
El gobierno de Trump se arriesga a tener un enfrentamiento con Pekín mientras intenta cortar los salvavidas económicos de Irán sin alterar una frágil tregua entre EE. UU. y China.
El martes, China arremetió contra la nueva campaña de sanciones del gobierno de Donald Trump contra Irán, advirtiendo que defenderá sus intereses y acusando a Estados Unidos de perturbar el orden financiero global.
La reacción sentó las bases para una fricción renovada entre las superpotencias del mundo.
El lunes, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, delineó planes para "cortar todo salvavidas económico" de Irán, poniendo en la mira a una constelación de actores que continúan brindándole al país un salvavidas financiero. Pero el gobierno pareció actuar con cautela en torno a China, que es por mucho el mayor cliente de la exportación más valiosa de Irán: el petróleo.
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La lista estadounidense de más de 60 corredores, empresas y barcos sujetos a sanciones incluyó a más de una decena de pequeñas empresas de Hong Kong y China continental. Los pesos pesados del sistema financiero de China estuvieron notoriamente ausentes, una señal, según algunos expertos, de que Washington era reacio a poner en peligro una frágil tregua con China.
Sin embargo, Pekín respondió con fuerza. China "tomará todas las medidas necesarias para salvaguardar con firmeza sus propios derechos e intereses", dijo Lin Jian, un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, en una conferencia de prensa el martes.
Los medios estatales chinos fueron más allá. Una caricatura editorial en China News retrató a la Estatua de la Libertad como una consumidora de drogas con agujas que sobresalían de un brazo, y describió el uso de sanciones por parte de Washington como "una adicción".
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La reacción confrontativa puso de relieve un dilema para el gobierno de Trump. Durante mucho tiempo, Pekín ha desafiado las sanciones estadounidenses y ha seguido comprando petróleo iraní. Al mismo tiempo, China suministró a Teherán materias primas y tecnología que respaldan su economía y su ejército. Sin embargo, a casi seis meses del inicio de la guerra con Irán, Estados Unidos ha mostrado poco apetito por abrir otro frente económico con una China cada vez más dispuesta a tomar represalias.
El momento es particularmente delicado. Se espera que el máximo líder de China, Xi Jinping, viaje a Estados Unidos el próximo mes para reunirse con el presidente Trump con el fin de continuar las conversaciones destinadas a estabilizar la relación entre los países.
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El lunes, cuando se le preguntó por qué el gobierno no había sancionado a los bancos chinos, Bessent solo dijo que la "diplomacia silenciosa" era la mejor forma de relacionarse. En un momento, prometió penalizar de todas formas a una gran institución financiera internacional, aunque no ofreció detalles. Para algunos analistas, el hecho de que Bessent no señalara a China equivalía a un reconocimiento tácito de que preservar la tregua con China puede, por ahora, superar los beneficios de tomar medidas más agresivas contra Irán.
Washington "ha sido extremadamente reacio a ir tras China", dijo Daniel Tannebaum, un funcionario del Departamento del Tesoro durante el gobierno de George W. Bush y ahora socio en Oliver Wyman, una firma de consultoría. "No creo que eso cambie hoy, sobre todo en un momento en que China tiene más influencia que Estados Unidos".
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Durante décadas, Estados Unidos ha aprovechado su posición central en el sistema financiero global para aislar a adversarios como Irán y Corea del Norte, amenazando con impedir que empresas y bancos realicen transacciones en dólares si hacen negocios con entidades sancionadas. Las sucesivas rondas de sanciones han dejado a Irán en gran medida aislado del sistema financiero global, pero no han logrado incapacitar su economía.
Pero recientemente, China ha demostrado que está dispuesta a utilizar sus propios puntos de presión económicos. Durante la feroz guerra comercial del año pasado, Pekín restringió el acceso a minerales críticos y utilizó su control sobre las cadenas de suministro contra las empresas estadounidenses como medida de presión.
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El año pasado, China acordó posponer de manera temporal los controles sobre las exportaciones de minerales de tierras raras como parte de un deshielo en las relaciones con Estados Unidos. Ese aplazamiento de un año expirará semanas después de la reunión programada entre Xi y Trump.
Esa influencia ha elevado el costo potencial de confrontar a Pekín por el tema de Irán, incluso cuando China se ha vuelto fundamental para la capacidad de Teherán de resistir la presión estadounidense.
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque contra Irán el 28 de febrero, Washington ha impuesto sanciones a más de 400 empresas, personas y barcos vinculados a Irán de países que incluyen a Turquía, los Emiratos Árabes Unidos y China.
