
Los dos últimos años han sido buenos para Emily Blunt, quien obtuvo importantes nominaciones a premios por Oppenheimer y La Máquina, y coprotagonizó el éxito mundial El diablo viste a la moda 2. Sin embargo, para Blunt, de 43 años, pocos hitos profesionales pueden compararse con el hecho de que Steven Spielberg le ofreciera el papel protagonista en El día de la revelación, actualmente en cartelera.
"De niña, recuerdo lo mucho que me alteró y cómo me sentí exactamente igual que Elliott cuando E.T. se marchó", dijo recientemente en una charla por video. "Recuerdo haber quedado completamente traumatizada por Tiburón y muy emocionada con Indiana Jones. Así que resulta algo muy surrealista que él quiera conocerte y trabajar contigo".
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En El día de la revelación, Blunt interpreta a Margaret, una meteoróloga de Kansas City, Misuri, que aparentemente es poseída durante una transmisión e interrumpe su informe meteorológico para emitir unos inquietantes chasquido alienígenas. Su extraño comportamiento llama la atención de unos misteriosos agentes del gobierno quienes esperan descifrar su mensaje, y pronto Margaret se ve envuelta en una conspiración que se remonta a décadas atrás y que podría demostrar la existencia de vida extraterrestre en la Tierra.
Sin embargo, Blunt no sabía nada de eso cuando Spielberg la invitó a su primera reunión.
"Fue todo muy, muy secreto, y me encanta cuando ni siquiera tu agente sabe de qué trata la película", dijo. Mientras Spielberg le describía el proyecto, Blunt apenas podía creer que le estuviera pidiendo protagonizar algo que él consideraba similar a E.T., el extraterrestre y Encuentros cercanos del tercer tipo, grandes éxitos de ciencia ficción destinados a plasmar lo que él sentía de niño al contemplar las estrellas.
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"Me pasé todo el rato diciendo 'Mm-hmm', e intentaba aparentar una serenidad imperturbable, cuando por dentro estaba muy nerviosa", dijo.
A continuación, se incluyen extractos editados de nuestra conversación.
¿Habías conocido alguna vez a Steven Spielberg antes de que te ofreciera esta película?
Lo único que recuerdo es que estaba en el almuerzo de la AFI para Oppenheimer con [su director] Chris Nolan, y todo el mundo se acercaba a Chris sin cesar --actores, cineastas-- hasta tal punto que él ya estaba tan acostumbrado que ni siquiera se levantaba. Y entonces vi que miró por encima de mi hombro y se puso de pie, ¡y era Steven!
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La gente ha calificado a Nolan como el heredero de Spielberg. Ahora que has trabajado con ambos, ¿en qué medida crees que se parecen?
A ambos los encuentro increíblemente valientes, muy audaces, capaces de manejar un mundo mítico de enormes proporciones. Pero mira, uno es muy británico y el otro, para nada. Chris se parece a muchos miembros de mi familia, así que para mí era un terreno muy familiar. Aunque en realidad es muy tierno con los actores, hay una línea de comunicación directa y sin rodeos, como un rayo láser, sin suavizar los golpes. Los británicos no se emocionan con nada, en realidad, porque se percibe como una muestra de efusividad, así que, para mí, Chris es como un Blunt.
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Pero hay algo instintivo que ambos comparten. Aunque Steven lo muestra más abiertamente, a ambos les invade una especie de emoción, como si se sintieran conmovidos. Nunca se ve a ninguno de los dos con la cabeza entre las manos, preguntándose: "¿Cómo vamos a rodar esto?", jamás.
Spielberg es conocido por su ingeniosa dirección escénica. En su primera escena, Margaret no deja de cruzar la habitación de un lado a otro --mira una computadora portátil, prepara un pan tostado-- y hay una precisión en todos esos movimientos que casi parece una coreografía.
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Él quería que Margaret estuviera en constante movimiento al principio --esa inquietud, esa incapacidad para afianzarse en algo--, por lo que siempre se está moviendo. Cuando lo ensayamos, él no tenía ninguna idea preconcebida de cómo rodarlo. Simplemente me dijo: "pensaba que podrías empezar aquí, y hagas lo que hagas, simplemente déjate llevar".
Así que lo vas haciendo, y él te observa. Lleva un puro apagado y se lleva la mano a la oreja --todos esos pequeños tics que me parecen tan adorables--; luego da una vuelta un momento y dice: "Bien, esto es lo que vamos a hacer". Le gusta la espontaneidad. No creo que lo dirija todo con demasiada rigidez, y muchos directores se vuelven muy técnicos con la cámara. Pero es muy emocionante verlo construir la escena justo delante de ti.
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En tu investigación, ¿qué descubriste sobre la personalidad del meteorólogo estadounidense?
Tienen esa forma de hacerte partícipe y hacerte sentir parte del tiempo, como si dijeran: "¿No es emocionante?". En cierto modo, te convencen y lo hacen divertido, aunque vaya a ser una auténtica pesadilla. En cambio, en Inglaterra somos un poco más pesimistas con respecto al tiempo, probablemente porque la mayoría de las veces es malo.
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Hablé con una meteoróloga increíble --no quiero revelar su nombre, pero es muy conocida-- y es una profesión muy exigente. Tienen que pensar con rapidez y agilidad, porque, independientemente de lo que haya ocurrido en el ciclo de noticias de esa mañana, el tiempo tiene que adaptarse. Además, se peinan y maquillan ellas mismas, y se encargan de su propio vestuario. La mujer con la que hablé dijo que era un trabajo de veinticuatro horas al día, y que, una vez que empezó a tener hijos, ya no pudo seguir haciéndolo.
