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Cómo colapsaron las negociaciones comerciales entre EE. UU. y Canadá

Reportajes Especiales - Business

FILE Ñ A stop sign in French in Montreal, March 22, 2020. Detailed accounts of the final hours of the negotiations show that, while the United States offered Canada what it said was the best deal of any country, what Canada had to give up in exchange was seen as unthinkable Ñ including what Prime Minister Mark Carney suggested was an attempt to intervene in CanadaÕs all-important policy to protect the use of the French language. (Nasuna Stuart-Ulin/The New York Times)
FILE Ñ A stop sign in French in Montreal, March 22, 2020. Detailed accounts of the final hours of the negotiations show that, while the United States offered Canada what it said was the best deal of any country, what Canada had to give up in exchange was seen as unthinkable Ñ including what Prime Minister Mark Carney suggested was an attempt to intervene in CanadaÕs all-important policy to protect the use of the French language. (Nasuna Stuart-Ulin/The New York Times)
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El reloj avanzaba hacia la medianoche del viernes. Los nuevos aranceles de Estados Unidos contra Canadá estaban a punto de entrar en vigor y los negociadores, encerrados en un edificio frente a la Casa Blanca, seguían avanzando lentamente para resolver las diferencias de cada parte. Los asesores entraban y salían con nuevos borradores, haciendo ajustes y reajustes.

Los funcionarios estadounidenses dijeron que le habían ofrecido a Canadá el mejor acuerdo comercial de todos los países. Los canadienses consideraban que era un mal acuerdo. En las últimas horas, ambas partes se atrincheraron aún más en sus posiciones.

Un negociador canadiense dijo que era como si "de repente hubiera figuras en la sombra en la sala", planteando temas que se supone se habían resuelto en días anteriores.

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En Ottawa, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, acababa de colgar el teléfono tras hablar con Doug Ford, el primer ministro de Ontario. Ford le había dicho sin rodeos: no aceptes el acuerdo.

Ford le dijo a Carney que no cumpliría con una exigencia clave de Estados Unidos: restablecer la venta de alcohol estadounidense que él, junto con la mayoría de los demás líderes provinciales, había prohibido. Los aranceles estadounidenses sobre el acero y los automóviles canadienses seguían siendo demasiado altos como para permitir su supervivencia a largo plazo, había decidido Ford.

Carney llamó a su equipo en Washington para conocer las últimas novedades de las negociaciones. Luego, poco después de las 10:30 p. m., dio por terminadas las negociaciones y ordenó que se fueran a casa.

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Un mes de intensas conversaciones para evitar nuevos aranceles de Estados Unidos contra Canadá y suavizar los que el gobierno de Donald Trump había impuesto anteriormente había estado dando resultados constantes. Pero se derrumbaron de manera súbita, lo que desencadenó una guerra comercial total entre las dos naciones.

Los puntos de fricción eran muchos. En las últimas horas, los negociadores se enfrentaron por las normas canadienses que promueven películas y programas de TV en francés en línea, así como por las exigencias del gobierno de Trump de dictaminar los aranceles del acero de Canadá a otros países. Canadá, por su parte, insistió en un trato más generoso para sus automóviles, vehículos eléctricos y productos fabricados con metal --y, en última instancia, se retractó de su oferta de cooperar en el oleoducto Keystone XL que el presidente Trump ha deseado desde hace tiempo--, según dijeron personas familiarizadas con las negociaciones.

El lunes, tras el fracaso de las negociaciones, Trump prometió aumentar a 50 por ciento los aranceles sobre todos los autos, camiones, piezas de autos y acero procedentes de Canadá, a partir del 1 de enero. Calificó a los funcionarios canadienses de "payasos" de "una de las peores naciones del mundo con las que tratar".

"¡NO NECESITAMOS A CANADÁ, ELLOS NOS NECESITAN A NOSOTROS!", escribió.

Carney respondió: "La actitud, en la mesa de negociaciones, de que Canadá es una filial de Estados Unidos", dijo, "no es algo que vayamos a aceptar".

