Los hospitales de Venezuela colapsan ante la emergencia

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Los hospitales y las morgues de Caracas y La Guaira se vieron desbordados por pacientes, fallecidos y familiares que esperaban encontrar a sus seres queridos con vida.

Había niños con la cara magullada y las piernas rotas. Un paciente se enfrentaba a su tercera noche en una camilla en el patio de un hospital, con el gotero de la vía intravenosa sujeto a la rama de un árbol. Una morgue diseñada para dos cuerpos estaba abarrotado con 30. Sin electricidad, los sistemas de refrigeración del depósito fallaron y el calor aceleró la descomposición. El hedor era insoportable.

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Dos días después de que dos terremotos históricos sacudieran Venezuela, los hospitales y las morgues de Caracas y La Guaira se vieron desbordados por pacientes, fallecidos y familiares que esperaban encontrar a sus seres queridos con vida. Los médicos, que llevan años trabajando en hospitales públicos con una financiación lamentablemente insuficiente, dijeron que nunca habían visto tanto sufrimiento de golpe.

Las imágenes del viernes, tanto dentro como fuera de los hospitales de la región, dejaron al descubierto lo poco preparado que estaba el gobierno de Venezuela para este desastre. El sistema de salud del país ha sido una de las principales víctimas de una crisis económica y de la mala gestión crónica del gobierno que se remonta a más de una década.

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El viernes, los pacientes yacían al aire libre en los patios de los hospitales; los escombros rodeaban las clínicas. Y ante la falta de ayuda estatal, aparecieron ciudadanos y voluntarios médicos que traían agua, medicinas y suministros.

También surgieron hospitales de campaña, como uno en la terminal de autobuses de la ciudad de Catia La Mar.

En un hospital de Caracas conocido como Periférico de Catia, una niña de cinco años había llegado tras ser rescatada de entre los escombros. Mientras un médico le pasaba la sonda de ecografía por el abdomen, la niña no dejaba de repetir, casi en un susurro, que había habido un terremoto.

Le temblaba la voz, igual que las manos. Otros miembros de su familia no tuvieron tanta suerte; su hermano de nueve años y su abuela, que estaban con ella cuando se derrumbó el edificio, habían fallecido, dijo una de las madrinas de la niña.

Circularon por internet imágenes de niños que habían sido encontrados entre los escombros sin sus padres, entre ellos un bebé de seis meses con la cara enrojecida y arañada.

En la morgue estatal de Bello Monte, se respiraba un ambiente de conmoción contenida. Decenas de familias habían acudido para intentar encontrar a sus seres queridos desaparecidos o identificar a personas de las que ya sabían que habían fallecido.

De vez en cuando, el silencio se rompía con los sollozos de quienes veían llegar a otra familia con la confirmación de una muerte.

Entre ellos estaba Stuart Pinto, de 49 años, que dijo que llevaba dos días sin dormir. Estaba esperando recibir el cuerpo de su hijo, Deyker Pinto, de 34 años, quien, según dijo, había quedado desmembrado durante el terremoto.

Pinto había llorado el día anterior, dijo, pero ahora ya no le salían lágrimas. Dijo que solo quería recoger el cuerpo de su hijo para poder darle sepultura.

En el Hospital José María Vargas de Caracas, algunos pacientes que ya estaban ingresados antes del terremoto dijeron que el interior del centro había sufrido graves daños.

Fuera, la gente se agolpaba alrededor de las listas de pacientes, buscando a sus familiares.

Como había tan pocas ambulancias disponibles, a las personas que habían sido rescatadas de entre los escombros las llevaban al Hospital Domingo Luciani en coches normales.

Un coche entró a toda velocidad en el estacionamiento de la clínica con un cartel en la ventanilla que declaraba llevar heridos y decía "EMERGENCIA". Al frenar en seco, los pasajeros salieron en tropel y empezaron a pedir ayuda. Un joven salió del coche, con cara de angustia, y gritó de dolor.

De un segundo automóvil salió una mujer mayor, con aire perdido, y unos hombres con cascos rojos la guiaron hacia dentro para que la atendieran.

Al norte de Caracas, en Catia La Mar, la Clínica Comunitaria Alfredo Machado había sobrevivido al terremoto, pero estaba rodeada de edificios derrumbados.

Desde el miércoles por la noche, una clínica acostumbrada a las revisiones rutinarias de pacientes y a las urgencias cotidianas se había transformado en un centro de triaje para catástrofes.

Pero a última hora de la tarde del viernes, su función había vuelto a cambiar. Los vehículos ya no traían enfermos ni heridos, sino que ahora llegaban con fallecidos.

Adriana Loureiro Fernandezy Fabiola Ferrero colaboraron con la reportería desde Caracas y La Guaira.

Julie Turkewitz es jefa del buró de los Andes, radicada en Bogotá, Colombia, cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú.

Adriana Loureiro Fernandezy Fabiola Ferrero colaboraron con la reportería desde Caracas y La Guaira.

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