¿Hay restos alienígenas en la Luna? Algunos científicos quieren averiguarlo

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A photo provided by Eugene Cernan/NASA shows Harrison Schmitt, an Apollo 17 astronaut, on his way to take samples on the lunar surface on December 12, 1972. Researchers want to explore the idea that microscopic particles shed by alien civilizations have accumulated on the lunar surface, making it an archive of extraterrestrial technology. (Eugene Cernan/NASA via The New York Times) — NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY. —
A photo provided by Eugene Cernan/NASA shows Harrison Schmitt, an Apollo 17 astronaut, on his way to take samples on the lunar surface on December 12, 1972. Researchers want to explore the idea that microscopic particles shed by alien civilizations have accumulated on the lunar surface, making it an archive of extraterrestrial technology. (Eugene Cernan/NASA via The New York Times) — NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY. —
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Unos investigadores buscan explorar la posibilidad de que partículas microscópicas desprendidas por civilizaciones extraterrestres se hayan acumulado en la superficie lunar, convirtiéndola en un archivo de tecnología extraterrestre.

Imagina una civilización extraterrestre que funciona con tecnologías deslumbrantes, muchísimo más avanzadas que las nuestras. Imagina naves espaciales del tamaño de ciudades, minas que abarcan planetas enteros o enjambres de paneles solares que captan energía directamente de una estrella.

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Mientras estos extraterrestres se dedican a sus actividades de otro mundo, las fuerzas erosivas del espacio desgastan su infraestructura, y se desprenden minúsculos fragmentos de escombros que se separan y se adentran en el cosmos. Si la civilización se derrumba, sus restos se degradan aún más rápido. Podrían liberarse nubes de partículas en la galaxia, de forma similar a los microplásticos de los océanos terrestres, salpicando innumerables mundos con los restos de una sociedad extraterrestre.

Algunas de estas partículas, si es que existen, podrían incluso haber vagado por nuestro sistema solar, quizás asentándose en la superficie de la Luna, según propone un equipo de científicos dedicado a la búsqueda de inteligencia extraterrestre. En su provocativo estudio, que se encuentra en proceso de revisión por pares para la revista International Journal of Astrobiology, sugieren que la búsqueda de estos restos microscópicos en el suelo lunar podría resolver una de las grandes preguntas de la humanidad: ¿Estamos solos en el universo?

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"Si alguna otra civilización tecnológica ha existido alguna vez en nuestra galaxia, no es una hipótesis descabellada pensar que haya partículas de ella en la Luna en cierta cantidad", dijo Lewis Pinault, científico asociado del Instituto SETI de Mountain View, en California, e investigador del Birkbeck College de la Universidad de Londres, quien dirigió la investigación.

En el estudio, el equipo demostró cómo las infraestructuras extraterrestres podrían desgastarse y erosionarse hasta convertirse en partículas minúsculas, y modeló cómo se dispersarían por la galaxia. Este proceso ya se observa claramente aquí en la Tierra: los satélites, por ejemplo, liberan material microscópico al espacio.

Sofia Sheikh, una científica del Instituto SETI que estudia tecnologías extraterrestres hipotéticas conocidas como "tecnomarcadores", describió la idea del equipo como "una vía creativa y que vale la pena explorar". Afirmó que esto es especialmente cierto en el contexto del renovado interés por la Luna suscitado por Artemis, un programa de la NASA cuyo objetivo es llevar de nuevo a los astronautas a la superficie lunar.

"Sabemos que, en la Tierra, el tiempo y la entropía pasan factura a todo lo que crean los seres humanos", escribió Sheikh, que no participó en el estudio, "y queda mucho por explorar sobre cómo la degradación de los artefactos tecnológicos puede aplicarse a las búsquedas de inteligencia extraterrestre".

Pinault y sus colegas modelaron las posibles trayectorias de las partículas a través de la galaxia, mostrando cómo podrían cruzarse con nuestro sistema solar a lo largo del tiempo. Especulan con que algunas partículas podrían sobrevivir a los impactos contra la Luna, dejando rastros de sociedades extraterrestres que quizá ya se hayan extinguido.

