapidez y culminó con la aprobación oficial durante la cumbre del bloque celebrada en julio en Río de Janeiro.
Expertos como Margaret Myers, exdirectora del programa Asia y América Latina del Diálogo Interamericano, advierten que Colombia debe aprender de experiencias regionales para evitar que las inversiones chinas se conviertan en monopolios sectoriales, como ocurre en Perú, donde la industria de transmisión energética está dominada por empresas chinas.
La decisión colombiana refleja una diversificación de alianzas iniciada en gobiernos anteriores, motivada por la necesidad de reducir riesgos políticos y económicos y buscar nuevas fuentes de inversión y tecnología.

El comercio bilateral ha experimentado un crecimiento exponencial: en 1991, Colombia exportaba solo US$17 millones a China, cifra que alcanzó US$2.165 millones en 2022.
China es hoy el segundo socio comercial de Colombia y el principal proveedor de importaciones, especialmente en productos minero-energéticos como petróleo, carbón y minerales.
Más de 100 empresas chinas operan en Colombia con inversiones superiores a US$3.100 millones en sectores como infraestructura, minería y energía.
Proyectos emblemáticos incluyen la construcción del metro de Bogotá y la explotación de la mina de oro de Buriticá.
El memorando firmado con China compromete a ambos países a promover la conectividad en infraestructura, cooperación en salud, finanzas, educación y medio ambiente, además de impulsar la reindustrialización.
Para analistas, la Franja y la Ruta representa una oportunidad para Colombia de potenciar sus recursos minerales para la transición energética con respaldo chino.
No obstante, esta estrategia genera incertidumbre sobre el futuro de la relación con Estados Unidos, tradicional aliado estratégico.
Las tensiones diplomáticas recientes, incluyendo una amenaza de guerra comercial en enero de 2025, evidencian la vulnerabilidad de Colombia ante la política estadounidense.

Mientras algunos expertos creen que Washington interpretará el giro como coyuntural, otros advierten riesgos en la estabilidad bilateral.
Según el medio BBC, el desafío para Colombia es equilibrar su apertura hacia China sin comprometer su imagen internacional y evitar una excesiva dependencia, buscando mantener valores democráticos y transparencia.
El futuro de esta relación dependerá de las negociaciones próximas entre ambos gobiernos.
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