Ni era ‘indio’ ni venía del Amazonas: la verdadera historia del famoso tempo del Indio Amazónico

Gracias a Tiktok, la historia del Templo del Indio Amazónico volvió a cobrar relevancia, uno de los lugares más conocidos de la ciudad en el siglo pasado

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Según la herramienta de georreferencia
Según la herramienta de georreferencia de Google, Google Maps, así se ve la fachada actual de la dirección del Templo del Indio Amazónico (Cl. 39 Bis #14-18, Bogotá)- crédito Google Maps

Hace poco se hizo popular un video en Tiktok que relata brevemente la historia del Templo del Indio Amazónico, un lugar ubicado cerca al centro de Bogotá, al que pacientes asistían para ser atendidos por el Indio Amazónico, un hombre que decía tener los conocimientos ancestrales para curar cualquier tipo de malestar físico, emocional o espiritual.

El Indio Amazónico lo curaba todo con sus rituales de chamanismos, santería o brujería, dependiendo de lo que solicitara su cliente.

Luis Antonio Rueda Hernández, conocido como Trymurty Mirachura Chindoy Mutunbanjoy, el Indio Amazónico, tuvo sus inicios en la sencillez de San Vicente de Chucurí, en Santander. Su vida temprana no auguraba lo que se convertiría. Nacido en una familia de seis hermanos, vivió una vida humilde, alejada de la espiritualidad y el misticismo que lo caracterizarían más tarde.

Trabajó como zapatero y solo completó el tercer grado de primaria. Nadie hubiera imaginado que su destino lo llevaría por caminos insospechados.

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El destino de Luis Antonio cambió cuando decidió mudarse a la bulliciosa Bogotá. Allí, fundó la Escuela de Desarrollo Dental (Escodes) y llegó a poseer hasta 35 consultorios dentales en la ciudad. Su enfoque profesional estaba lejos del misticismo, pero su vida dio un nuevo giro cuando se aventuró en el Putumayo. Fue allí donde los indígenas compartieron con él secretos relacionados con brebajes y hierbas, que marcó el inicio de su transformación en el Indio Amazónico.

Bajo el nombre “Indio Amazónico,” Luis Antonio se convirtió en una figura destacada en Bogotá y más allá. Su fama creció gracias a anuncios en periódicos de crónica roja, como El Espacio’ y El Bogotano, donde prometía soluciones a problemas matrimoniales, traiciones, esposos alcohólicos y brujería. Pronto se convirtió en un consultor espiritual muy solicitado por políticos y actores, y creo una clientela que lo adoraba por su supuesta capacidad para resolver todo tipo de problemas y dilemas.

En 1985, el modesto consultorio de odontología en la avenida Caracas No. 39-18 se transformó en el Templo del Indio Amazónico. Los visitantes eran recibidos por una figura de cartón que representaba al Indio y un buda dorado gigante. El interior estaba adornado con imágenes religiosas y pociones mágicas, creando un ambiente que evocaba la selva amazónica, la fuente de su misticismo.

A pesar de las dudas y cuestionamientos que rodeaban su figura, el Indio Amazónico logró acumular una fortuna que se estima en 500 millones de dólares. Sin embargo, no se limitó a acumular riquezas para sí mismo. Más allá de su enriquecimiento personal, mantuvo alrededor de 20 asilos en el país, incluyendo tres en Santander, y apoyó a más de cien madres solteras. También enviaba sumas considerables de dinero a las comunidades indígenas del Amazonas. Su labor social, aunque menos conocida que su fama, era una parte integral de su vida.

La fama y la riqueza del Indio Amazónico atrajeron, según cuenta el relato popular de Bogotá en esa época, amenazas y extorsiones que lo obligaron a abandonar Colombia. Se estableció en Estados Unidos, donde abrió dos sucursales en Los Ángeles y Nueva York, mientras que sus empleados continuaron atendiendo los locales de Bogotá hasta su cierre definitivo en 2003. Sin embargo, su vida, que había estado llena de altibajos y contrastes, tuvo un final solitario y doloroso. Murió de diabetes en Los Ángeles el 4 de marzo de 2011.

A pesar de su muerte, el Indio Amazónico sigue generando interés. En internet, personas que se hacen llamar como él utilizan su nombre y fotografías para promocionar servicios místicos, manteniendo viva la enigmática figura que fue Luis Antonio Rueda Hernández. Su historia es un testimonio de cómo una vida común puede transformarse en una leyenda mítica, llena de contrastes y misterios. Su legado continúa desafiando la realidad y alimentando la curiosidad de aquellos que buscan entender su vida única y enigmática.