Ahora se espera que Carney anuncie los aranceles de represalia de Canadá contra Estados Unidos.

Lo que llevó al colapso es una historia de desalineación fundamental entre los países: ideológica, económica y política. En última instancia, Carney decidió desafiar a Trump y soportar sus ataques económicos y políticos contra Canadá.

Este reportaje, que contiene detalles nunca antes revelados sobre los últimos días y horas de las negociaciones comerciales, se basa en entrevistas con cinco funcionarios estadounidenses y canadienses con conocimiento directo de las conversaciones, dos exfuncionarios de Estados Unidos, así como siete altos dirigentes de la industria de ambos lados de la frontera que estuvieron al tanto de todo el proceso.

Las entrevistas revelan que las líneas rojas de ambas partes estaban tan distantes que habría sido necesario realizar concesiones importantes, especialmente por parte de Canadá, para llegar a un acuerdo definitivo.

El oleoducto zombi

"¡El gran oleoducto Keystone XL, enterrado hace tiempo por Aletargado Joe Biden, podría resurgir de entre los muertos!", dijo Trump en una publicación en redes sociales el martes por la noche, en la que también afirmó que Estados Unidos y Canadá habían llegado a un "¡ACUERDO!".

Es bien conocida la afición de Trump por la controvertida extensión del oleoducto, que buscaba transportar petróleo desde Canadá hasta la costa del Golfo de Estados Unidos hasta que fue cancelada por Biden en 2021.

Carney había planteado la idea de reactivarlo durante su primera visita a la Casa Blanca el año pasado.

Funcionarios indicaron que, cuando Carney y Trump hablaron por teléfono a principios de la semana, Carney volvió a mencionar el oleoducto, diciendo que, a cambio de un acuerdo adecuado sobre aranceles, Canadá consideraría reactivar su tramo del oleoducto. Trump se mostró entusiasmado, según un exfuncionario informado sobre las conversaciones.

Pero para el viernes, la idea del oleoducto Keystone XL quedó sepultada nuevamente. Un funcionario estadounidense dijo que, en las últimas horas, Canadá había expresado su renuencia a cooperar. Un funcionario canadiense señaló que el acuerdo comercial que se ofrecía no era lo suficientemente bueno como para que el oleoducto tuviera sentido.

El factor Lutnick

El lunes pasado por la tarde, mientras las negociaciones aún estaban en curso, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, y Dominic LeBlanc, ministro de Comercio de Canadá, ignoraron a los periodistas que esperaban bajo la humedad de Washington al salir de una reunión de aproximadamente dos horas en el Departamento de Comercio.

Los negociadores canadienses estaban acostumbrados a trabajar en estrecha colaboración con Greer, quien supervisa los acuerdos comerciales de Estados Unidos y ayudó a negociar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) durante el primer mandato de Trump. Pero muchos de los temas que más preocupaban a los canadienses eran, en cambio, competencia del hombre que se había quedado adentro, en el aire acondicionado: Howard Lutnick, el secretario de Comercio.

Lutnick, un enérgico excorredor de bonos que conoce a Trump desde hace décadas, supervisa los aranceles del gobierno sobre autos, camiones, acero y aluminio. Y en los días siguientes, adoptaría una postura firme en esos temas, cuestiones que finalmente hicieron fracasar las negociaciones.

Los negociadores tenían la esperanza de comenzar esa semana. Después de que Trump amenazara el mes pasado con imponer aranceles del 50 por ciento a cientos de productos, los canadienses se acercaron para negociar, y solicitaron un acuerdo integral que resolviera los aranceles anteriores de Trump y sus últimas amenazas, según dijo un funcionario estadounidense. Trump le dio luz verde a Greer para que evaluara lo que los canadienses tenían para ofrecer.

Los funcionarios estadounidenses se mostraban confiados en que podrían lograr que Canadá redujera los aranceles de represalia que había impuesto contra Trump y eliminara lo que Estados Unidos consideraba barreras injustas al comercio agrícola, energético y digital.