"Si se admite que la búsqueda de inteligencias extraterrestres es una parte legítima de la ciencia, lo cual es evidente, entonces la búsqueda de los productos tecnológicos --es decir, los artefactos de estas inteligencias-- debería ser tan válida desde el punto de vista científico como la búsqueda de sus emisiones de radio", dijo Ian Crawford, profesor de ciencias planetarias en el Birkbeck College de la Universidad de Londres y coautor del estudio.

La idea se inspiró en parte en el investigador ucraniano Alexey Arkhipov, quien en la década de 1990 fue pionero en plantear que la Luna podría ser un lugar de acumulación de artefactos extraterrestres. Sin embargo, en aquella época la búsqueda de vida extraterrestre estaba relegada en gran medida a los márgenes de la investigación académica, y el trabajo de Arkhipov no tuvo mucho eco en aquel momento.

Pinault y sus colegas han retomado el concepto y han centrado su atención en partículas de apenas unos micrones, comparables en tamaño con una sola bacteria. En un guiño al trabajo de Arkhipov, los científicos denominaron en el estudio a sus hipotéticas partículas "partículas de Arkhipov".

Cada estrella podría haber albergado múltiples civilizaciones que generaran residuos, dijo Pinault, y añadió que los extraterrestres "podrían haberse convertido en viajeros estelares que desarrollan tecnologías similares en cada sistema estelar al que llegan, por lo que la probabilidad de que haya una cantidad considerable de residuos interesantes en la galaxia es muy alta".

Los investigadores también consideraron la posibilidad de que los extraterrestres pudieran haber enviado máquinas microscópicas con fines de vigilancia u otros tipos de misiones activas. Denominaron a estos objetos operativos "partículas de Bracewell", en honor al físico Ronald Bracewell, quien propuso la idea de las sondas extraterrestres autónomas en la década de 1960.

Jason Wright, profesor de astronomía y astrofísica en la Universidad Estatal de Pensilvania e investigador en la búsqueda de inteligencia extraterrestre, afirmó que el artículo preliminar era "impresionante" y "extremadamente exhaustivo", y afirmó que merecía la pena probar este enfoque.

"Han retomado lo que en realidad es una idea bastante desconocida y mostrado que es plausible", dijo Wright, que no participó en el trabajo.

Para poner a prueba su hipótesis, los científicos proponen enviar una misión a la superficie de la Luna para tamizar aproximadamente un metro cúbico de suelo como punto de partida; una tarea ambiciosa. Después, instrumentos especializados examinarían el suelo en busca de partículas artificiales, quizá mediante el análisis de metales y otras sustancias fabricadas.

Pinault ya ha desarrollado modelos diseñados para buscar objetos artificiales de mayor tamaño en la Luna, como los restos aún no localizados de la sonda soviética Luna 9. También se podrían entrenar modelos similares para detectar granos diminutos que pudieran tener un origen artificial.

Incluso si se identificaran granos artificiales, habría muchas posibilidades de que fueran de origen humano. Muchas piezas de naves espaciales se han estrellado contra la Luna a lo largo de las décadas, por lo que no sería sorprendente encontrar restos a escala micrométrica de nuestras propias misiones ya desaparecidas. Para determinar si una partícula procede de la Tierra o de algún mundo extraterrestre, los científicos tendrían que analizar el perfil químico único del objeto.

Crawford explicó que encontrar siquiera un solo tecnomarcador extraterrestre en una muestra lunar es muy poco probable. Sin embargo, si se llegara a encontrar una en el polvo lunar --y se confirmara que es genuinamente extraterrestre, en lugar de basura de nuestra propia civilización--, se resolvería el fascinante misterio de si existe vida más allá de la Tierra.

"Las posibilidades de encontrar algo en la Luna son tan escasas", dijo Crawford, que "esto inmediatamente implicaría que probablemente debe haber muchísimas, al menos en la historia de la galaxia".

"Sería un descubrimiento muy muy importante si se produjera", añadió, "pero es como buscar una aguja en un pajar".

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