
Pide las porciones, dóblalas por la mitad, coquetea con el modelo y espera que tu novio se ponga celoso.
"Hay alguien a quien quiero que conozcas", dijo mi madre. "Es modelo. Se llama Jason".
Tenía 20 años, estaba en casa durante las vacaciones de la universidad y la casa era nueva. Aproximadamente un mes después de que me graduara de la preparatoria, mi madre se mudó de Nueva Jersey a un apartamento en Manhattan.
PUBLICIDAD
Este modelo tenía mi edad, me explicó mi madre. Era un chico encantador, un poco solitario. "Creo que echa de menos su casa", dijo. "Le cociné espaguetis".
"¿Le cocinaste espaguetis a un modelo?".
Tenía una amiga que trabajaba en una agencia de modelos y Jason era uno de sus clientes. Yo tenía un novio que vivía en Nueva Jersey.
PUBLICIDAD
Mi mejor amiga, Liz, se quedó a dormir esa noche, ilusionada con la visita del modelo. Ella todavía vivía en Nueva Jersey y yo la tenía que llevar de vuelta al día siguiente. Nos dimos emocionadas palmadas en los brazos y corrimos hacia el espejo a exprimirnos algunos granos.
Mi madre gritó desde la diminuta cocina de nuestro nuevo apartamento: "Tiene una sesión de fotos para Calvin Klein. Se los advierto. Está guapísimo".
Me preguntaba si mi novio se pondría celoso, no porque él fuera celoso precisamente. Tal vez con alguien más lo habría estado, pero nuestra relación era a distancia y abierta. No había tiempo para posesiones ni reglas. Yo estudiaba en la universidad de Boston y él en una universidad local de Nueva Jersey.
PUBLICIDAD
Hablábamos casi todas las noches y yo le contaba por teléfono mis ligues y aventuras de una noche. Le conté cómo me había enredado con un chico en un bar y cómo le había explicado al mismo chico: "La única razón por la que me estoy enredando contigo es porque te pareces a mi novio, que vive en Nueva Jersey".
Pero no era un intercambio justo, porque mi novio nunca me daba detalles de lo que él hacía. Le pregunté si había otras chicas, otros besos ¿Alguien para pasar el rato?
PUBLICIDAD
"Nunca", afirmó.
Nada más que sí había. Mis amigos me contaban que en tal o cual bar se había ligado a tal o cual chica. Yo seguía esperando a que él me lo dijera. No había nada que ocultar. Era la distancia lo que nos separaba, no otras mujeres, ¿verdad?
PUBLICIDAD
Para su cumpleaños, le regalé una lámpara de lava morada. Llevábamos dos años juntos, con algunas interrupciones y nunca nos habíamos dicho "Te amo". Esa noche no pude contener las palabras y prácticamente me derrumbé de rodillas cuando le dije que lo amaba.
¿Recuerdas la primera vez que le dijiste "Te amo" a alguien? El aire se te escapa de repente, como si alguien te golpeara en el estómago. Pero él no dijo nada. Le dije que lo amaba; él me abrazó y dijo: "Gracias". Nos recostamos juntos en su cama, mientras las manchas moradas de la lámpara de lava proyectaban un resplandor sobre las paredes de su pequeño dormitorio.
PUBLICIDAD
Ahora, mientras esperaba en el apartamento de mi madre, sonó el timbre.
"¡Ya llegó el modelo!", grité.
"Tiene nombre", exclamó mi madre.
Jason era, sin duda, la persona más guapa que había visto en mi vida. Pelo rubio corto. Pómulos marcados. Mandíbula perfectamente delineada. Ojos azules.
"Hola, mucho gusto", dijo y "Oye, tu mamá ha sido muy amable conmigo" y "Oye, tu madre es genial".
Mi madre sonreía radiante desde un rincón.
No sé qué nos hizo llevarlo a comer pizza. Quizá su aspecto era tan intimidante que tuvimos que bajarlo a nuestro nivel. Jason empezó a comer la pizza desde la punta, a pequeños bocados.
PUBLICIDAD
"¿Qué te pasa?", le dije. "Dóblala por la mitad y cómetela como una persona normal".
"¿Por qué tendría que doblar mi pizza a la mitad?", preguntó Jason. Era de Arizona o California, lugares donde la pizza es algo secundario.
"En Nueva Jersey, se reirían de ti por eso", comentó Liz.
A él le pareció divertidísimo y dobló la pizza, con la grasa chorreándole por la barbilla. Éramos dos chicas jóvenes, chicas normales, que pedimos no una, sino dos porciones de pizza cada una. No éramos el tipo de chicas a las que los modelos de Calvin Klein estaban acostumbrados a tener cerca.
PUBLICIDAD
"Sería el hazmerreír de Nueva Jersey", expresó. "¿Cuándo puedo ir a Jersey?"
¡Nunca! Quería decirle. ¡Eres demasiado guapo para Nueva Jersey!
Pero entonces recordé que tenía que llevar a Liz a su casa.
"Puedes ir ahora mismo, si quieres". Mi corazón empezó a latir con fuerza porque se me ocurrió que Jason sería la excusa perfecta para poner celoso a mi novio. Podríamos aparecer en su puerta y presentar a Jason como mi nuevo amigo.