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Ha añadido más de 1000 entidades a su lista de sanciones desde el inicio del segundo mandato de Trump, lo que en la práctica las ha dejado fuera del sistema del dólar, según un análisis de The New York Times. Entre las perjudicadas se encuentran compañías navieras y refinerías de petróleo chinas.
Sin embargo, el petróleo iraní ha seguido fluyendo hacia China.
Actualmente hay grandes cantidades a bordo de barcos y en tanques de almacenamiento alrededor del estrecho de Malaca y el mar de la China Meridional y cerca de los puertos chinos, según Muyu Xu, analista sénior de petróleo en Kpler, un proveedor de datos de la industria.
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Los datos de Kpler muestran que China ha recibido alrededor de 1,2 millones de barriles de petróleo diarios de Irán en lo que va de 2026, solo un poco menos que en el mismo periodo del año pasado. Los volúmenes actualizados son difíciles de medir porque los barcos se han vuelto cada vez más hábiles para evadir la detección, afirmó Xu.
Los tres gigantes petroleros nacionales controlados por el Estado chino han evitado comprar crudo iraní debido a sus amplios vínculos con los bancos occidentales. Pero las refinerías chinas de propiedad privada conocidas como "teteras" han comprado petróleo iraní con grandes descuentos y lo han convertido en gasolina y diésel para el mercado interno.
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Esas empresas pueden ser especialmente difíciles de presionar para Washington. Muchas realizan pocas transacciones internacionales que el Departamento del Tesoro pueda intentar bloquear restringiéndoles el acceso al dólar a través de los bancos globales. En cambio, se cree que realizan gran parte de su comercio en moneda china o criptomonedas.
El comercio también ha desarrollado métodos elaborados para proteger los barcos y cargamentos de las sanciones occidentales. Con frecuencia, el petróleo iraní se transporta a las aguas de la costa de Malasia, donde los cargamentos se transfieren entre embarcaciones antes de continuar hacia los puertos chinos.
En abril, Estados Unidos sancionó a un puñado de refinerías teteras chinas, incluida la Refinería Petroquímica Hengli. Se descubrió que la refinería, uno de los clientes más grandes de Irán, había comprado miles de millones de dólares en crudo iraní al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que ejerce una influencia militar, política y económica considerable en Irán.
Aun así, incluso si el Departamento del Tesoro estadounidense no toma medidas manifiestas contra los grandes bancos chinos, los bancos internacionales podrían empezar a reducir sus negocios con ellos, dijo Han Lin, director para China de Asia Group, una firma de consultoría estadounidense. Los grandes bancos temen provocar la ira de los reguladores estadounidenses.
Los grandes bancos internacionales "se volverán mucho más conservadores a la hora de participar en cualquier transacción" con cualquier institución financiera china, afirmó.
Washington se ha enfrentado antes a China por el petróleo iraní. Hacia 2012, durante el gobierno del presidente Barack Obama, los diplomáticos estadounidenses presionaron a China y a otros países para que redujeran gradualmente las compras de crudo iraní, que entonces se realizaban de forma más abierta.
Durante esa época, Estados Unidos también impuso sanciones al Banco de Kunlun, una institución financiera china propiedad de la Corporación Nacional de Petróleo de China, por sus vínculos con Irán y por hacer negocios con bancos iraníes que ya estaban bajo sanciones.
Pero el gobierno de Trump se ha abstenido de imponer el tipo de sanciones a las principales instituciones financieras que podrían perturbar fundamentalmente la relación económica de Pekín con Teherán.
"En los últimos años no hemos demostrado voluntad de correr el riesgo de socavar nuestra posición económica" a cambio de alejar a los bancos chinos de Irán, dijo Richard Nephew, un funcionario del gobierno de Obama que ayudó a negociar el acuerdo nuclear con Irán.
Hay razones de peso para esa cautela. Nephew señaló las sanciones de Washington en 2018 contra Oleg Deripaska y Rusal, el gigante ruso que entonces era el segundo productor mundial de aluminio. Los mercados de aluminio se volvieron un caos ante la perspectiva de que pudiera cortarse una fuente principal de suministro global.
Sancionar a bancos o empresas chinas de importancia sistémica podría provocar un impacto a una escala completamente diferente.
"Podríamos ver mercados volviéndose locos", dijo Nephew. "Podríamos ver empresas volviéndose locas. Podríamos ver compañías de seguros volviéndose locas, bancos volviéndose locos".
Murphy Zhao contributed reporting from Hong Kong.
Alexandra Stevenson es la jefa de la corresponsalía del Times para Shanghái, y reporta sobre la economía y sociedad de China.
Keith Bradsher es el jefe de la corresponsalía de Pekín del Times. Antes fue jefe del buró en Shanghái, Hong Kong y Detroit, y corresponsal en Washington.
Murphy Zhao contributed reporting from Hong Kong.
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