El primero de mayo la Aeronáutica Civil informó la desaparición de una aeronave que sobrevolaba el río Apaporis. Según la entidad, la aeronave C206 de matrícula HK 2803, que viajaba con siete ocupantes, entre ellos cuatro menores de edad, notificó una falla en el motor y se declaró en emergencia a las 7:34 a. m. de ese día.
Dos semanas después, fue hallada la aeronave en el departamento de Caquetá. De acuerdo con la información suministrada por el Puesto de Mando Unificado (PMU), el 15 de mayo, en el sitio uno de los ocupantes fue encontrado sin vida. El 17 de mayo, se confirmó que fueron encontrados los cadáveres de los otros dos adultos que viajaban en la avioneta; sin embargo, no había pistas de los menores de edad.
En la tarde de este mismo día, el presidente Gustavo Petro aseguró que los niños habían aparecido con vida y pronto estarían en manos de las autoridades. Sin embargo, con el paso de las horas se descartó este hecho. Desde ese momento, las tareas de búsqueda y rescate, lideradas por el Ejército de Colombia, se han concentrado en los cuatro menores de edad: Lesly Mucutuy (13 años), Soleiny Mucutuy (9 años), Tien Noriel Ronoque Mucutuy (4 años) y Cristin Neriman Ranoque Mucutuy (11 meses).
Muchas personas se preguntan por qué ha sido tan difícil para las autoridades dar con el paradero de los menores, la respuesta a esta pregunta se encuentra en la geografía e historia de Colombia, que tradicionalmente ha dejado fuera de sus prioridades estas zonas del país.

La mayoría de la población en Colombia se ubica sobre los Andes y las costas del país. Esta realidad ha configurado una forma específica de leer y entender al territorio. Regiones como el Amazonas o la Orinoquía, a pesar de su valor estratégico o la presencia de recursos, son desconocidos para los ciudadanos.
La acumulación de conocimientos sobre el territorio nacional está ligada al proceso mismo de colonización, desarrollado entre el siglo XVI al XVIII. Sin embargo, la configuración geográfica de los poblamientos llevó a que la región de la Amazonía fuera uno de los últimos territorios explorados.
Históricamente, los primeros grupos occidentales en entrar en contacto con las comunidades de esta región fueron las congregaciones religiosas, principalmente la Compañía de Jesús, que fue la primera en expandirse sistemáticamente en el territorio amazónico. Aunque previamente existieron esfuerzos de exploración militar por la cuenca del río Orinoco.

No obstante, este proceso se vio truncado con el extrañamiento de los jesuitas en el año 1767, ordenado por el entonces rey Carlos III. Los siguientes intentos por acceder a esta región en Colombia sucedieron hasta la última parte del siglo XIX e inicios del siglo XX, con el auge de la industria cauchera, conocida como la Fiebre del Caucho.
Conforme continuó el siglo XX y se profundizó el conflicto armado interno, la región se volvió clave para los grupos guerrilleros e insurgentes, que encontraron en la selva un espacio para evitar al Estado y concentrarse. De hecho, el estado mayor de las extintas Farc se ocultó durante años en la Serranía del Cibiriquete, próxima al lugar del accidente.
No obstante, la zona del siniestro es aún desconocida, pues gran parte de la atención se centra en el Chiribiquete, el parque nacional más grande del país y declarado en 2018 como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. Son escasos los investigadores que se han desplazado al territorio, aunque la visibilidad ha contribuido a este propósito.

Uno de ellos fue el sociólogo colombiano Alfredo Molano que afirmó en una charla en el Parque Explora en 2011 que, “el Apaporis es un río extraño”. En el evento narró su viaje por la afluente del río Caquetá.
El sociólogo explicó que el río tenía dos características muy especiales, la primera es que está lleno de cachiveras (interrupciones) lo que garantizo que las zonas contiguas fueran poco exploradas y en consecuencia se conservara la selva y las comunidades indígenas no fueran expuestas a demasiados contactos.
La segunda característica de la zona se relaciona con su pertenencia al escudo guyanés, una de las tres regiones tropicales vírgenes del mundo, se trata de un cratón (masa de tierra continental más antigua de la tierra) que se extiende de Colombia a las Guyanas.
Aunque la zona pertenece a la región Amazónica, la historia geológica hace que la región cuente con diferencias significativas frente al resto del ecosistema amazónico. El espacio preserva una enorme biodiversidad, pero al tiempo se diferencia del resto del sistema amazónico, estas diferencias han llevado al Gobierno nacional a desarrollar expediciones científicas que se remontan a medidos de la década del 2010.
La zona no se encuentra poblada, pero las zonas más inmediatas han sido históricamente habitadas por la comunidad Wanano-kotiria. Un grupo indígena conformado por 1.305 personas, según las cifras del censo del 2005 del Dane, pero sus asentamientos principales están ubicados principalmente en el Vaupés. Su lengua hace parte de la familia lingüística Tukano. No obstante, en el departamento de Caquetá también habitan las comunidades Uitoto, Tucano, Cubeo, Desanos, Pijaos, Piratapuyos, Yukuna, Matapí, Tanimuka y Andoque.
Actualmente, el territorio se encuentra amenazado por la deforestación, aunque al tratarse de una zona interior de la selva, la presencia humana es escasa, incluso por parte de grupos armados, que operan en los bordes, con mayor facilidad para conectarse con otras regiones del país.
Parte de las razones por las que se ha dificultado dar con los cuatro menores de edad, además de que es un lugar poco habitado, es que como demuestran Los estudios sobre el paisaje y ecosistemas de las zonas cercanas al Parque del Chibiriquete, realizados por el naturalista colombiano Luis Germán Naranjo, la zona que rodea a la serranía, entre la que se encontraría el área del accidente, se caracteriza por ser bosque denso alto de tierra en clima cálido húmedo.
Los bosques densos son las superficies en las que las copas de los árboles cubren entre el 80% y 100% del terreno, lo que dificulta las tareas de búsqueda por aire. Mientras que el clima cálido húmedo se caracteriza por tener poca variación en las temperaturas.
También se debe destacar los altos niveles de lluvias en la región, Parques Nacionales Naturales de Colombia estima que en la zona la precipitación media anual se encuentra entre los 4.000 y 5.000 milímetros anuales. Por tomar un punto de comparación en Bogotá este promedio es de 1.881 mm, en la capital llueven 181 días del año.
Las constantes lluvias dificultan las labores de rescate en tierra, ya que contribuye a la perdida de los rastros y obstruye el barrido en la zona. El pronosticó del clima estima que durante la semana del 21 al 27 de mayo se presentaran tormentas eléctricas todos los días.
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