"Seré tu guía", dije riendo. "Podemos pasar delante de la casa de mi novio".
"¿La casa de tu novio?" preguntó. "Sí, claro. ¿Por qué no?".
Mientras conducíamos, le señalábamos los lugares emblemáticos. Ahí está el Giants Stadium. Ahí está el Tick Tock Diner. Ahí está Pizza 46. Jason iba sentado atrás y metía la cara entre los asientos delanteros.
Me ponía nerviosa dejar a Liz. En cuanto ella saliera del auto, quedaríamos solo Jason y yo. Da seguridad tener a un lado a tu mejor amiga, el tipo de persona que podría hacerte entrar en razón. El tipo de persona que podría decir: "Vuelve a la ciudad. No pases por delante de la casa de tu novio".
Pero ella se bajó sin decir más y Jason se pasó al asiento delantero. Si daba media vuelta y lo llevaba a casa, la noche se acabaría. Uno no sale con modelos solitarios más de una vez porque nunca están solos por mucho tiempo. Después de esa noche, no volví a verlo hasta que apareció en un programa de televisión muy popular unos años más tarde.
Así que conduje hasta el barrio común y corriente de mi novio, muy parecido al barrio en el que crecí. Meses más tarde, después de que él rompiera conmigo por otra chica, me dijo mi madre: "Estabas destinada a superarlo de una u otra manera". Él no te hubiera podido seguir el ritmo. Lo habrías eclipsado".
Sin embargo, allí estaba yo, conduciendo por su calle, como loca, con ese modelo en mi auto. Era una chica más de Jersey, como todas esas chicas de Jersey antes de mí, sin nada especial, arrastrando a un tipo cualquiera para darle celos a mi novio. Estaba tratando a Jason, un chico muy amable, como si fuera un trofeo de caza.
Arrojada por la vergüenza, cambié de opinión y aceleré, buscando un cruce para escapar.
"¿No vamos a pasar por su casa?", preguntó Jason. "¿No habíamos quedado con él?"
"Deberíamos regresar", le expliqué. "No puedo respirar aquí. ¿No hueles el río Passaic desde aquí?"
Pero Jason tenía que ir al baño. Podría haberlo llevado al baño de un restaurante sobre la autopista de regreso a la ciudad. El Tick Tock estaba a cinco minutos de allí. En lugar de eso, le dije: "Mi padre vive a unos diez minutos de aquí. Podríamos ir a su casa".
"Genial", expresó Jason. "Me encantan los papás".
Unos meses antes, cuando le pregunté a mi novio si quería conocer a mi padre, me dijo: "¿Por qué? No es que nos vayamos a casar ni nada por el estilo". Para entonces, yo ya había iniciado los trámites para cambiarme de la Northeastern a la N.Y.U. para estar más cerca de él. Fantaseaba con casarme con él.
Mi padre estaba viendo la tele en el cuarto de estar cuando llegamos. Jason le dio la mano a mi padre y luego se excusó para ir al baño.
"¿Este es el novio?", preguntó mi padre. Parecía impresionado.
"No, papá", le contesté. "Este no es mi novio".
Unos días más tarde, mientras aún estaba en Nueva York, vi a mi novio y le conté de Jason. Que habíamos vivido una aventura de locos. Que lo había llevado en coche hasta Nueva Jersey para que conociera a mi padre. De lo guapo que era. ¿Y no era curioso que fuera modelo de Calvin Klein?
Su rostro se crispó un poco, pero no lo suficiente como para expresar celos. Ni ninguna otra emoción, por cierto.
¿Cuándo debí haberme dado cuenta de que para él eso no tenía ninguna importancia? ¿Cuando le dije que lo amaba y él no me lo dijo de regreso? ¿O cuando me dijo que no necesitaba conocer a mi padre? ¿O cuando no me contó que se había ligado a otras chicas?
La actitud de chica relajada funciona cuando estás comiendo pizza con un modelo. Jason me veía como una chica esquiva y segura de sí misma. Eso hizo que quisiera pasear conmigo en la noche y aventurarse a ir a los suburbios de Jersey.
La actitud de chica relajada no funciona cuando intentas que tu novio se enamore de ti. Tal vez nunca fue mi novio, para empezar.
"¿Así que ahora estás enamorada de este chico?" Preguntó mi novio con una sonrisa burlona. "No", contesté. "En lo absoluto".
Cómo comer pizza con un modelo masculino. (Brian Rea/The New York Times)
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Los datos de los dispositivos portátiles que realmente quiere tu doctor
Reportajes Especiales - Business

Los terremotos en Venezuela azotan a un sistema de salud que ya estaba en crisis
Reportajes Especiales - News

Emily Blunt habla sobre 'El día de la revelación' y su nerviosismo frente a Spielberg
Reportajes Especiales - Lifestyle

Los venezolanos desplazados por los terremotos duermen a la intemperie
Reportajes Especiales - News

Flight of the Conchords y el riesgo de los reencuentros
Reportajes Especiales - Lifestyle
