
No somos los únicos animales a los que les gusta cuidar a otras especies. Un nuevo estudio revela que las raíces de tener una mascota podrían remontarse a lo más profundo de nuestro pasado primate.
Ishe y Dembe, dos jóvenes chimpancés orientales, saltaban de rama en rama en la densa selva de una reserva en Uganda cuando sorprendieron a los investigadores que los observaban. Los chimpancés se acercaron a un mono de cola roja que estaba cerca, pero no con agresividad, como es común en ellos, sino con caricias. Ishe y Dembe comenzaron a peinar con calma la cola del mono.
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Una interacción poco común como esta en nuestros primos primates podría representar una etapa temprana del comportamiento de tener mascotas, según un estudio publicado recientemente en la revista científica Primates. El nuevo trabajo sugiere que nosotros, los Homo sapiens, no somos los únicos que cuidamos de otras especies, y que las raíces del deseo de tener un animal de compañía podrían remontarse a lo más profundo de nuestro pasado primate. (Piensa en Koko, la mundialmente famosa gorila, y su gatito adoptado, All Ball).
Las mascotas han representado durante mucho tiempo un enigma evolutivo para los investigadores. Tenemos que alimentarlas, darles casa, cortarles las uñas, limpiarles los dientes y rascarles detrás de las orejas. Una relación como esa podría considerarse un mal retorno de inversión.
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"Prodigar recursos en miembros de otras especies en las que no tenemos ningún interés evolutivo parece no tener sentido desde el punto de vista de la evolución", dijo Hal Herzog, psicólogo y experto en animales de la Universidad de Carolina Occidental quien no participó en la investigación. Sin embargo, muchas culturas de todo el mundo tienen mascotas y las aprecian de manera profunda.
Investigaciones anteriores muestran que las razones por las que tenemos mascotas son tan variadas como las mascotas que existen; desde la compañía y la conexión social hasta la búsqueda de novedades y el estatus. El actor Nicolas Cage tuvo una vez una serpiente de dos cabezas, y Pablo Escobar mantuvo su propio zoológico, equipado con hipopótamos, elefantes y jirafas. Estudios que hacen seguimiento a gemelos sugieren que parte del deseo por tener animales de compañía es genético, pero los orígenes definitivos de la propensión a tener mascotas están envueltos en el misterio.
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"Existen teorías de que la costumbre de tener mascotas comenzó ya sea porque los animales eran útiles para tareas como la caza y la protección, o porque los humanos tienen una tendencia natural a cuidar y crear vínculos con otros seres vivos", afirmó Zoë Goldsborough, ecóloga del comportamiento en el Instituto Max Planck del Comportamiento Animal, quien no participó en la investigación.
La evidencia arqueológica más antigua de la tenencia de mascotas proviene de una tumba de 14.000 años de antigüedad en Alemania en la que un hombre y una mujer fueron enterrados junto a su querido perro. Pero lo más probable es que la relación haya surgido mucho antes. En algún momento, a medida que domesticábamos animales, nuestra conexión con otras especies dio un salto de algo principalmente utilitario a algo más moderno.
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"Lamentablemente, no tenemos idea de cuánto tiempo llevan los humanos trayendo animales a sus vidas como mascotas", dijo Herzog. "Sin una máquina del tiempo, es posible que nunca lo sepamos".
La idea de examinar a nuestros primos en busca de comportamientos de tenencia de mascotas comenzó cuando Cyril Grueter, antropólogo biológico y primatólogo de la Universidad de Oxford y autor principal del nuevo estudio, visitaba el zoológico de Shanghái como estudiante de maestría. Vio que una hembra de gibón logró atrapar un pequeño ratón, sosteniéndolo y acariciándolo suavemente en su mano. "Ella siguió cuidando muy bien a ese ratoncito", dijo Grueter, "y el ratón parecía sentirse cómodo en su palma".
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Interacciones entre especies como estas podrían albergar pistas clave sobre por qué llenamos nuestros hogares de criaturas peludas, razonó Grueter, pero no son el tipo de datos que los investigadores publican normalmente en revistas científicas revisadas por pares. "Si ves a un gorila acurrucando a un gálago", dijo, "alguien podría tomar una fotografía y publicarla en las redes sociales, pero no escribes un artículo científico al respecto".
Para ir más allá de los ejemplos aislados, él y sus colegas revisaron de manera exhaustiva informes en los medios de comunicación y la literatura científica, y encuestaron a primatólogos en busca de relatos similares de primates interactuando con otras especies. Su evaluación reunió 427 registros en 88 especies de primates. Los datos revelaron que todos los primates, sin importar la especie, presentaban algún comportamiento que podría vincularse con tener mascotas.
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"Hay un caso en el que un mono macaco formó un vínculo social muy fuerte con una gallina que apareció accidentalmente en su recinto", dijo Grueter, y otro en el que una tropa de monos capuchinos adoptó a una cría de mono tití, amamantándola y cuidándola durante meses. Parece ser un fenómeno común tanto en animales salvajes como en cautiverio.
Después de examinar más a fondo los videos, los investigadores descubrieron que los monos y los simios interactuaban con una larga lista de especies no relacionadas, que incluían lagartos, aves, ciervos, perros, ardillas y otros primates. Las interacciones más comunes consistían en jugar y acicalar, y tendían a coincidir con las relaciones que los primates tienen con miembros de su propia especie: los jóvenes eran más propensos a jugar con otros animales, las hembras adultas tenían más probabilidades de amamantar a los animales adoptados, y los machos adultos eran generalmente indiferentes y a veces violentos. En la mayoría de los casos, las interacciones fueron fugaces, pero en unos pocos casos la relación parecía imitar una adopción en toda regla.
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¿Qué podrían obtener los monos y los simios de interacciones fugaces con animales con los que no están emparentados? Grueter sospecha que parte de la motivación podría ser la soledad. De manera similar a cuando los humanos se sienten solos, nuestros parientes primates pueden satisfacer una necesidad de intimidad acicalando o acurrucándose brevemente con otro cuerpo cálido. Así que, mientras nosotros adoptamos un cachorrito, un mono aullador podría capturar y mimar a un ratón que esté cerca.
Grueter espera que la investigación pueda ayudar a los zoológicos y santuarios que albergan recintos multiespecies a identificar qué animales vivirían juntos en armonía.
Aun así, señala que los ejemplos que encontró distan mucho de los Fido o Tiger que viven en nuestros hogares. "No existe un equivalente real a tener mascotas en los primates no humanos", dijo, pero podemos examinar los "ingredientes" que podrían haber conducido a su evolución.
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