
El papa León XIV visitará Uruguay, Argentina y Perú en su primer gran viaje desde que se sometió a una operación de pulmón el mes pasado.
Doce días, doce vuelos en avión, dos viajes en helicóptero. Nueve misas y 36 discursos. En un lapso de seis horas, un vuelo a una ciudad situada a más de 3000 metros sobre el nivel del mar para oficiar un servicio de oración y bendición, y otro a la selva amazónica para celebrar una misa.
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Es un programa que pondría a prueba a cualquiera, y mucho más al papa León XIV, de 71 años, a quien hace menos de cuatro semanas le diagnosticaron cáncer de pulmón y se sometió a una intervención quirúrgica para extirparle un lóbulo del pulmón derecho.
Sin embargo, este es el itinerario que le espera a León cuando parta este viernes hacia Latinoamérica, donde se reunirá con decenas de políticos, diplomáticos y obispos, además de visitar una prisión, universidades e instituciones para personas mayores y con discapacidad. Las fuertes lluvias relacionadas con el fenómeno de El Niño podrían azotar algunos de sus destinos.
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León comenzará su viaje en Uruguay, un país mayoritariamente laico donde la ambivalencia respecto al catolicismo podría ser un presagio de la que se vive en Latinoamérica, región en la que la participación en la fe está en declive. El domingo visitará Argentina, la patria de su predecesor, Francisco, quien nunca regresó a su país natal como papa. Por último, el miércoles hará una especie de regreso a casa a Perú, donde pasó la mitad de su vida sacerdotal --y se naturalizó ciudadano peruano-- antes de ser elegido pontífice el año pasado.
Pero quizá los aspectos más observados de cerca en el viaje sean la salud y la resistencia del papa, y cómo se las arregla para lidiar con el ritmo de trabajo tan intenso.
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León salió del hospital pocos días después de su operación y se mostró con buena salud durante las oraciones en la plaza de San Pedro de Roma al día siguiente. Desde entonces, ha celebrado reuniones diarias, asistió a audiencias generales en la plaza e incluso hizo algunos pases con un balón de baloncesto mientras se reunía con los equipos de ese deporte de su alma máter, la Universidad de Villanova, y sus rivales de la Universidad de Notre Dame, que se encontraban todos en Roma el pasado fin de semana.
En los días inmediatamente posteriores al diagnóstico del papa, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, insinuó que el papa podría tener que "reajustar" el viaje. Pero a finales del mes pasado, el médico del papa afirmó que León no necesitaría más tratamiento y le autorizó a viajar sin modificaciones en el programa que estaba previsto. En un comunicado, en el que se citaba a Luigi Carbone, médico personal del papa, el Vaticano dijo que "el papa está siguiendo las recomendaciones médicas con gran cuidado y diligencia".
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Los amigos del papa afirmaron que él no quería posponer el viaje.
"Cuando se compromete a algo, se compromete de verdad", dijo Arthur Purcaro, teólogo de la Universidad de Villanova que ejerció como misionero agustino en la región andina de Perú junto a León antes de que fuera papa.
Probablemente, León era consciente de lo mucho que los anfitriones invierten en la planificación de las visitas papales, según Peter M. Donohue, rector de Villanova, que es amigo del papa desde que ambos eran estudiantes en la universidad. "Conociendo el tipo de persona que es, creo que pensaría algo así como: 'No quiero defraudarlos'", dijo Donohue.
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Fuentes oficiales del Vaticano afirmaron que no habría medidas especiales por motivos de salud del papa, aunque irá acompañado de su séquito internacional habitual.
"Contará con toda la atención médica necesaria a bordo por si ocurriera algo", dijo María Montserrat Alvarado, responsable del departamento de comunicación del Vaticano. "Pero no vemos indicios de ello ni en su pronóstico ni en su comportamiento".
En Perú, Juan José Dioses, portavoz de la archidiócesis de Lima, dijo que las autoridades locales estaban programando los desplazamientos de León XIV en el llamado «papamóvil» --el vehículo desde el que el papa saluda a los fieles en las calles-- para que no tuviera que permanecer de pie durante mucho tiempo. Y, al menos en un lugar de Lima, según Dioses, el papa podrá utilizar un ascensor en lugar de subir escaleras.
