
Tras haber vivido brotes mortales de enfermedades, algunos monos se vuelven significativamente más cautelosos con respecto a las fuentes de alimento que parecen estar contaminadas
(Science Times); (Trilobites)
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¿Recuerdas limpiar los alimentos antes de guardarlos en el refrigerador? ¿O lavarte las manos al ritmo de "Feliz cumpleaños"? Incluso antes de que los científicos determinaran exactamente cómo se propagaba el coronavirus, la gente estaba desesperada por evitar el contagio.
Parece que los humanos no son los únicos que muestran ese tipo de comportamiento.
En un estudio publicado recientemente, los macacos japoneses se volvieron significativamente más cautelosos con respecto a las fuentes de alimento que parecían contaminadas después de haber sufrido un brote mortal de enfermedad. Los resultados sugieren que la capacidad de los primates para evitar enfermedades puede moldearse a través de la experiencia y aprenderse socialmente, algo que los investigadores denominan "sistema inmunitario conductual".
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Mientras los casos de COVID-19 aumentaban día a día a principios de 2020, una epidemia menos conocida se propagaba en un santuario para macacos en el sur de Texas. Un virus similar al VIH --que se transmite a través de mordidas y arañazos-- se extendió por tres de los cuatro grupos del santuario. Los miembros del personal respondieron separando, realizando pruebas y aislando a los animales. Algunos macacos fallecieron rápidamente a causa de hemorragias graves, mientras que otros enfermaron gradualmente. Muchos de los monos que no se enfermaron fueron testigos presenciales de lo que les sucedía a sus vecinos con síntomas.
Una vez que pasó la amenaza de la enfermedad, comenzó el experimento: a los macacos se les dieron dos porciones de comida. Una se colocó sobre una superficie limpia. La otra se colocó sobre una tabla cubierta de heces de macaco (que se selló con un material epoxi para eliminar cualquier olor o riesgo real de infección).
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Las heces no siempre molestan a los macacos. Pero en este experimento, los monos que habían sobrevivido al brote eran mucho menos propensos a tomar comida de la superficie con heces, que potencialmente podría transmitir la enfermedad. Comieron de ahí en el 47 por ciento de las pruebas; los monos que no habían experimentado el brote comieron de ahí en el 79 por ciento de las pruebas.
"De alguna manera se están adaptando a un riesgo potencial que perciben", dijo Federico Rossano, director del Laboratorio de Cognición Comparada de la Universidad de California en San Diego y uno de los autores del estudio.
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Esto sucedió a pesar de que la enfermedad se propagaba a través de mordidas y arañazos, no a través de alimentos contaminados. "Los monos ven la enfermedad y a los individuos enfermos y aumentan su sensibilidad general, incluso ante una vía de transmisión que no tiene nada que ver con la forma en que la enfermedad se propaga realmente", dijo Stephan Kaufhold, investigador en ciencias cognitivas y autor del estudio.
También hubo una sorpresa: los monos que nunca se enfermaron, pero que vivieron el brote, también se volvieron más cautelosos. "Los que solían vivir con los que estaban enfermos se comportaron exactamente de la misma manera", dijo Rossano.
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Los macacos del santuario provenían de diversos orígenes: habían nacido en el santuario, otros en zoológicos, eran exanimales de laboratorio o exmascotas. Y aquellos que habían sido criados por humanos eran más propensos a comer la comida contaminada, posiblemente porque tuvieron menos oportunidades de aprender comportamientos de elusión de sus madres u otros macacos en las primeras etapas de su vida.
"Muchos estudios sobre primates aún no toman en cuenta la historia de vida de los participantes, como si los antecedentes o la experiencia no desempeñaran un papel fundamental en los comportamientos que exhiben", señaló Elodie Freymann, primatóloga de la Universidad de Brown que no participó en la investigación. "Este estudio hace lo contrario".
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En el reino animal, evitar aquello que podría causar una enfermedad no es algo nuevo. Algunos estudios incluso muestran evidencia de distanciamiento social en la naturaleza. Se ha observado, en diversas especies, que los animales modifican su comportamiento, tanto para prevenir enfermarse como para mantenerse alejados de individuos enfermos. Algunos mandriles, por ejemplo, olfatean las heces para detectar parásitos antes de acicalarse mutuamente. Otras especies se autoaislan cuando padecen una infección. Nadie --ni humanos ni primates-- quiere enfermarse.
Una foto sin fecha proporcionada por Kaufold et al., 2026, muestra a un macaco. (Kaufold et al., 2026 vía The New York Times)
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