Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional y autoproclamado presidente provisional de Venezuela,  y Nicolás Maduro, presidente reelecto en 2018 en elecciones cuestionadas
Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional y autoproclamado presidente provisional de Venezuela,  y Nicolás Maduro, presidente reelecto en 2018 en elecciones cuestionadas

Mientras la situación política y social en Venezuela continúa deteriorándose y el líder de la Asamblea Nacional y autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, sigue cosechando apoyos internacionales por sobre el chavista Nicolás Maduro, reelecto el año pasado en elecciones fuertemente cuestionadas, dos indicadores contundentes permiten comprender cuál es la situación actual del país latinoamericano y por qué ha crecido tanto el rechazo régimen.

Se trata precisamente de dos fracasos rotundos del gobierno de Maduro en dos áreas clave: la mortalidad infantil y las solicitudes de asilo de parte de venezolanos.

En el primer caso, expresado como la probabilidad de morir de los niños de hasta 5 años de edad cada 1.000 nacimientos, se trata de un indicador esencial para medir la situación socioeconómica y sanitaria de un país, y tiene una fuerte relación con los niveles de pobreza y de acceso a la salud.

De mayor preeminencia en el África Subsahariana, la mortalidad infantil ha estado reduciéndose en todo el mundo en las últimas décadas y gracias a políticas coordinadas de gobierno de diferentes niveles, y esto también ha ocurrido en América Latina.

La alguna vez rica Venezuela, de hecho, solía ostentar niveles por debajo del promedio regional. Pero a partir del 2011 la mortalidad infantil comenzó a subir y para 2014, cuando Nicolás Maduro ganó las elecciones presidenciales y asumió su primer mandato, tras las muerte de Hugo Chávez, el indicador ya estaba en el promedio para América Latina.

Pero no paró allí, y siguió creciendo hasta alcanzar casi el doble de la región en 2017, de acuerdo a datos del Grupo Interinstitucional de las Naciones Unidas sobre la Estimación de la Mortalidad en la Niñez, dependiente de la UNICEF, que regularmente monitorea la situación establece aproximaciones cuando los datos oficiales, como en el caso de Venezuela, no son creíbles.

La solicitudes de asilo también se dispararon a partir del 2014 y con la llegada de Maduro, ex vicepresidente y canciller devenido en sucesor y líder del chavismo tras la muerte de, precisamente, Hugo Chávez. Ese año 4193 venezolanos pidieron asilo en países extranjeros, luego de más de una década de valores anuales cercanos a las 1.000 solicitudes.

Tras la autoproclamación de Guaidó las fuerzas chavistas reprimieron con dureza a los venezolanos que salieron a las calles en rechazo del gobierno de Maduro
Tras la autoproclamación de Guaidó las fuerzas chavistas reprimieron con dureza a los venezolanos que salieron a las calles en rechazo del gobierno de Maduro

Fue sólo el comienzo. En 2015 hubo 10.380 solicitudes, un año después fueron 34.384 y en 2017 los pedidos de asilo aumentaron a 112.328. Los principales destinos fueron Estados Unidos, Brasil, Perú y España, aunque también hubo importantes pedidos a Costa Rica y Colombia, entre otros, de acuerdo a datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

La cifra es notable y la tendencia alcista coincide con la llegada de Maduro al poder, durante cuyo gobierno se ha potenciado la crisis socioeconómica con enormes caídas del PBI, una pobreza del 80%, inflación que se calcula por encima del millón por ciento, un deterioro general de la infraestructura y un auge de la violencia en las calles.

Aún así, las solicitudes de asilo tampoco son representativas del éxodo venezolano que ha resultado de esta debacle. Hasta agosto de 2018, se calculaba que 3.029.240 de personas habían abandonado el país de diferentes maneras y con distintos destinos entre los que destacan Colombia (1.100.000), que cuenta con una extensa frontera con Venezuela, Perú (410.000) y Estados Unidos (390.000).

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