Una reclusa limpiando en una cárcel de mujeres (Archivo)
Una reclusa limpiando en una cárcel de mujeres (Archivo)

Prisioneros de todo Estados Unidos comenzaron una huelga el 21 de agosto que está programada para que se alargue hasta el próximo domingo. Los organizadores de la huelga están alentando a sus compañeros presos a negarse a trabajar y a participar en otras formas de protesta pacífica. Todo eso servirá como una muestra de apoyo a diez demandas.

Es difícil saber exactamente cuántos presos están participando en la huelga. Las prisiones son entornos cerrados, aislados del mundo exterior, pero los funcionarios de prisiones estatales en Indiana, Nevada y Carolina del Norte ya han reconocido la huelga, y hay informes creíbles de acciones en varios otros estados. La huelga es probablemente una de las más extensas en la historia de la nación.

Los prisioneros prácticamente no tienen otra forma de expresar sus agravios. No pueden formar organizaciones sin la bendición de los funcionarios de prisión. En algunas prisiones, incluso las peticiones están prohibidas. Y en todos los estados, excepto Maine y Vermont, los presos condenados se ven privados del derecho al voto, a veces incluso después de haber cumplido su condena. Restaurar el voto a todos los ciudadanos, incluidos los encarcelados, es una de las demandas de los huelguistas.

Otras demandas piden mejores condiciones carcelarias y mayores oportunidades de rehabilitación. Pero el llamado de esta huelga pretende detener el trabajo y poner fin a lo que los organizadores llaman "esclavitud en prisión", algo que ha despertado la mayor atención.

La Decimotercera Enmienda abolió la esclavitud y la servidumbre involuntaria, pero su cláusula de exclusión especifica que la enmienda no se aplica al "castigo por un delito del cual la parte debe haber sido debidamente condenada". La disposición se ha utilizado para exigir que los reclusos condenados trabajen por poco sueldo o incluso sin pago, y pueden ser castigados si se niegan.

Según mi experiencia, la mayoría de los reclusos quieren trabajar. Quieren hacer algo productivo con su tiempo. Los trabajos de la prisión van desde la lavandería hasta el mantenimiento de los jardines. Desde barrer el bloque de celdas hasta preparar comidas para prisioneros. Los trabajos, a menudo, tienen un efecto muy positivo: pueden enseñar habilidades y desarrollar la autoestima, así como proporcionar un descanso de la monotonía aplastante de la vida en la prisión. Pero dada la gran disparidad de poder entre los presos y sus empleadores, también existe un potencial real de explotación y abuso.

Las leyes que protegen a los trabajadores en el mundo exterior no se aplican en la prisión, y si los presos resultan heridos o mueren en el trabajo, en la mayoría de los estados no hay una indemnización laboral. Su capacidad para recuperar una indemnización en los tribunales está severamente limitada. Todos estos factores combinados hacen que los prisioneros sean una fuerza laboral única y vulnerable.

Entonces, ¿está bien exigir que los presos trabajen sin paga, como lo hace Texas? ¿O pagar a los presos 15 centavos por hora (Arizona), o 19 centavos por hora (Pensilvania)? Los prisioneros que combaten los incendios forestales de California –un trabajo extraordinariamente peligroso que ha matado al menos a seis bomberos en lo que va de año- reciben USD 1.45 por día.

Muchos trabajos en las prisiones son ansiosamente buscados, incluso a estos salarios exiguos. Pero eso no significa que no deberíamos repensar la forma en que tratamos a los trabajadores prisioneros. Uno de los principios rectores más importantes en las correcciones modernas es la "normalización": la idea de que el entorno penitenciario debe, en la medida de lo posible, asemejarse a la comunidad a la que regresarán la mayoría de los presos. En el mundo exterior, a las personas se les paga por su trabajo y se les recompensa por su buen desempeño laboral. No hay razón para que los trabajos en prisión no funcionen de la misma manera.

También alentamos a las personas a planificar el futuro, incluido el ahorro de dinero para sus necesidades futuras. Muchos presos salen de prisión sin un centavo. A menudo luchan por encontrar empleo, enfrentando una discriminación feroz en el mercado de trabajo. Encontrar vivienda es un desafío similar. Algunos ex presos se quedan sin hogar y, abrumados por estos desafíos, muchos regresan a la cárcel en poco tiempo.

¿Por qué no pagar a los prisioneros un salario real, para que puedan ahorrar para el futuro y construir un nido para su eventual liberación? Los beneficios, con un reingreso exitoso, menor reincidencia y menor sufrimiento humano, serían enormes.

El apoyo para elevar los salarios de los prisioneros proviene de una fuente inesperada: los administradores de las prisiones mismas. En 2016, la Asociación Correccional Estadounidense, la voz de los profesionales de correccionales de Estados Unidos desde 1870, aprobó una resolución en la que pedía la derogación de la cláusula de exclusión de la Decimotercera Enmienda. La asociación denunció "la aplicabilidad histórica de la esclavitud y la servidumbre involuntaria como un castigo aceptable para los condenados por crímenes". Si la gente que dirige nuestras prisiones piensa que es hora de darles un aumento a los prisioneros, tal vez es que ha llegado el momento.