EE. UU. está enviando a cientos de soldados a América Latina

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El Pentágono amplía su lucha contra los narcotraficantes, aun cuando los planes recuerdan una larga y violenta historia de intervención estadounidense en la región.

Estados Unidos está enviando a cientos de soldados del ejército a entrenar y realizar prácticas con fuerzas locales en América Latina a medida que el Pentágono amplía su campaña para combatir el narcotráfico en la región, según funcionarios militares estadounidenses.

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Los primeros elementos de un batallón de 600 soldados de la División 10 de Montaña en Fort Drum, Nueva York, han comenzado a desplegarse en una nueva instalación de entrenamiento en la selva en Panamá, según dijeron los funcionarios, que hablaron con la condición de mantener su anonimato para poder comentar asuntos operativos.

Luego las tropas entrenarán con fuerzas locales en Colombia y Honduras, y también podrían apoyar a las tropas de Operaciones Especiales de Estados Unidos que asesoran a los ejércitos que realizan redadas contra narcotraficantes acusados, dijeron los funcionarios.

Además de los despliegues en Centro y Sudamérica, los funcionarios dijeron que estaba previsto que varios cientos de soldados de la División 10 de Montaña ayudaran a dotar de personal a un nuevo comando para operaciones del hemisferio occidental con sede en Miami.

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El secretario de Defensa, Pete Hegseth, creó recientemente una oficina en el Pentágono para ayudar a supervisar las actividades del ejército contra los carteles.

Los despliegues y el creciente cuartel general, que no habían sido reportados previamente, junto con el reciente envío de varios drones MQ-9 Reaper del Pentágono de África a Colombia y Ecuador, marcan la última ampliación de la lucha del Departamento de Defensa contra los narcotraficantes en la región.

Adam Isacson, el director de supervisión de defensa en la Oficina para Asuntos Latinoamericanos en Washington, un grupo de investigación, dijo que no podía recordar ningún despliegue de tropas estadounidenses en la región "que se acercara siquiera a 600, excepto por contingencias como invasiones o desastres naturales".

Estas medidas también se producen mientras el gobierno de Donald Trump insta a los líderes de toda la región a aumentar sus ofensivas militares contra los grupos de narcotraficantes y a permitir operaciones conjuntas con Estados Unidos. El máximo comandante militar estadounidense para la mayor parte de América Latina, el general Francis L. Donovan, ha dicho que Estados Unidos planea expandir las operaciones de ataques a embarcaciones a ataques en tierra.

En toda América Latina, los votantes han elegido recientemente a líderes que han puesto el combate a los grupos criminales y la restauración de la seguridad en lo más alto de sus agendas. Pero la perspectiva de operaciones estadounidenses en suelo latinoamericano ha generado preocupaciones sobre la soberanía y ha hecho que se recuerde la larga y sangrienta historia de intervención estadounidense en la región.

Aunque muchos países latinoamericanos se han sumado a una nueva alianza política y militar liderada por Estados Unidos para combatir a los grupos criminales, solo un grupo ha acordado oficialmente permitir operaciones conjuntas dentro de sus fronteras, como son los casos de Colombia y Honduras. Ambos países están gobernados por presidentes recién elegidos que fueron respaldados por el presidente Trump.

Funcionarios en Panamá, Colombia y Honduras no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios sobre los planes de Estados Unidos.

A los grupos de derechos humanos les preocupa que la creciente campaña militar dirigida por Estados Unidos pueda poner en peligro a los civiles. Y los expertos han dicho que matar a miembros de los grupos de narcotraficantes --incluso a los líderes principales-- hace poco para detener el flujo de drogas porque los muertos pueden ser reemplazados.

Además, estos despliegues se producen en un momento en el que la guerra de Estados Unidos contra Irán ha puesto a prueba a toda la fuerza militar, desde aviones de combate y portaviones hasta drones de vigilancia y aeronaves de reabastecimiento de combustible. La guerra también ha agotado la reserva global de municiones críticas del Pentágono.

El Comando Sur del ejército remitió las preguntas sobre los nuevos despliegues al Pentágono, que en un comunicado se negó a hacer comentarios sobre las medidas, excepto para decir que el departamento estaba comprometido con un "enfoque de trabajar con aliados y socios capaces para profundizar la colaboración y mantener una presión persistente contra las redes de amenazas hemisféricas".

El gobierno de Trump ha hecho que la estrategia de ejercer una mayor influencia en América Latina sea una de sus prioridades. Ha construido una coalición militar de 19 socios regionales, incluido Estados Unidos, que se ha comprometido a ayudar a desmantelar los carteles. El lema oficial del grupo es "hacemos cosas malas a personas malas".