El martes por la noche, funcionarios de Estados Unidos y Canadá decidieron las líneas generales de un acuerdo, y Trump anunció en las redes sociales que había suspendido temporalmente sus aranceles hasta la medianoche del viernes para ultimar los detalles del acuerdo.

Pero el miércoles, cuando ambas partes entraron en los detalles, especialmente en lo relativo a los metales y los automóviles, surgieron obstáculos. Lutnick se mostró receloso ante las propuestas canadienses que reducirían el arancel sobre los automóviles por debajo del nivel que él deseaba.

Cuando se filtró la semana pasada que Estados Unidos reduciría sus aranceles sobre el acero y el aluminio canadienses, las empresas estadounidenses presionaron al Departamento de Comercio y a la Casa Blanca para que mantuvieran sus protecciones. Lutnick intervino en su nombre, sugiriendo, entre otras cosas, que solo un determinado volumen de aluminio estuviera sujeto a tasas arancelarias más bajas.

Tras pasar varios días en negociaciones, LeBlanc voló de regreso a Ottawa el miércoles por la tarde. Pero a primera hora de la mañana siguiente, regresó urgentemente a Washington, al igual que Marc-André Blanchard, jefe de gabinete de Carney.

Según dos personas al tanto de los hechos, ninguno de los dos tenía previsto estar en Washington ese día. Regresaron apresuradamente debido a la intervención de Lutnick.

Lutnick también insistió en que no se redujeran los aranceles para los camiones pesados, como sí se haría con los automóviles. Y Canadá, que produce la GM Silverado y las Ford F-350 y F-450 en Ontario, insistió en que esa era una línea roja.

Las intervenciones de Lutnick causaron frustración dentro de la oficina de comercio, que llevaba semanas en conversaciones con los canadienses, dijo una persona cercana a la oficina. La persona señaló que Greer no estaba en desacuerdo con Lutnick en lo fundamental, pero no creía que los canadienses aceptaran las propuestas.

Un funcionario de la Casa Blanca dijo que la postura firme de Lutnick no descarriló las negociaciones. Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca, señaló que todo el equipo comercial y económico estaba "siguiendo un mismo plan de juego, el plan del presidente Trump".

Estados Unidos finalmente ofreció reducir sus aranceles sobre el acero, el aluminio y los automóviles, y eliminar por completo un arancel sobre la madera canadiense impuesto el año pasado, dijo Greer en una entrevista el sábado.

La parte estadounidense argumentó que fue Canadá quien había insistido en cambios de última hora. En el último día de negociaciones, los canadienses presionaron para reducir de 7 por ciento a cero un umbral mínimo previamente acordado para los aranceles sobre automóviles, y exigieron aranceles más bajos para los productos fabricados con acero y aluminio, según dijo una persona familiarizada con las conversaciones.

Para los canadienses, Lutnick ya era una especie de villano. Aunque es lo suficientemente amistoso como para intercambiar mensajes de texto con Carney, ha ofendido a muchos canadienses, entre otras cosas por bloquear la inauguración de un nuevo puente entre Canadá y Estados Unidos y por decir que los funcionarios canadienses "apestan" durante un evento en Washington en abril.

Lutnick también había dejado claro que su objetivo era trasladar la producción automotriz de Canadá a Estados Unidos. En una intervención virtual durante una cumbre entre Estados Unidos y Canadá a finales del año pasado, Lutnick le dijo a una audiencia canadiense que Estados Unidos ya no estaba interesado en comprar autos fabricados en Canadá.

Cuestiones de soberanía

Para el equipo canadiense, varios temas diversos se reducían a la soberanía.

El viernes, funcionarios estadounidenses expresaron su preocupación por los futuros acuerdos comerciales de Canadá y cómo estos protegerían a América del Norte de una avalancha de productos extranjeros. Querían poder revisar y, potencialmente, dictaminar los términos de los acuerdos comerciales de Canadá con otros países, dijo un funcionario canadiense.

