Guillaume Faury, director general de Airbus, junto a un modelo Airbus A220 (Bloomberg / Christophe Morin)
Guillaume Faury, director general de Airbus, junto a un modelo Airbus A220 (Bloomberg / Christophe Morin)

Los dos mayores fabricantes de aviones del mundo son unos feroces rivales que no quieren oír hablar de geopolítica, aunque eso les proporcione una ventaja.

El director ejecutivo del fabricante estadounidense Boeing Co. y el jefe comercial de su rival Airbus SE no quieren beneficiarse de la guerra comercial del presidente Donald Trump con China. Están de acuerdo en que nada bueno saldrá de la tensión que ha cobrado impulso en las últimas semanas.

El director general de Boeing, Dennis Muilenburg, argumentó que encontrar una solución a la disputa es esencial porque la industria aeroespacial depende del libre flujo de bienes. Su postura fue secundada por Guillaume Faury, que dirige la operación de Airbus para la fabricación de aviones de líneas aéreas en todo el mundo, utilizando piezas enviadas desde decenas de países.

"No habrá ganador si hay una guerra comercial en todo el mundo", apuntó Faury en una entrevista con Bloomberg Television. "La aviación seguirá siendo internacional. Estamos ubicados en Estados Unidos, en Europa, en China, hacemos negocios en esos bloques".

Airbus y Boeing están metidos en un duopolio global para la mayoría de sus aeronaves, por lo que cualquier desequilibrio puede ofrecer una ventaja al otro lado. Aunque Muilenburg remarcó que el riesgo de que Airbus se beneficie de la actual disputa comercial es "una preocupación que tenemos", descartó la idea de cualquier cambio repentino en el orden o los patrones de retraso porque la industria es a largo plazo y Boeing tiene una presencia establecida en China.

Aerospace es el mayor generador de superávit comercial en Estados Unidos y proporciona trabajos clave de fabricación, mientras que China depende de aviones extranjeros para ayudar a impulsar el crecimiento económico, de acuerdo a las palabras del directivo de Boeing.

"Estamos preocupados por algunas de las discusiones sobre el comercio que se están llevando hoy en día", señaló el CEO en una entrevista en Bloomberg Television. "Nuestro negocio aeroespacial prospera gracias al comercio mundial libre y abierto, y esperamos encontrar soluciones alternativas a algunas de las discusiones arancelarias que se están llevando a cabo".

Boeing generó el 13 por ciento de sus ventas en China el año pasado, frente al 7 por ciento en 2011. Las ventas en la región durante ese tiempo aumentaron más del doble. La compañía con sede en Chicago se encuentra en un fuego cruzado directo de las medidas de represalia entre Estados Unidos y China. Pero Trump también arremetió contra Europa en el comercio y dijo que es un "enemigo" cuando se trata de comercio.

Además de sus relaciones con China, Boeing también puede confiar en su proximidad al gobierno de Estados Unidos. La compañía tiene "un asiento en la mesa" ya que trata de contribuir a la solución de la disputa comercial, según Muilenburg. "Nuestra voz está siendo escuchada".

Los dos gigantes aeroespaciales se enfrentaron en el evento Farnborough, que alterna con París el escaparate más grande del año para pedidos y anuncios en el mundo de la aviación.

En el pasado, han intercambiado acusaciones en la Organización Mundial de Comercio sobre los subsidios del gobiernos. Las quejas de Boeing a Estados Unidos sobre los subsidios estatales a Bombardier provocó que el el jet de la Serie C del fabricante de aviones canadiense acabara en manos de Airbus. El fabricante con sede en Toulouse (Francia) ahora está tomando pedidos de ese avión, apodado A220, en Farnborough.

Airbus podría llegar a acuerdos para sus aviones A320neo y A350, mientras los inversores esperan una actualización de Boeing sobre un nuevo avión que se ubicaría entre sus aviones 737 y 787. Muilenburg reiteró en la entrevista que la compañía quiere tomar una decisión el próximo año sobre el nuevo avión, apodado 797, y confía que sería una realidad den 2025.