A principios de esta semana, el general Joseph A. Ryan, quien dirige el Comando del Hemisferio Occidental del Ejército, describió los duros desafíos que enfrenta el ejército estadounidense al regresar a una región que durante décadas no ha sido su enfoque principal. Es una parte del mundo donde China tiene una creciente influencia económica y donde los carteles de la droga han construido redes globales sofisticadas para vender sus productos ilícitos, dijo.

"Hemos cedido el dominio económico en la región a un adversario, y eso es un hecho", dijo el general Ryan en unas declaraciones el lunes en la conferencia anual de la Asociación del Ejército de Estados Unidos en Washington. "Ahora estamos luchando para retomar terreno --marítimo y terrestre, terreno humano, terreno cognitivo-- que en muchos casos habíamos abandonado anteriormente".

El Comando Sur de Estados Unidos ha reforzado el entrenamiento y los ejercicios con los ejércitos de la región para abordar las amenazas más apremiantes de los carteles, dijo el general Ryan.

El despliegue de los soldados de la División 10 de Montaña está en línea con el nuevo enfoque del gobierno de Trump, dijeron los funcionarios. Los soldados se trasladarán primero a Panamá, donde participarán en ejercicios de entrenamiento en la selva, dijeron los funcionarios.

Desde allí se dirigirán a Colombia, donde participarán en lo que los funcionarios han llamado Vanguardia del Sur, un ejercicio programado para comenzar a fines de mes. Otros grupos se trasladarán a Honduras para entrenar con socios locales.

Algunas de las tropas podrían usarse para brindar seguridad adicional a los helicópteros estadounidenses en la región, que han estado brindando apoyo a las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos. Las tropas de la División 10 de Montaña también podrían usarse para responder si las fuerzas de operaciones especiales, que asesoran a los ejércitos de socios locales, se ven en apuros, dijeron los funcionarios.

Las rotaciones son temporales, pero podrían convertirse en una característica más permanente de la presencia militar estadounidense en la región.

A medida que Hegseth ha presionado para que el Comando Sur de Estados Unidos adopte una postura más agresiva en la región, algunos altos funcionarios estadounidenses han expresado su preocupación de que él y otros líderes del gobierno de Trump no hayan articulado un objetivo claro para la operación.

Si grupos armados atacan a las tropas estadounidenses, el gobierno de Trump podría sentirse obligado a escalar la situación. Las fuerzas estadounidenses, que están en tensión por la guerra de Irán y los compromisos en Europa y Asia, podrían verse arrastradas más profundamente a una lucha en otra parte del mundo sin un plan claro para salir, dijo un funcionario.

En agosto, el Comando Sur del ejército anunció la Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental, estableciendo la infraestructura para una expansión de su guerra contra las drogas en cooperación con aliados regionales.

La fuerza de tarea, dirigida por el mayor general Kevin J. Jarrard del cuerpo de marinos, se basa en una campaña del Pentágono de un año de duración en el Caribe y el Pacífico oriental, donde el ejército ha ejecutado 71 ataques a embarcaciones en los que han muerto al menos 239 personas que según dice, sin presentar pruebas, traficaban drogas.

Los expertos han dicho que los ataques han tenido poco efecto en la disponibilidad de cocaína en Estados Unidos.

Expertos legales han advertido que los ataques son ilegales, porque el ejército no puede atacar deliberadamente a civiles que no participan directamente en las hostilidades, incluso si están infringiendo la ley. Traficar drogas, dicen, no alcanza el estándar de hostilidades.

Trasladar los ataques tierra adentro también plantea preocupaciones sobre bajas civiles. Los actuales ataques a embarcaciones ocurren lejos de cualquier costa, en su mayoría en aguas internacionales. Los ataques en tierra plantean la posibilidad de impactar accidentalmente infraestructura civil, como escuelas o carreteras, arriesgando muchas más vidas.

Un memorando del 11 de septiembre autorizó un monto inicial de 20 millones de dólares para pagar la contratación de decenas de miembros del personal y el establecimiento de la oficina dirigida por civiles que Hegseth creó el mes pasado. Un candidato principal para ser director de la nueva oficina es Edward M. Reeder Jr., un oficial retirado de dos estrellas de las fuerzas especiales del Ejército, según una persona familiarizada con el nombramiento.

En el memorando, Hegseth dijo que la coalición contra los carteles "maniobraría con una eficiencia y velocidad despiadadas para destruir a los narcoterroristas".

Michael Crowley y Maria Abi-Habib colaboraron con reportería.

Eric Schmitt es corresponsal de seguridad nacional para el Times. Ha informado sobre asuntos militares estadounidenses y antiterrorismo durante más de tres décadas. Se le puede contactar de manera segura en Signal: ericschmitt.36.

Greg Jaffe cubre el Pentágono y el ejército de Estados Unidos.

Annie Correal es corresponsal para América Latina del Times.

Michael Crowley y Maria Abi-Habib colaboraron con reportería.

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