
Cuando Lesley Hornby -la modelo británica de 16 años conocida por su delgada complexión, pecas, corte pixie rubio y ojos azules bordeados de tupidas pestañas postizas- fue descubierta en 1966 por una editora de moda, su imagen impactó como un rayo.
Twiggy, como fue nombrada al instante, no se parecía en nada a las modelos populares en ese momento: mujeres sensuales, maduras y con códigos de clase alta como Jean Shrimpton. Ella provenía de una familia de clase trabajadora (su padre era carpintero). Con 1,68 metros de estatura, era menuda y casi infantil.
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"No me veía como las modelos de esa época", dijo Twiggy, que ahora tiene casi 77 años, mientras tomaba un café la semana pasada en el restaurante Bottino en Manhattan. "Las chicas de familias de clase trabajadora no se convertían en modelos".
Pero en la década de 1960 despuntaba una nueva era; la música y la moda giraban en torno a la juventud, la apertura y la movilidad social. Twiggy parecía encarnar el terremoto juvenil de Londres y su escena mod, y transmitía una energía fresca y nuevas posibilidades.
El famoso rostro de Twiggy lanzó mil productos, convertido en una herramienta de mercadotecnia para cosméticos, ropa y loncheras. Pero su historia en la vida real, que se desarrolla en el reflexivo documental de 2025 de la directora Sadie Frost, Twiggy: the Woman Behind the Icon, que llega a Estados Unidos este mes, continuó mucho después de que el terremoto juvenil se calmara.
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Una historia de celebridad inusual
Es fácil ver rastros de la joven Twiggy en su rostro aún juvenil. Su cabello sigue siendo rubio; el flequillo todavía enmarca sus ojos azules. Y aún usa el apodo de Twiggy.
Envejecer no le molesta. "No paso mucho tiempo pensando en cómo me veo", dijo. "Si empiezas a meterte en eso, de 'Ay, Dios mío, tengo esta arruga y aquella arruga '". Dejó la frase inconclusa, pero su punto era claro: se siente cómoda en su propia piel.
En lugar de reducirse para encajar en su estatus de caricatura, Twiggy usó la fama para explorar una infinidad de formas de arte a lo largo de una carrera de 60 años, que incluyen el cine, el teatro, el diseño de moda, la danza y el canto, y demostró ser talentosa en todas ellas.
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Después de cuatro años como modelo, en los que trabajó con fotógrafos como Barry Lategan (cuyas primeras fotos hicieron que Twiggy llamara la atención por primera vez), Cecil Beaton, Bert Stern, Richard Avedon y Helmut Newton, incursionó en el cine. El director Ken Russell quedó tan impresionado con ella que, aunque no tenía experiencia en actuación, canto ni danza, la eligió como protagonista en su película musical de 1971, El novio, junto a sus coprotagonistas Christopher Gable, quien había bailado con el Royal Ballet, y Tommy Tune, quien ya era una estrella de Broadway. Russell la envió a clases de canto y danza, a las cuales se lanzó con entusiasmo.
Aprendió a bailar tap en un año. "Fue más difícil para Chris Gable aprender tap que para mí, porque los bailarines de ballet hacen todo con las piernas rotadas hacia afuera", dijo, recordando con una risa que tuvo una ventaja en esto sobre su colega estrella de ballet profesional.
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Ese papel en el cine le valió a Twiggy dos Globos de Oro. Luego protagonizó en el teatro de Londres y apareció en decenas de películas y programas de televisión. Grabó álbumes y diseñó líneas de moda. En 1983, coprotagonizó junto a su viejo amigo Tommy Tune una relanzamiento en Broadway del musical de Gershwin, My One and Only, lo que le valió una nominación al Tony.
"Él es otro de los que cambió mi vida", dijo sobre Tune. "Siempre me deja sin aliento. Es la elegancia personificada".
El documental de Frost muestra a Twiggy lidiando con multitudes que se abalanzaban hacia ella, presentadores de programas de entrevistas que le preguntaban lascivamente sobre su cuerpo, e incluso una entrevista, cuando todavía era adolescente, con Woody Allen, quien la acosa con preguntas condescendientes, que incluía: "¿Quién es tu filósofo favorito?". Twiggy enfrentaba cada situación con respuestas educadas pero firmes. "¿Quién es tu filósofo favorito?", le pregunta ella a Allen, dejándolo estupefacto y en silencio.
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Serena y protegida
¿Qué explica tal aplomo? Los ojos de Twiggy se llenaron de lágrimas mientras señalaba hacia el cielo y respondía: "Cien por ciento Norman", en referencia al padre que adoraba. "Papá se convirtió en mi roca cuando mi mamá iba al hospital", explicó. Nell Hornby luchó con enfermedades mentales durante toda la infancia de Twiggy, desaparecía de manera periódica en pabellones psiquiátricos y dejando a Norman a cargo del cuidado de sus tres hijas. (Twiggy era la menor). "Él me mantuvo un poco al margen de eso", dijo. "Protegida".
Tal vez incluso más importante fue el amor inquebrantable que Norman le demostró a su esposa enferma. Twiggy recuerda que, cuando le preguntaban por qué "soportaba a Nell", Norman simplemente decía "porque la amo".
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Además de su padre, encontró un protector durante sus primeros años como modelo en su entonces novio y representante, Justin de Villeneuve, quien a pesar de sus faltas pequeñas y evidentes la mantuvo a salvo. "Él me cuidó", dijo. "Yo era una niña, pero nadie me tocó".
Twiggy superó otras tormentas a lo largo de los años, en especial la muerte repentina de su primer esposo, el actor Michael Witney, cuando su hija Carly acababa de cumplir cinco años. Felizmente casada de nuevo durante casi cuatro décadas con el actor, escritor y director Leigh Lawson, es una abuela cariñosa para los dos hijos de Carly y está rodeada de amigos que la adoran, muchos de los cuales aparecen en la película de Frost, incluyendo a Dustin Hoffman, Fran Drescher (cuyo programa, La niñera, se inspiró en su amistad con Twiggy), la actriz Joanna Lumley, Paul McCartney y Stella McCartney (quien diseñó el esmoquin color crema que Twiggy usó en 2019 para recibir su título de dama en el palacio de Buckingham).
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El día que nos conocimos llevaba una blusa color crema, unos pantalones estampados color granate y crema de Zara, tenis blancos y una chaqueta de cuero granate de su antigua línea de rango medio Twiggy en Marks & Spencer. "No soy una gran compradora de moda de alta gama", dijo, y añadió: "No puedo usar tacones altos. Los odio".
Su evidente comodidad consigo misma explica su atractivo continuo, para mujeres de su misma edad e incluso para personas muy jóvenes. La mayoría del correo de los admiradores de Twiggy, que ella misma responde, proviene, según dijo, de jóvenes de entre 14 y 25 años. Esto probablemente se debe en parte al perenne interés en la moda de la década de 1960, pero también habla de la cualidad atemporal de ese ícono de "Twiggy", o como ella describe su imagen, "esta personita que de alguna manera se sienta en mi hombro y nunca desaparece".
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Rhonda Garelick es directora fundadora del Instituto Interdisciplinario de Humanidades Públicas de la Universidad de Hofstra donde también es profesora distinguida de literatura John Cranford Adams. Es autora de Mademoiselle: Coco Chanel and the Pulse of History, del próximo libro Why Fashion Matters y de otros títulos.
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