En esta película utilizas un acento estadounidense, a pesar de que Spielberg te ha rodeado de otros actores del Reino Unido, como Josh O'Connor y Colin Firth.
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¡Era ridículo! Realmente fue la invasión británica en la película de Steven. Normalmente intento mantenerme en un término medio [con su acento estadounidense entre tomas], pero entonces aparece Josh O'Connor y se acabó.
Y además tienes que hablar coreano y ruso con aparente fluidez. ¿Te resultó difícil dominarlos?
Siempre me han gustado los idiomas. Me encantaba el español en el colegio y mi madre es una gran lingüista, así que, antes de convertirme en actriz, quería ser traductora de español para la ONU. Me gustaría poder hablar idiomas, pero es como si dijera que debería aprender a tocar bien el ukelele. Simplemente necesito hacerlo de verdad.
¿Cómo concebiste los chasquidos alienígenas que hace Margaret?
Tengo un sinfín de notas de voz con diversos sonidos extraños que le enviaba a Steven Spielberg. Él quería realmente un caleidoscopio de ruidos e intentaba encontrarlo junto a mí. Luego, cuando tuvimos esa gama de sonidos --desde tarareos hasta cantar al estilo de Barry White--, nos metimos en la cabina de sonido y lo grabamos todo. Para entonces, él simplemente dijo: "creo que tiene que ser matemático y no aterrador. Extraño e inquietante, pero que no de miedo".
Tus personajes en películas recientes como La Máquina, Oppenheimer y El diablo viste a la moda 2 no siempre hacen lo correcto. Intuyo que te gusta esa ambigüedad, pero ¿es diferente cuando interpretas a quien es más claramente la 'buena'?
Sí. Sea cual sea su comportamiento, no tengo por qué estar de acuerdo con él, pero sí tengo que entenderlo. Aun así, hay una oscuridad que se va infiltrando poco a poco cuando interpretas a personajes como Dawn Staples [la novia de un luchador de artes marciales mixtas en La Máquina] y Kitty Oppenheimer, y no siempre es un lugar agradable para habitar mientras lo haces. En el caso de Margaret, la quería muchísimo y la admiraba, y la eché de menos cuando terminó la película.
¿Te suele pasar eso a menudo?
A veces, no siempre. De hecho, la mayoría de las veces pienso: "Lo he superado", y de vez en cuando se vive una experiencia de la que uno desea librarse cuanto antes. Pero lo único que he querido es seguir descubriendo diferentes personas que habitan en mí. Este trabajo me resulta muy terapéutico: permite sublimar las experiencias vividas en algo verdaderamente artístico.
Al principio de tu carrera, dijiste que esperabas que El diablo viste a la moda te ayudara a romper con el estereotipo de las películas de época británicas. Al ver los papeles tan diferentes que has interpretado recientemente, ¿crees que fue la primera Prada la que te puso en ese camino?
Ese personaje de El diablo viste a la moda, aunque sea una lunática y un completo desastre como persona, me abrió muchas puertas a la comedia y a papeles de carácter. Si uno es de Inglaterra y se te exige ponerte una cofia, salir en Foyle's War o cumplir tu tiempo en la televisión británica de esa manera, eso me permitió que me vieran de una forma diferente. Y se lo agradecí mucho.
En El diablo viste a la moda 2, cuando Miranda Priestly le dice a tu personaje, Emily: "No eres una visionaria, eres una vendedora", es la frase más mordaz de la película. Si Meryl Streep me dijera eso a mí, me desintegraría.
¡Y me desintegré! Estábamos muy cerca, y entonces ella clava esos ojos verde menta en ti, y yo me encogí. Además, realmente saboreó la palabra "vendedora". Pero es necesario que Emily reciba una reprimenda. Es fundamental que ese personaje reciba su merecido. Creo que esa escena tiene un aire muy griego.
Últimamente ha habido algunos éxitos notables de taquilla, entre ellos El diablo viste a la moda 2 y las sorpresas de terror Obsesión y Backrooms: sin salida.
¿No es estupendo? Estoy encantada de que la gente convierta de nuevo ir al cine en todo un acontecimiento. Este verano ha sido muy emocionante para todos los que formamos parte de la industria.
¿Qué crees que aprenderá Hollywood de estos éxitos?
En el caso de El diablo viste a la moda, parecía que tenía potencial para convertirse en un auténtico fenómeno debido al revuelo que se había generado a su alrededor, aunque no creo que pensáramos que llegaría a este extremo.
Pero me encanta que aparezca algo como Proyecto Fin del Mundo y la gente se pregunte: "Un momento, ¿cuál es la fórmula para llenar las butacas?". Creo que a la gente le tomó por sorpresa lo bien que le fue a esa película. Lo vivimos con Un lugar en silencio [en la que actuó junto a su marido, John Krasinski, quien la dirigió]: cuando esa película triunfó, muchos de nuestros amigos acudieron a los estudios después y les dijeron: "De acuerdo, necesitamos una como esa".
Entonces, ¿cuál es la fórmula? ¿Percibes que haya algún hilo conductor?
No sé si hay otra fórmula más allá de una historia extraordinaria, y eso es lo que acabe pegando. Simplemente ocurre. Creo que si se consigue conmover a la gente y crear algo familiar pero nuevo, quizá esa sea la fórmula. Quizá eso sea lo que funciona.
Kyle Buchanan es reportero de cultura pop y escribe The Projectionist, la columna de la temporada de premios del Times.
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