
Un descubrimiento sin precedentes en el campo de la paleontología salió a la luz en el desierto de La Tatacoa, ubicado en el municipio de Villavieja, en el departamento del Huila, Colombia.
Según informó el museo La Tormenta, un equipo de científicos identificó un fósil perteneciente a un ejemplar de la familia Phorusrhacidae, conocida comúnmente como ‘aves del terror’.
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Este hallazgo, que data de noviembre de 2024, representa el primer registro de esta especie en el norte de Sudamérica y podría corresponder al ave más grande de su tipo jamás encontrada, con una altura estimada de 3.6 metros.
El fósil, un fragmento distal de un tibiotarso izquierdo, fue localizado en la Formación La Victoria, específicamente en “la capa conglomerática de Chunchullo Beds”, una formación de rocas hecha de pedazos grandes de otras rocas, como si fueran guijarros o piedras, unidos por un material que los pega. Se forma en lugares como ríos o playas donde el agua lleva y deposita estas piedras.

Este descubrimiento no solo confirma la presencia de estas aves en el territorio colombiano durante el Mioceno Medio, hace aproximadamente 13 millones de años, sino que también aporta evidencia crucial para comprender la biodiversidad y la evolución de los ecosistemas tropicales en esa época.
Según detalló el Museo La Tormenta, el espécimen presenta marcas de mordida, un detalle que está siendo analizado por los investigadores para obtener más información sobre las interacciones ecológicas de esta especie, pues esto podría indicar que el ejemplar tuvo una pelea con otro animal antes de morir.
El descubrimiento fue liderado por César Perdomo, un paleontólogo oriundo de Villavieja, quien ha dedicado más de tres décadas a la búsqueda y preservación de fósiles en el desierto de La Tatacoa.
Perdomo, que fundó el museo La Tormenta, ha trabajado incansablemente para organizar su colección de fósiles con criterios científicos, gracias al apoyo de instituciones como el Museo Geológico Nacional José Royo y Gómez, y académicos como Andrés Link, profesor de la Universidad de los Andes.

Otro de los protagonistas de esta investigación es Jonathan Pelegrin-Ramírez, biólogo y paleontólogo caleño, profesor de la Universidad Santiago de Cali y la Pontificia Universidad Javeriana de Cali.
Pelegrin-Ramírez, quien cuenta con un doctorado en Biología Evolutiva y Paleontología, destacó la importancia de este hallazgo para la paleontología colombiana: “Colombia tiene un enorme potencial en paleontología de vertebrados, y estas actividades motivan a las nuevas generaciones a explorar esta disciplina”, expresó el científico, según consignó el Museo La Tormenta.
La historia de César Perdomo es un ejemplo de dedicación y pasión por la paleontología. Desde niño, inspirado por los paleontólogos que visitaban el Desierto de la Tatacoa, comenzó a buscar y excavar fósiles, acumulando una colección que hoy forma parte del Museo La Tormenta. Este pequeño recinto, aún en construcción, se ha convertido en un espacio clave para la investigación y divulgación científica en la región.
El Museo La Tormenta ha recibido apoyo de diversas instituciones académicas y científicas, lo que ha permitido a Perdomo organizar su colección con estándares más rigurosos. Entre los fósiles más destacados de su colección se encuentra el tibiotarso del Ave del Terror, un hallazgo que refuerza la relevancia del desierto como un sitio de gran valor paleontológico.
El Desierto de la Tatacoa, un bosque seco tropical que abarca aproximadamente 330 kilómetros cuadrados, es reconocido como uno de los principales yacimientos paleontológicos de Colombia. La región ha sido escenario de numerosos descubrimientos que han permitido reconstruir la historia evolutiva de la biodiversidad en el país.

El reciente hallazgo del fósil del Ave del Terror no solo amplía el conocimiento sobre la distribución geográfica de esta familia de aves depredadoras, sino que también subraya la importancia de preservar y estudiar los recursos paleontológicos del desierto.
Según el Grupo de Investigación en Paleobiología e Historia Natural de la Universidad Nacional de Colombia, este descubrimiento complementa los esfuerzos por entender el Mioceno Medio en el norte de Sudamérica y respalda hipótesis previas sobre la presencia de estas aves en la región.
El impacto de este hallazgo trasciende el ámbito científico, ya que también representa una oportunidad para inspirar a las nuevas generaciones de investigadores en Colombia. La participación de instituciones como la Universidad Santiago de Cali y la Pontificia Universidad Javeriana de Cali en este proyecto ha permitido involucrar a estudiantes en actividades de campo y laboratorio, fomentando el interés por la paleontología y la biología evolutiva.
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