La rotonda mágica de Swindon. A pesar de su aspecto caótico, resolvió los problemas de tráfico en la ciudad
La rotonda mágica de Swindon. A pesar de su aspecto caótico, resolvió los problemas de tráfico en la ciudad

Las rotondas también pueden ser mágicas. Swindon, una ciudad del suroeste de Inglaterra, le institucionalizó una épica a un cruce de calles. Bautizó en 1972 "The Magic Roundabout", en homenaje a un programa infantil de televisión de los años sesenta, a una rotonda denominada, en dialecto jurídico, "County Islands Ring Junction" ("Intersección en anillo de County Islands", su traducción). Su connotación mágica responde a la liberación de tráfico que gestiona, alivia y oxigena: una maravilla de la ingeniería vial.

De aspecto caótico y terrorífico, por ella fluye una densidad de tráfico de hasta 6.200 autos por hora. Con 80 metros de diámetro, una gran rotonda de circulación contraria al sentido de las agujas del reloj contiene otras cinco mini rotondas que giran en sentido horario. Este gran óvalo compuesto por cinco rotondas satélite sirve de intersección para seis vías, cinco de ellas rutas: Shrivenham's Road, Queen's Drive, Drove Road, Fleming Way, County Road más la entrada al estacionamiento del County Ground, el estadio de fútbol del Swindon Town F.C.

La rotonda mágica de Swindon es la historia de un plan urbanístico severo, agresivo. En 1963, la ciudad advirtió que la intersección requería de una infraestructura vial más eficiente y prolija: para aquellos años los atascos empezaron a ser recurrentes. El proyecto inicial consistía en emplazar una vía elevada para optimizar el tráfico. Recurrió posteriormente a la British Transport Research Laboratory, una compañía independiente que ofrece consultoría de transporte y servicio de investigación.

El cartel de “The Magic Roundabout”, visto desde el sur, señaliza sentidos de circulación y direcciones
El cartel de “The Magic Roundabout”, visto desde el sur, señaliza sentidos de circulación y direcciones

La empresa propuso una construcción tan excéntrica como dinámica: incorporar dos rotondas ya existentes a una mayor y añadir cinco más reducidas en su radio. El sistema se experimentó en 1971. Se construyó y se inauguró al año siguiente. El objetivo: aliviar la congestión, descomprimir los embotellamientos, reducir la cantidad y el grado de hipotéticas colisiones. El resultado, satisfactorio. La rotonda fue magia, un rotundo éxito para la ciudad, que incrementó los estándares máximos de automóviles que intervienen en los caminos. Desde 5.100 a 6.200 unidades por hora atraviesan la rotonda mágica -seudónimo que ganó popularidad a finales del siglo pasado- con un bajo registro de accidentes para intersecciones de este tipo.

No es pintoresca ni artística, pero su eficiencia reviste carácter de mágica. Los conductores que confluyen en "The Magic Roundabout" no persiguen reglas, solo se dirigen hacia su vía elegida. Respetan, eso sí, normas elementales: seguir las líneas, respetarle el paso a los que ya circulan por la rotonda y dar prioridad al tráfico que circula por la derecha. Una rotonda de seis rotondas: una obra (eficiente) mágica de infraestructura vial.

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