La cifra de suicidios creció un 22% en España por tercer año consecutivo y los suicidios en las vías del metro son cada vez más habituales.

Detrás de los avisos de incidencias en el metro, se esconde a menudo el suicido. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2015 la cifra de suicidios creció un 22% en España por tercer año consecutivo. Un 75% fueron hombres. Detrás de las estadísticas están las personas, sus vidas, y las vidas de quienes les rodean. Cada día 19 españoles se quitan la vida.

Hablando con personas que han vivido este tipo de situaciones conocí la historia de Javi*. Javi tenía 18 años cuando esta historia acabó con su vida. Su novia había decidido poner fin a su relación. Él la amenazó. Le dijo que si no volvía con él se quitaría la vida. Le mandó un mensaje por Whatsapp antes de tirarse al tren. Hace ya cuatro años de eso. Los padres estaban tan afectados que no pudieron identificar a su hijo. Lo hizo su primo. Le mostraron una ampliación de la imagen de los restos mortales y lo pudo identificar gracias a su camiseta. Historias como esta pasan más a menudo de lo que parece.

“Lo más problemático para los supervivientes es no tener respuesta a un por qué, y el sentimiento de culpabilidad ante el hecho de no haber podido hacer nada para salvar sus vidas”

Según nos explica Jordi García, psicólogo de emergencias y experto en traumas, en general, sobre el 80% de las personas expuestas a un suceso traumático se acaban recuperando de forma espontánea con el paso del tiempo. La muerte por suicidio es la que genera más impacto en los familiares, solo por detrás de las muerte por homicido. Son numerosísimos los casos en los que se requiere entonces abordaje psicológico y farmacológico, y aún así la tristeza perdurará. Lo más problemático para los supervivientes, nos explica, es no tener respuesta a un por qué, y el sentimiento de culpabilidad ante el hecho de no haber podido hacer nada para salvar sus vidas.

El suicido en el metro es uno de los métodos utilizados en grandes ciudades, pero no es un método infalible. Los suicidas tienden a programar su acción, aunque ejecutan luego un acto a menudo impulsivo", nos dice Jordi García. Es por eso que en algunas estaciones han decidido adoptar medidas ante este problema y han implantado un sistema de paneles con conexión rápida con el personal de la estación con mensajes como: "Si no te encuentras bien llama al timbre". Jordi nos dice que ofrecer esta ventana abierta puede ayudar a disipar la acción y a no llegar hasta el final, al igual que la colocación de mamparas protectoras justo a pie de andén. Poner trabas ayuda a reducir la impulsividad del acto.

Uno de los hechos que más me llaman la atención es que se suicidan mas hombres que mujeres, pero a su vez, lo intentan más mujeres que hombres. Según García esta conducta tendría una explicación. Los hombres son más impulsivos y más dados a la acción que las mujeres. Las mujeres, en cambio, son más propensas a la parte emocional y a confeccionar una red efectiva de apoyo.

El miedo al efecto dominó ha hecho que en los medios convencionales no se hable de ésta práctica. Aún así, España se encuentra en la cola de los suicidios. Groenlandia es el país con la tasa más elevada de suicidios por habitante con un promedio de 83 suicidios por cada 100.000 personas. En segunda posición se situaría Rusia (34,3) seguida de Lituania (31,0) y Kazajistán (31,0). España se sitúa en 58ena posición con un índice de 8.2. Pero ¿ayuda la no información a frenar casos de suicidio? Según el mismo Jordi García la comunicación es muy importante en la mayoría de los casos.

Muchos familiares de las víctimas intentan en primer término esconder una muerte por suicidio detrás de un accidente. No pueden entender que esto haya sido un acto voluntario y no creen que hayan podido hacer esta atrocidad. El protocolo a seguir por los psicólogos cuando comunican el suicidio de una persona próxima es cerrar todos los ventanales para intentar evitar una reacción irreflexiva por parte de los receptores de la noticia.

“Es importante que los medios hablen de este problema la información bien usada es una buena herramienta para cambiar la sociedad”

Cecilia Borràs sufrió la pérdida de su hijo adolescente, que decidió quitarse la vida saltando a las vías. Ahora, con su coraje y serenidad, ayuda a centenares de personas que pasan por lo que ella pasó. Preside la DSAS, la asociación española de familiares de suicidas. La fundó al darse cuenta que no existía ninguna agrupación especializada en el tema y básicamente sus principales funciones radican en ayudar a los supervivientes a convivir con el duelo que supone una pérdida de estas características.

"Es importante que los medios hablen de este problema –nos comenta- la información bien usada es una buena herramienta para cambiar la sociedad. Hacer pedagogía sirve para eliminar falsos mitos y creencias respecto al suicidio. No es un acto de libertad, tampoco lo hacen para llamar la atención. Siempre hay unas señales de alerta que nos indican que hay algún problema. Por ejemplo, si vemos una persona de nuestro entorno que durante una temporada está triste y hay cambios en su actitud, puede ser un indicio para permanecer en alerta. Las señales de despedida también son habituales antes de cometer el acto. Necesitan dejar las cosas en orden. Cuando te dan la noticia el mundo se para por un instante. Es una incredulidad bestial y constantemente te preguntas si es verdad lo que está pasando. Después es terrible. No sabes si podrás remontar tu vida. Más adelante aceptas lo sucedido, tus valores cambian y ves las cosas desde una perspectiva distinta".

Uno de los colectivos afectados por los suicidios en el tren, a parte de los policías, los forenses y los jueces, son los bomberos. Ellos son los encargados de sacar los cuerpos que se han quedado atrapados debajo de los trenes. El protocolo es el siguiente: El maquinista llama a la compañía y se activan los teléfonos de emergencias y ahí es cuando entran los equipos de bomberos. Anna Sevilla, psicóloga del grupo de emergencias médicas de bomberos explica que desgraciadamente tienen servicios de estas características muy a menudo y por eso el personal está muy preparado para atender casos de este tipo. A pesar de ello, explica que solo se activan protocolos psicológicos especiales para los bomberos que tienen que atender este tipo de casos cuando estos implican a conocidos, menores o es un accidente con víctimas múltiples.

Es difícil encontrar un testimonio que haya sufrido algún tipo de conducta suicida y que quiera explicarlo. Después de mucho buscar, conocí a Lucía*, una chica que tuvo que ser tratada a nivel psicológico por un comportamiento de alto riesgo.

"Me intenté suicidar dos veces. Tenía 17 años, y me acababa de dejar mi novio. Exploté cuando vi que dos días después de dejarme se estaba enrollando con otra. Luego me enteré de que la relación con 'la otra' tenía más de dos días de largo. Salí corriendo sin ninguna dirección en concreto. Sólo sabía que quería morir. Cogí una botella de Xibeca del suelo, la rompí en mil pedazos y me empecé a cortar con uno de los trozos. Me hice un corte bastante profundo y me empecé a marear. Un amigo en común se dio cuenta de lo que estaba pasando y llamó a mi ex. Con mi chantaje conseguí que me acompañase al ambulatorio. Allí me curaron la herida y me derivaron al psicólogo. La segunda vez fue unos meses después. Recaí en mi depresión. No encontraba un lugar para mí. Mi vida no significaba nada. Creo que en verdad nunca he querido morir. Simplemente llamar la atención de los demás. Se me pasó por la cabeza tirarme a las vías del tren, pero era demasiado asqueroso, y me asustaba la idea de quedar triturada en mil pedazos. Una vez vi como un chico se tiraba. Esta imagen se me quedó marcada".

*Se han cambiado los nombres para mantener su privacidad.

Publicado originalmente en VICE.com