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Aunque la agenda oficial del papa no ha cambiado desde su operación, sus asesores podrían intentar incluir tiempo de descanso adicional para él durante el viaje, señaló Francesco Facciolo, expresidente de la Sociedad Italiana de Cirugía Torácica. "En lugar de descansar un cuarto de hora, puede tomarse 25 minutos o media hora", dijo Facciolo, que no forma parte del equipo médico del pontífice.
Los temores sobre la salud de León durante el viaje pueden deberse a estereotipos sobre la gravedad de su enfermedad. "Creo que existe la falsa impresión de que, si te diagnostican cáncer de pulmón, estás condenado", dijo Lecia Sequist, oncóloga torácica del Mass General Brigham Cancer Institute y profesora de la Facultad de Medicina de Harvard. Pero "cuando los cánceres se detectan a tiempo", como fue el caso del papa, señaló, es bastante habitual "retomar las actividades, volver al trabajo y poder llevar una vida activa en pocas semanas".
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Sequist señaló que, aunque las grandes altitudes pueden suponer un esfuerzo para el corazón y los pulmones, "no hay, desde luego, ninguna regla general que nos lleve a decir: 'Bueno, si te has sometido a una operación de cáncer de pulmón, no deberías ir a grandes altitudes'".
Al visitar un lugar como Cusco, una ciudad peruana situada a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, el papa está mostrando su preocupación por "las personas que se encuentran al margen de la revolución económica", dijo Natalia Imperatori-Lee, experta en teología latinoamericana de la Universidad de Fordham, en Nueva York.
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El papa ha hablado con amplitud sobre la necesidad de proteger a las personas más vulnerables de los mayores trastornos provocados por la inteligencia artificial.
En Perú, "ninguna de las personas que acuden a ver a León es un tech bro ni un gigante de la IA", dijo Imperatori-Lee.
Las reuniones más destacadas de León serán con dos aliados del presidente Donald Trump: el presidente Javier Milei, de Argentina, y la presidenta Keiko Fujimori, de Perú. Ambos encuentros podrían ser tensos: Milei ha defendido una IA sin regulación, lo que lo diferencia del papa. Y mientras ejercía como sacerdote en Perú, León protestó contra la violencia asociada al padre de Fujimori, Alberto, quien dirigió el país durante una década y posteriormente fue condenado por violaciones de los derechos humanos, incluido el asesinato.
Pero, al margen de estas reuniones, el viaje papal tendrá como objetivo mostrar a los fieles que el papa se preocupa por ellos y se esfuerza por llegar hasta ellos, incluso en lugares remotos.
Al programar las paradas de León en Perú, los organizadores del Vaticano incluyeron no solo lugares donde el papa pudiera reunirse con viejos amigos y colaboradores, sino también zonas que rara vez reciben visitas papales, o donde pudiera mostrar los esfuerzos de la Iglesia por colaborar con las culturas locales. Acudirá a Pucallpa, en la selva amazónica, por ejemplo, para reunirse con misioneros y representantes de las comunidades indígenas locales.
Al negarse a cancelar ninguna parte del viaje, el papa podría estar tratando de recordar a la gente que, aunque sea simplemente humano, es capaz de perseverar, según los expertos.
Antes de su enfermedad, "existía la tentación de pensar que aquí tenemos a un superhombre, un superpapa", dijo el arzobispo Paul Gallagher, ministro de Asuntos Exteriores del Vaticano, en una reunión con periodistas el mes pasado. "El hecho de que haya enfermado de lo que, en muchos sentidos, es una de las enfermedades más comunes de nuestra época, significa que es un pobre mortal como el resto de nosotros".
Julie Turkewitz colaboró con la reportería en Bogotá, Colombia, Emma Bubola en Buenos Aires y Josephine de La Bruyère en Roma.
Motoko Rich es la jefa de la corresponsalía en Roma del Times, desde donde cubre Italia, el Vaticano y Grecia.
Julie Turkewitz colaboró con la reportería en Bogotá, Colombia, Emma Bubola en Buenos Aires y Josephine de La Bruyère en Roma.
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