Los negociadores canadienses habían acudido a las negociaciones sugiriendo que el objetivo final debería ser crear una "Fortaleza Norteamérica", como la llamaban, con aranceles ultrabajos o inexistentes dentro de sus muros --es decir, entre Canadá y Estados Unidos-- y aranceles alineados para los países externos.

Estados Unidos quería que Canadá aplicara los aranceles estadounidenses a otros países, particularmente en lo que respecta al acero, tanto en el presente como en el futuro: si Estados Unidos cambiaba su política e imponía aranceles más altos a ciertos productos de un tercer país, Canadá tendría que hacer lo mismo, incluso si ya contara con un acuerdo comercial vigente, dijo un funcionario canadiense.

Para el gobierno de Trump, esto era necesario para evitar, por ejemplo, que el acero más barato inundara los Estados Unidos a través de Canadá desde terceros países.

Pero esto resultaba inaceptable para los canadienses, quienes actualmente se encuentran en negociaciones sobre múltiples acuerdos comerciales con países latinoamericanos y otras naciones como parte de la visión de Carney de diversificar el comercio para reducir la dependencia de Estados Unidos.

Un funcionario canadiense también señaló que la parte estadounidense quería además que Canadá retirara rápidamente un programa que inició el año pasado para apoyar a las industrias afectadas por los aranceles de Estados Unidos, conocido como "Buy Canadian" (Compra canadiense), que prioriza el uso de productos y proveedores nacionales para proyectos del sector público, similar a una política que Estados Unidos aplica para favorecer a sus propias industrias.

Los canadienses también presionaron a Estados Unidos para obtener garantías de que el acuerdo no sería descartado de la noche a la mañana por el gobierno de Trump. Sin embargo, Estados Unidos mantuvo que conservaría la facultad de modificar la política arancelaria contra Canadá en cualquier momento, independientemente del acuerdo, según indicaron los funcionarios. Carney diría en su airado discurso del sábado dirigido a los canadienses: A veces, la firma de Estados Unidos está "escrita a lápiz".

Perdido en la traducción

Un punto particularmente delicado en las negociaciones, y que ha movilizado a los canadienses desde que estas fracasaron, fue la insinuación de Carney de que Estados Unidos quería intervenir en la importantísima política de Canadá para proteger el uso de la lengua francesa.

El francés, hablado principalmente, aunque no de manera exclusiva, en Quebec, es una de las dos lenguas oficiales de Canadá, y el bilingüismo es una política gubernamental en todo el país. Existen diferentes tipos de leyes que protegen y garantizan el uso continuo del francés en la vida cotidiana, desde las etiquetas de los productos hasta el financiamiento de las artes y la educación. Sin tales garantías, es probable que Quebec se separara de Canadá, como ha amenazado con hacerlo en numerosas ocasiones.

Como parte de las negociaciones comerciales, Canadá había acordado revisar las leyes que protegen el contenido en línea de producción canadiense, incluyendo los programas en francés. El viernes, y hasta el último momento, Estados Unidos le pidió a Canadá que derogara una ley que, entre otras disposiciones, obligaría a las plataformas de streaming a dar mayor visibilidad a esas películas o series para los suscriptores canadienses.

Según funcionarios, la parte estadounidense consideraba que esas políticas constituían una intromisión en las libertades de las plataformas.

Una persona con conocimiento directo de las negociaciones dijo que la parte estadounidense se mostró flexible en este punto y no planteó ninguna exigencia explícita con respecto al idioma francés. Un representante canadiense señaló que, incluso si ese fuera el caso, el tema seguía debatiéndose hasta el último minuto antes de que las negociaciones se rompieran el viernes.

Sería uno de los muchos temas que quedaron sin resolver. Carney decidió que las concesiones eran impensables para Canadá.

"No podemos aceptar lo que ofrecieron y no daremos lo pidieron", dijo.

Matina Stevis-Gridneff es la jefa del buró del Times en Canadá, donde dirige la cobertura del país.

Ana Swanson cubre comercio y economía internacional para el Times desde la corresponsalía en Washington. Ha sido periodista por más de una década.

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