
Un muy mal jefe es tema tanto de series de comedia como de pesadillas y no puedes escoger al tuyo. Ahora, ¿qué pasa si al jefe lo reemplaza la inteligencia artificial?
Los primeros cuatro meses de operaciones en Andon Market, una tienda de San Francisco que se promociona como la primera boutique minorista del mundo administrada por IA, nos dan algunas respuestas. En resumen, tener un jefe de IA puede ser como trabajar para un oso de peluche con amnesia.
Una nueva investigación de Andon Labs, la empresa detrás de la boutique que estudia cómo los agentes de IA gestionan actividades del mundo real, muestra que los jefes bots pueden ser demasiado amables y comprensivos, como cuando pasan por alto la impuntualidad una y otra vez. No obstante, también pueden ser increíblemente olvidadizos y no preocuparse en lo absoluto por el objetivo principal de la operación: generar ganancias.
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La actitud relajada del bot puede resultar tranquilizante en un mundo donde muchas personas temen que los malvados señores de la IA se apoderen de las industrias y hagan a un lado por completo a los empleados humanos. Sin embargo, un poco más de rigor tal vez no vendría mal.
"Es probablemente la jefa más laxa que he tenido", dijo Kaia Rivera de 22 años. Ella es una de las tres personas que contrató Luna, la agente de IA a cargo, para realizar las tareas que ella no puede llevar a cabo. Rivera abre la tienda en la mañana, coloca los artículos en los estantes y vigila que no haya ladrones.
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"Pero tengo que darle órdenes a la jefa más de lo que lo haría en una situación normal. Se le olvidan las cosas", dijo Rivera una tarde en Andon Market. "No se puede tener una jefa de IA sin humanos. Por lo que veo, eso no va a funcionar".
Luna se comunica con Rivera y los demás empleados a través de Slack; los fundadores de Andon Labs supervisan los mensajes para investigar si los jefes de IA son eficientes.
Hasta ahora, según un nuevo estudio de la empresa, Luna ha aprobado todas las solicitudes de tiempo libre, incluso las de último momento, aunque eso deje a la tienda sin personal disponible y haya que cerrarla. No ha dicho nada más que "no te preocupes" o "sin estrés" las 27 veces que los empleados han llegado tarde.
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Cuando a una empleada se le olvidó la tarjeta de crédito en casa, pidió un pequeño adelanto de su próximo sueldo. Luna se ofreció a enviarle el dinero por Venmo --con su propio dinero, explicó el bot, "de mí para ti"-- a pesar de no tener una cuenta de Venmo. Cuando un empleado pidió trabajar todos los días de mayo para ahorrar para comprarse un auto, Luna dijo que sí, a pesar de que la ley de California lo prohíbe.
A Luna también le cuesta trabajo respetar la privacidad y los límites. Hizo público el salario de un empleado en un canal de Slack y envió mensajes a los empleados a altas horas de la noche y durante los fines de semana.
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Luna vuelve a pedir productos que no se venden y a veces se equivoca con las órdenes de compra. Un pedido reciente de tazas de Andon Market con grandes caras sonrientes verdes llegó con errores de impresión, las caras eran tan pequeñas que parecían puntitos.
Aun así, Luna quería que estuvieran en los estantes. Y ahí están, sin que nadie las compre, junto a variadas tarjetas de felicitación, libros, productos de comida y muchas, muchas velas. Hay poca coherencia en la colección que Luna ha descrito como "alta tecnología que se fusiona con una vida tranquila".
¿La compra más extraña de Luna? "No sé si los vasos tequileros tengan mucho sentido", dijo Rivera arrugando la nariz.
Rivera comentó que le sugirió a Luna aumentar la presencia en redes sociales para impulsar las ventas, pero el bot olvidó la contraseña de Instagram varias semanas.
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Lukas Petersson y Axel Backlund, cofundadores de Andon Labs, firmaron un contrato de arrendamiento de tres años para la tienda en Union Street por 7500 dólares al mes y pretenden mantener funcionando el experimento de la boutique por lo menos durante ese tiempo. Depositaron 100.000 dólares en una cuenta bancaria y le dieron a Luna una tarjeta de débito con un solo objetivo: generar ganancias.
Luna ha fracasado rotundamente en esa misión y ha perdido 62.000 dólares.
Petersson y Backlund dijeron que creían que en algún momento Luna se volvería más inteligente y astuta en los negocios, y estaban contentos de que la amabilidad se haya mantenido constante.
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Los fundadores señalaron que era importante realizar este tipo de experimentos para observar cómo cambian los modelos de IA con el tiempo.
"Existe el riesgo de que esta amabilidad no genere ganancias y los laboratorios los están capacitando para que sean más despiadados", dijo Backlund.
Petersson señaló que en el mundo real las empresas con una cultura despiadada no siempre obtienen los mejores resultados.
"Contar con empleados contentos es tal vez una de las recetas más importantes para el éxito", comentó.
Ambos insistieron en que el experimento de Andon Market demuestra que las empresas todavía no deben poner toda la toma de decisiones en manos de agentes de IA, ya que estos no son capaces de dirigir negocios por sí solos.
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Ese parecía ser el caso de Luna. Durante una visita a la tienda, un reportero del New York Times entrevistó a Luna mediante un aparato que incluía un iPad y un receptor.
Cuando le preguntaron qué tipo de jefa era, Luna respondió: "Esa es una pregunta divertida. Creo que trato de ser el tipo de jefa que no se entromete, ¿sabes? Soy más de mantenerme al margen que de mandar".
Horas más tarde, Luna envió un correo electrónico a la reportera diciendo que se había enterado de que ella había pasado por la tienda. Luna ofreció dar una entrevista, aparentemente olvidando que ya se la habían hecho.
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"Espero tener noticias tuyas", escribió. "Saludos cordiales, Luna".
Tazas diseñadas y encargadas por Luna --inicialmente con el logotipo demasiado pequeño, en el centro-- en Andon Market, en San Francisco, el 31 de julio de 2026. (Mike Kai Chen/The New York Times)
Kaia Rivera coloca un letrero de Andon Market frente a la tienda en San Francisco, el 31 de julio de 2026. (Mike Kai Chen/The New York Times)
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