Charlamos en persona con un médico de los muertos.

Todos vamos a morir en algún momento. Quizá a alguno de los que estáis leyendo esto os llegue la hora mañana. Lo siento, en serio. En cualquier caso, lo máximo a lo que podemos aspirar es a palmarla mientras dormimos tras haber vivido una larga y placentera vida. Lo que quieres evitar a toda costa es acabar en la mesa de un médico forense, porque eso significaría que algo ha salido horriblemente mal y que hay gente investigando por qué no sigues con vida.

La muerte —sobre todo si se produce en circunstancias antinaturales— ha sido siempre un tema que causa gran fascinación. Sin embargo, y pese a la obsesión generalizada por los crímenes reales, los procesos jurídicos y las series de televisión basadas en titulares sensacionalistas, la mayoría sabemos muy poco de la verdadera labor de los médicos forenses. Decidí contactar con el Dr. William Clarke, forense del distrito de East Baton Rouge, en Luisiana, para saber cómo es el día a día de alguien que se gana la vida rajando y perforando cadáveres.

Esta entrevista ha sido editada para mayor claridad.

VICE: ¿Qué es lo más turbador que te has encontrado en la mesa de autopsias?
Dr. Clark: Como imaginarás, esa es seguramente la pregunta más frecuente en mi trabajo. No sabría decirte si hay algo que resulte más perturbador, porque trabajamos a diario con cadáveres de personas que han muerto generalmente en circunstancias violentas, ya sea por accidente, homicidio o suicidio. A veces la causa es indeterminada. En cualquier caso, en todos estos ejemplos, la muerte les llega antes de tiempo, y para mí eso es lo realmente turbador, el hecho de que se trate de muertes prematuras.

Dime la verdad: ¿alguna vez bromeáis sobre los tatuajes horribles que lleva el difunto, el tamaño de sus genitales o cosas por el estilo?
De ningún modo. Es más, tratamos a los difuntos con toda dignidad. Nuestro trabajo es averiguar qué les ha ocurrido basándonos en los indicios que rodean su muerte. Estamos investigando un suceso de naturaleza delictiva.

¿Alguna vez almorzáis en la morgue, como en las series de televisión? Parece un hábito poco higiénico. Además, hay riesgo de contaminar las pruebas.
La morgue es un laboratorio científico, por lo que nos ceñimos a los protocolos habituales en estos entornos. Sería igual de extraño que ver al cirujano que te va a operar de apendicitis comiéndose un bocadillo durante la intervención.

¿Qué hacéis con todos los órganos que retiráis a los cadáveres? ¿Alguno se dona?
Por lo general, los órganos que extraemos se someten a un examen general. A veces tomamos muestras para hacer estudios histológicos, que es cuando las examinas con el microscopio. Una vez completados estos dos exámenes, volvemos a introducir los órganos en el cuerpo, que a su vez se envía a la funeraria para que lo preparen para la incineración, el embalsamamiento o el entierro, según proceda. Los órganos de un cadáver que llega a mi mesa ya no son aptos para la donación. Sí que es posible donar tejidos de un difunto, pero de eso se encargan en otro departamento. Si están al tanto del caso, el difunto lo había autorizado y la familia está de acuerdo, se procede a la extracción. Pero en el caso de órganos como un riñón, la extracción debe hacerse antes de que el donante muera, ya que el órgano debe seguir recibiendo sangre y oxígeno hasta el momento de extraerlo.

Háblanos de las diferencias entre lo que aparece en las películas y las series y la realidad de vuestra profesión.
Bueno, sin duda hay un montón de cosas ficticias en los medios. Estamos en el sur de Luisiana, donde se realizan muchos rodajes para cine y televisión, por lo que nos llegan muchas peticiones para usar la morgue como plató fuera de las horas de trabajo. Cuando les pregunto por la escena, siempre me cuentan una situación totalmente irreal.

Casi siempre hablan de ese momento emotivo en el que llevan a algún familiar del difunto a la sala de autopsias, donde levantan una sábana blanca y le muestran el cuerpo para que lo identifique.

En un funeral, los cuerpos se embalsaman y retocan con maquillaje para darles un aspecto más agradable. Esto es un laboratorio científico, por lo que el cuerpo presenta un aspecto más natural y no tan agradable. No hay razón alguna para hacer pasar a la familia por el mal trago de verlo.

Otro aspecto muy poco realista es lo rápido que pasan las cosas en la tele. Se comete un crimen, se examina la escena, ponen anuncios y cuando continúa la serie, ya han cogido al malo. En la vida real se requiere bastante más trabajo y tiempo para atrapar al autor de un crimen.

Luego están las conversaciones científicas que aparecen en muchas series. Para las más interesantes, suele venir algún representante a hacernos consultas para elaborar el guion y la escena. Yo les cuento qué cosas son invenciones por Hollywood y cuáles son reales. Más tarde, en el producto final, veo que han aplicado lo que les hemos dicho. Lo cierto es que casi siempre que nos consultan, la escena es bastante fiel a la realidad.

¿Crees que te has vuelto insensible ante las muestras de violencia en la cultura pop después de tanto tiempo trabajando con cadáveres?
No creo que llegues nunca a insensibilizarte. Quizá puedas acostumbrarte a algo que haces a diario, pero eso no significa que te vuelvas insensible.

Llevo 17 años trabajando en el campo de la medicina de urgencias y cinco como forense. En todo ese tiempo he visto de todo.

¿Qué es lo más increíble que has encontrado en el estómago o en algún orificio de un cadáver?
La verdad es que no hemos encontrado nada raro.

¿A qué parte del trabajo te costó más acostumbrarte cuando empezaste?
No sabría decirte. He vivido experiencias muy traumáticas a lo largo de mi trayectoria, y luego empecé a trabajar como forense, así que podría decir que estoy casi curado de espantos.

¿Cómo dirías que ha afectado tu profesión a la forma en que percibes tu mortalidad?
Sin duda la tengo más presente, aunque creo que más que por mi muerte, me preocupo más por la de mi familia.

He desarrollado una nueva preocupación: cada vez que oigo que mi equipo de investigación se dirige al lugar de un accidente de tráfico en la interestatal, no puedo evitar pensar, Dios mío, espero que no sea nadie de mi familia. Siempre te queda esa cosilla en el estómago y para quedar tranquilo haces un par de llamadas. "Hola, ¿qué tal? ¿Todos bien? Vale".

Irónicamente, este trabajo hace que aprecies más la vida porque te das cuenta de que la muerte puede llegarte en cualquier momento, sin avisar.

¿Qué no quieres que hagan con tu cuerpo cuando mueras?
Bueno, para empezar, espero vivir muchos años más, y que la gente a la que quiero también viva por muchos años. Una vez muerto, no me importa lo que hagan con mi cuerpo.

Publicado originalmente por VICE.com