Muchos estadounidenses creen en fantasmas, ¿qué nos dicen sus historias?

Por Caitlin Gibson

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Lo vieron solo una vez. Eso fue antes de que Linda Roberts-Antinoro y su esposo, Mike Antinoro, se mudaran a la histórica casa de piedra rodeada de colinas y un pintoresco arroyo.

Cuando visitaron la propiedad de Maryland, en una ventosa tarde de enero de 1990, se quedaron mirando la casa, cerrada y vacía, y notaron una figura sombría en la ventana, justo sobre la puerta principal.

Linda no dijo nada. Su esposo era un bombero de la ciudad de Nueva York, un tipo sensato. "Probablemente solo sean reflejos de los árboles", se dijo a sí misma Linda. Pero entonces, Mike se volvió hacia ella y perplejo le preguntó: "¿Acabas de ver algo en la ventana?". Ella sintió un escalofrío.

Durante los más de 25 años que vivieron allí, se acostumbraron al sonido ocasional de pasos cuando nadie estaba arriba o la inexplicable reubicación de una vela de la repisa de la chimenea a otros rincones de la sala.

Y bueno, esa es toda la historia. Linda y Mike nunca más volvieron a ver al fantasma.

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Hay cientos de películas de terror y folclore sobrenatural, pero la verdad es bastante decepcionante porque muchas historias reales sobre fantasmas estadounidenses son solo un poquito… aburridas. Demasiado sutil o ambiguo como para convertirse en material de leyenda. Sin embargo, estos son los más omnipresentes: la mayoría de nosotros conocemos a alguien que cree que alguna vez ha visto algo.

Alrededor del 45 por ciento de los estadounidenses cree en fantasmas, de acuerdo con una encuesta de 2013 realizada por The Huffington Post y YouGov. La investigación de Pew muestra que el 18 por ciento de los adultos estadounidenses están convencidos de que han visto o han estado en presencia de un espíritu.

Colin Dickey, autor de Ghostland: An American History in Haunted Places, y su esposa organizan fiestas anuales de historias de fantasmas: "Todo el mundo es un poco escéptico, hasta que salen las primeras dos historias. Entonces todo el mundo parece tener una historia. Esa es la duradera popularidad de este género, porque mucha gente tiene algún relato que no puede explicar del todo y no lo quiere descartar sin más".

Ashley Jones, una arborista de 28 años de Gaithersburg (Maryland), es una de ellas. La joven creció, al igual que sus 15 primos, en la histórica granja de su abuela, en la costa este de Maryland.

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Cuando era niña, a menudo, dormía en el salón principal de la granja. Ahí es donde se despertó en mitad de la noche y vio una figura blanquecina y traslúcida de un hombre que pasaba a grandes zancadas junto a ella. Iba vestido con un uniforme y un sombrero de copa. En otra ocasión, se despertó para ver la misma aparición, esta vez acompañada de una mujer fantasmagórica con un vestido largo. En ambas ocasiones, dice, se obligó a cerrar los ojos y volver a dormirse, convencida de que debía tratarse de un sueño.

"No quería que me vieran como la loca de la familia, así que no se lo dije a nadie", comenta.

Pero las cosas seguían sucediendo en aquella casa. Unos vagones de tren de Navidad que, de repente, empezaron a funcionar sin que nadie los encendiera, el sonido de las escaleras crujiendo cuando nadie caminaba por encima de ellas… Entonces, una de sus primas, que había dormido en la misma habitación, confesó una mañana que se había despertado durante la noche y había visto a un hombre pálido y reluciente sentado en la sala y con un sombrero de copa.

"Se me hizo un nudo en el estómago. No había forma, sin que nadie supiera que lo había visto, de que llevara el mismo atuendo", relato

Jones nunca supo la historia exacta de la granja de su difunta abuela, que se vendió el año pasado, ni tampoco sabía la identidad de los residentes que pudieron haber vivido allí hace mucho tiempo. Pero Dickey piensa que muchas historias de fantasmas son alimentadas finalmente por nuestra curiosidad sobre aquellos que nos han precedido y que esas apariciones revelan más acerca de las personas que lo que se percibe del fantasma en sí mismo.

(Burger King)
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Fay Hobbs Manthey siempre ha sabido que su casa, un apartamento en el tercer piso de un edificio histórico en North Fairfax Street en Old Town Alexandria (Virginia), fue en el escenario de una tragedia en 1879. Laura Schafer murió allí el día de su boda, cuando las brasas de un fuego incendiaron su traje mientras se vestía para la ceremonia. El edificio, propiedad de Manthey desde hace 15 años, es una parada popular en los tours locales de fantasmas.

Otros visitantes, y especialmente los inquilinos del espacio comercial de la planta baja, han informado sobre experiencias extrañas: ruidos, silbidos en el aire, calor y frío extremo…

Sin embargo, Manthey nunca ha sido testigo de nada.

"Sé que es una corazonada porque sé la historia", explica ella.

Jennifer Cornell, que trabaja en el desarrollo de negocios en Orlando (Florida), también tiene la certeza de que el antiguo residente del bungaló, de los años veinte, en el que vive todavía está presente allí. Un vecino del otro lado de la calle le contó todo acerca de Ella, la viuda anciana que vivió y murió en la casa a finales de la década de los sesenta, e incluso le mostró algunas fotografías.

Eso ayudó a Cornell a dar sentido a ciertos fenómenos inexplicables en la antigua casa de Ella. Cornell, una vez, vio como una toalla de baño se columpiaba violentamente de un gancho "pero no había ninguna corriente en la casa". Sus perros, a veces, caminaban y miraban en un cuarto trasero vacío, como si estuvieran mirando a alguien. Las luces se apagaban ocasionalmente sin motivo aparente.

Pero Cornell encontró todo esto extrañamente reconfortante: "Siempre me he sentido protegida aquí". Ahora, la casa se ha vendido y pronto será demolida. Cornell está pensando en mudarse a Nueva York. "Ya le dije a Ella que puede venirse conmigo si así lo desea", bromea.

 
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