
Pasa y Yoyo, dos chimpancés hembras, son mejores amigas. Pasan las tardes descansando juntas en la cálida hierba del Santuario de Chimpancés de la isla de Ngamba en Uganda; se acicalan y comparten comida. A veces incluso intentan escapar juntas del recinto.
También es menos probable que se roben comida mutuamente, según los resultados de un nuevo experimento que puso a prueba la amistad con unas rodajas de piña.
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El nuevo estudio es el primero en descubrir que los primates pueden priorizar las amistades por encima de los bocadillos sabrosos, lo que revela una capacidad para reprimir impulsos egoístas que antes no estaba documentada en nuestros peludos primos simios. El descubrimiento, que podría dar pistas sobre las raíces de las normas humanas en torno a la amistad, se publicó en la revista Evolution and Human Behavior.
"No era obvio para nosotros que los chimpancés le robarían menos a sus amigos", dijo Oded Ritov, psicólogo social de la Universidad de California, Berkeley, y autor principal del estudio. El descubrimiento muestra que los chimpancés, al igual que los humanos, tienen expectativas sociales los unos de los otros, añadió. "Creemos que estas expectativas podrían ser un componente básico que más tarde evolucionó hacia la equidad y otros tipos de moralidad que vemos en los humanos".
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Las nociones de "amistad" en primates no humanos tienen una historia controvertida. Muchos investigadores han afirmado que atribuir este término a las relaciones en primates como los chimpancés y los bonobos es una especie de antropomorfismo, e impone ideas que nos son familiares a animales con un parentesco lejano, donde no corresponden.
"Durante mucho tiempo, fue como una mala palabra", dijo Laura Lewis, antropóloga biológica en la Universidad de California, Santa Bárbara, y coautora del estudio. Pero durante las últimas décadas, los primatólogos han descubierto cada vez más pruebas de amistades en primates sociales, al encontrar que muestran más confianza y apoyo hacia otros individuos a los que se sienten cercanos.
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En la naturaleza, las amistades de los chimpancés se desarrollan en su mayoría entre los machos, donde cultivan vínculos principalmente para defenderse de los tiranos machos alfa o proporcionar apoyo en peleas contra otros grupos. En los bonobos, las amistades son comunes entre las hembras, que deben competir por el poder en el matriarcado dominante. En cautiverio, en ambas especies, las amistades se desarrollan de manera más amplia en todo el grupo, con menos diferencias entre sexos.
"En cautiverio, de cierta forma tienes que lidiar con los demás todo el tiempo", dijo Zoë Goldsborough, ecóloga conductual y experta en primates en el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, que no participó en la investigación. Debido a que el cautiverio elimina algunas de las limitaciones normales en la vida de un chimpancé relacionadas con la comida y el conflicto, ves florecer muchas más relaciones, incluidas las amistades.
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Una vez establecidas, las amistades otorgan muchos privilegios. Los amigos pasan el rato, se toman de la mano, anidan juntos por la noche, se protegen mutuamente en las batallas y se consuelan tras las peleas o si muere una cría. A veces, los chimpancés incluso se ponen celosos cuando ven a un amigo acicalando a otro chimpancé, e intervienen para evitar que creen vínculos con alguien más, dijo Goldsborough.
En el nuevo estudio, los investigadores querían ver si las amistades de los chimpancés fomentaban el autocontrol respecto a ciertos malos comportamientos, en este caso, el robo.
El equipo analizó detalladamente 800 horas de grabaciones de video del santuario de Uganda para averiguar qué chimpancés eran amigos. Luego, organizaron pruebas en las que los chimpancés fueron colocados en parejas. Uno de los chimpancés de cada pareja tenía la opción de ser un ladrón y robarle fruta a una víctima; la víctima era un amigo o un conocido neutral. Los chimpancés se sentaban en habitaciones adyacentes: una con bandejas de metal llenas de rodajas de piña y la otra con cuerdas atadas a las bandejas, que el ladrón podía tirar para robar la fruta.
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"A veces los ladrones entraban y le daban un fuerte tirón a esa bandeja", dijo Lewis. Pero otras veces entraban, inspeccionaban la cuerda y luego la soltaban en un acto de protesta. Cuando Yoyo se enfrentó a la oportunidad de robarle a Pasa, rechazó el experimento por completo; le dio la espalda a las cuerdas y se negó por completo a entrar a la habitación.
En general, los resultados revelaron que era menos probable que los amigos se robaran entre sí, y tiraban de las bandejas de piña solo el 61 por ciento de las veces, en comparación con el 70 por ciento con los conocidos.
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Cuando un chimpancé sí le robaba a un amigo, el resultado era un caos. La traición inducía al chimpancé victimizado a hacer cosas como golpear el suelo con los puños, chillar con fuerza o rascarse con ansiedad, demostraciones de que esperaba más de su amigo.
Pero después de estas traiciones, los investigadores descubrieron que esos mismos chimpancés perdonaban más rápidamente a sus amigos, y finalmente terminaban por tolerar dichos agravios en pruebas posteriores. Quienes no eran amigos no recibieron tal indulgencia y se enfrentaron al mismo grado de enfado durante todo el experimento.
"El hecho de que sean capaces de atenuar este comportamiento en función de sus relaciones sociales es increíblemente importante", dijo Lewis, "y creemos que es crucial para mantener estas relaciones sociales a lo largo del tiempo".
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Como humanos, "damos mucha importancia no solo a las cosas buenas que la gente hace por nosotros, sino también a que no nos hagan cosas malas", dijo Goldsborough. "Este estudio muestra muy bien que los chimpancés también lo hacen".
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