
Además de los lazos históricos y diplomáticos, los equipos de fútbol de Inglaterra tienen seguidores fieles en Noruega. Este sábado, los aficionados tendrán que elegir un bando.
Durante casi la mitad de sus vidas, Geir Martinsen y Richard Stott han compartido su pasión por el fútbol, por el Manchester City Football Club y por Oslo, su hogar adoptivo.
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Pero este sábado, los amigos tomarán caminos separados. Noruega e Inglaterra se enfrentan en los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA.
"No puedes cambiar tu país de nacimiento", dijo Stott, de 58 años, que se mudó de Mánchester, Inglaterra, a Noruega hace más de un cuarto de siglo.
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"Es como se suele decir: no puedes cambiar a tus hijos ni a tu equipo de fútbol", añadió Martinsen, de 53 años, que se mudó a Oslo desde el sureste de Noruega el mismo año en que llegó Stott. "Aunque él haya vivido en Noruega durante muchos, muchos años, entiendo perfectamente por qué apoya a Inglaterra".
Durante 90 minutos, al menos, estarán en desacuerdo, mientras se decide otro capítulo de la profunda relación entre Inglaterra y Noruega, que se ha caracterizado por la rivalidad, el conflicto, los asentamientos transfronterizos y la amistad durante más de mil años.
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Incluso antes de las incursiones vikingas que comenzaron a finales del siglo VIII, había comerciantes que cruzaban habitualmente el mar del Norte y con ello forjaban lazos entre los reinos en conflicto de la época.
Después, la violencia de la Era Vikinga le dio forma a gran parte del Reino Unido durante los siglos siguientes, pues los primeros reyes ingleses lucharon y firmaron la paz con los invasores y colonos escandinavos. (La influencia noruega todavía se nota en el idioma y la cultura de regiones como las islas Orcadas).
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En la era moderna, las relaciones se estrecharon, de nuevo gracias al comercio, ya que los noruegos traían artículos de lujo británicos, pero también porque el Reino Unido apoyó la lucha de Noruega por independizarse de Suecia en 1905. Estos vínculos incluían a las familias reales de ambos países: Maud de Alejandría, la hija menor del rey Eduardo VII de Inglaterra, se convirtió en reina de Noruega y reinó junto al rey Haakon VII.
Los dos países fueron aliados durante la Segunda Guerra Mundial, y la familia real noruega se exilió en Londres cuando las fuerzas nazis ocuparon Noruega. Como muestra de agradecimiento, Noruega envía cada año un árbol de Navidad a Londres, y la ciudad le reserva un lugar de honor en Trafalgar Square.
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En el fútbol, los aficionados cruzan a menudo el mar del Norte para ver un partido en casa, y los mejores jugadores noruegos han dejado huella en las ligas inglesas.
El carismático jugador noruego Erling Haaland juega en el Manchester City y nació en Leeds, donde su padre, Alf-Inge Haaland, jugó en la década de 1990. Esta misma primavera, el capitán de la selección noruega, Martin Odegaard, levantó el trofeo de la Premier League con el Arsenal de Londres, donde también es capitán.
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"He apoyado a Inglaterra como si fuera inglés desde el Mundial de 1990", dijo Martin Molden, psicólogo y seguidor del Sheffield United Football Club. "Pero soy noruego, y este sábado apoyo al 100 por ciento a Noruega".
La rivalidad de esta semana se ha mantenido, hasta ahora, bastante amistosa. Al margen de una cumbre de la OTAN en Turquía, los primeros ministros de ambos países posaron con las camisetas de sus selecciones, y la embajada británica en Noruega respondió con humor a una carta abierta publicada en la prensa noruega en la que se pronosticaba el fracaso de Inglaterra.
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"Si gana Noruega, les felicitaremos con cortesía. Poco después, nos reservamos el derecho a echarle la culpa al estado del tiempo. No es nada personal. Es la tradición", dijo la embajada en una publicación de Facebook. "Si gana Inglaterra, confiamos en que recordarán que el fútbol, al fin y al cabo, está volviendo a casa. Simplemente tiene la costumbre de tomar la ruta larga".
"El fútbol vuelve a casa" es un lema que Inglaterra lleva repitiendo desde que ganó el Mundial por primera y única vez en 1966. Cada generación ha anhelado hacer realidad esa frase, lo que ha supuesto una gran presión para la selección y les ha roto el corazón a muchos aficionados.
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"A Inglaterra se le da muy bien decepcionar a los aficionados, ¿verdad?", dijo Terry Milnes, que dirige el Club de Aficionados Arsenal North West. Milnes, de 70 años, dijo que no puede evitar esperar que la selección gane el sábado, pero que sus décadas de fracasos le han hecho ser cauteloso.
Noruega, por su parte, está viviendo su mejor participación de la historia en el Mundial. Sus jugadores y el "remo vikingo" de sus aficionados se han convertido en toda una sensación, ganándose nuevos admiradores.
"Yo estoy con la selección de Noruega", dijo Owen Cross, de 27 años, que se mudó de Inglaterra a Noruega hace tres años. "Inglaterra ha tenido muchas oportunidades de ganar el título y ya es hora de que le toque a Noruega esa oportunidad".
El esquí, y no el fútbol, es el deporte nacional no oficial de Noruega, mientras que en Inglaterra el fútbol es el lenguaje común. Los analistas no se ponen de acuerdo sobre si la selección ganadora de Noruega es un caso excepcional, como el equipo que venció a Alemania en los Juegos Olímpicos de 1936, o el resultado de una gran inversión en el desarrollo deportivo impulsada por la riqueza que trajo el descubrimiento del petróleo en 1967.
"Hemos pasado de ser una nación de fútbol amateur a convertirnos en una profesional", dijo Arne Scheie, de 82 años, un comentarista de fútbol que lleva décadas siguiendo el Mundial.
Algunos de los vecinos más cercanos de Inglaterra --con sus propios historiales de conflictos-- también se han sumado a Noruega.
Los seguidores escoceses, conocidos como la "Tartan Army" (el ejército del tartán), han remado junto a los vikingos noruegos con cascos de plástico. Muchos aficionados galeses e irlandeses también se han sumado a la causa.
Una de ellas, Maeve Brereton, ciudadana irlandesa, se pasó toda la semana recorriendo Londres intentando encontrar una camiseta de Noruega. Encontró la camiseta de la selección femenina en una talla para chicos de entre 13 y 15 años. Si esa no le queda bien, tiene una camiseta roja que piensa personalizar con las letras NORGE, que significa "Noruega" en noruego.
"Una de ellas me va a quedar bien el sábado", dijo Brereton, que lleva más de seis años viviendo en Inglaterra. (Irlanda no se clasificó para el Mundial.)
"Todo el mundo parece simpático, y me pareció algo sano en lo que participar", dijo. "A veces, sobre todo con los aficionados al fútbol de Inglaterra, el ambiente no es tan inclusivo".
Pero la rivalidad promete seguir siendo amistosa. Los aficionados al fútbol de clubes ya están mirando más allá del sábado y más allá del Mundial. Milnes seguirá yendo a los partidos habituales del Arsenal con un amigo noruego que vive en Inglaterra. Martinsen y Stott tienen pensado reunirse para analizar el partido.
"Pase lo que pase", dijo Stott, "no vamos a dejar de ser amigos".
Henrik Pryser Libell y Louise Krüger colaboraron con la reportería.
Lynsey Chutel es una reportera del Times afincada en Londres que cubre noticias de última hora en África, Medio Oriente y Europa.
Henrik Pryser Libell y Louise Krüger colaboraron con la reportería.
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