La presidenta del Banco Central de Rusia aparece tras 2 semanas de ausencia

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Elvira Nabiullina dio un mensaje de tranquilidad en una rueda de prensa después de un paréntesis que evidenció profundas tensiones en la élite política y económica del país.

En los últimos cuatro años, Elvira Nabiullina, la directora del banco central de Rusia, se ha convertido en el pilar de la relativa estabilidad económica del país. Muchos la ven como una voz tecnocrática de la razón que transita por los retos y el caos de una economía de tiempos de guerra que se enfrenta a duras sanciones de Occidente.

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Así que cuando se dio de baja por enfermedad y no acudió a una mesa redonda de economía de gran repercusión a principios de junio, una ola de inquietud se extendió entre la élite económica y política de Rusia.

En un sistema donde la transparencia es elusiva, los rumores se dispararon de inmediato. Algunos especularon con que Nabiullina se había opuesto enérgicamente a las medidas del presidente Vladimir V. Putin para llevar al país a una situación de guerra total e irreversible. Otros afirmaron que había caído en desgracia, y especularon con que el Kremlin había retirado de repente la escolta de seguridad de su casa en Moscú.

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Cuando Nabiullina reapareció finalmente en una conferencia de prensa el viernes, tras más de dos semanas de ausencia pública, hizo lo que mejor sabe hacer: proyectar una apariencia de calma. Anunció que el banco central iba a bajar el tipo de interés de referencia del 14,25 por ciento al 14 por ciento, a pesar de que la economía está sobrecargada por los gastos de guerra.

Vestida con una chaqueta oscura y tosiendo ligeramente, Nabiullina apenas dijo algo sobre los rumores que rodeaban su breve ausencia.

"Solo puedo confirmar que tenía un resfriado y que perdí la voz durante un tiempo", dijo. "Y lo único que puedo decir es dar las gracias a quienes se preocuparon de forma sincera por mi salud".

Nabiullina, que nunca menciona la guerra como el motivo por el que los gastos de Rusia se han disparado en los últimos cuatro años, admitió tácitamente que el Kremlin había decidido gastar más en el ejército de lo previsto. Eso, a su vez, había obligado al banco central a adoptar una política de tipos de interés más estricta.

"La contribución de la política fiscal a la expansión de la oferta monetaria sigue siendo elevada", dijo. "Y, dada la revisión de los parámetros presupuestarios, seguirá siendo mayor de lo que habíamos previsto anteriormente".

El revuelo en torno a su ausencia había suscitado una pregunta incómoda entre la élite rusa: ¿puede una banquera considerada una gestora responsable de la economía nacional actuar con independencia mientras está bajo la presión del Kremlin y sus aliados?

Y, en un sentido más amplio, ¿se puede mantener la apariencia de una vida relativamente pacífica y próspera en Rusia si las grietas estructurales se agrandan y la guerra se prolonga implacablemente un año más?

"Hay una clara sensación de que la situación es crítica y grave, y de que incluso la reciente vuelta a unos indicadores decentes es temporal e insostenible", dijo Yevgeny Nadorshin, un economista en Moscú que asesora a empresas y bancos. "Las respuestas son, en esencia, claras", dijo Nadorshin. "Pero, en realidad, tienes que ordenar tus ideas, expresarlas con claridad y tener la fuerza y la disposición para hacerlo. ¿Y quién está dispuesto a eso?".

Este año, el gobierno ruso se enfrentó a un dilema: recortar los gastos previstos para enfriar el sobrecalentamiento de la economía o pasar por encima de las medidas del banco central para combatir la inflación. Según Oleg Vyugin, quien entre otros cargos ha sido viceministro primero de Finanzas y vicepresidente del Banco Central, el mandato político de las altas esferas acabó imponiéndose sobre las restricciones fiscales.

"La decisión ya está tomada: bajar los tipos de interés y aumentar el gasto público" ampliando el déficit fiscal, dijo Vyugin, quien estimó que el presupuesto crecerá alrededor de un 15 por ciento por encima de lo previsto para 2026. Señaló que este déficit tendría que financiarse con "medios monetarios", lo que empujaría la inflación por encima de la meta este año y el próximo.

"Elvira Nabiullina se oponía a esta maniobra, y tiene importantes consecuencias para los mercados que habían estado operando con base en el plan anterior", añadió Vyugin en una entrevista. "De ahí viene el nerviosismo".

De enero a mayo, el gasto presupuestario federal ruso aumentó un 17 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior, según el Ministerio de Finanzas del país, lo que refleja el apetito cada vez más grande de la maquinaria bélica. El déficit casi se ha duplicado y alcanzado casi 82 millardos de dólares. La situación se ha vuelto más urgente en algunas regiones rusas. En una ciudad de Siberia, por ejemplo, el ayuntamiento empezó a apagar el alumbrado público para ahorrar dinero.

Para dar más margen de maniobra al gobierno, la cámara baja del Parlamento ruso aprobó la semana pasada una ley que permite al Ministerio de Finanzas aumentar el techo de deuda y el gasto público este año sin necesidad de la aprobación de los legisladores.

En 2025, el plan general de Rusia parecía ser diferente. Por primera vez desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Rusia tenía previsto recortar el gasto en defensa en 2026 en términos reales, lo que tal vez indicaba que Moscú se estaba preparando para que la guerra llegara a su fin. En junio del año pasado, Putin dijo que Rusia tenía previsto "recortar los gastos de defensa el año que viene y el siguiente", durante los tres años siguientes.

Pero la guerra continuó, exigiendo cada vez más recursos del Estado. Según Janis Kluge, experto en finanzas rusas del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad en Berlín, el gasto militar del país aumentó un 30 por ciento solo en el primer trimestre de este año.

El aumento de los precios del petróleo tras el ataque estadounidense-israelí contra Irán supuso un respiro temporal para Rusia, país productor de petróleo. Pero, a medida que las tensiones se han ido calmando en Medio Oriente, el precio del petróleo ruso ya ha bajado aproximadamente un tercio respecto a sus máximos. Y el beneficio que Rusia obtuvo de los precios del petróleo se vio contrarrestado por la fortaleza del rublo y los ataques ucranianos contra refinerías y otras infraestructuras energéticas.

Esta situación ha puesto a Nabiullina bajo una mayor presión. La función del banco central es mantener la inflación bajo control sin que la economía se hunda bajo el peso de unos tipos de interés elevados.

Putin aumentó la presión. La semana pasada, en una reunión económica en la que Nabiullina y otros representantes del banco central brillaron por su ausencia, dijo que, dado que la inflación había ido bajando, "podemos esperar un tipo de interés de referencia más bajo y poder alcanzar otros indicadores clave". Pero según Rosstat, el servicio estatal de estadísticas de Rusia, la inflación volvió a acelerarse a mediados de junio tras un periodo de descenso relativo.

El comentario en la reunión fue una clara señal de la dirección en la que Putin quería que fueran los tipos de interés, y el ejemplo más reciente del delicado equilibrio que Nabiullina debe mantener entre las preferencias del Kremlin y una supervisión responsable de la economía. Su mandato expira el próximo junio y, por ley, no puede prorrogarse.

Un destacado economista ruso que había asesorado al gobierno y que pidió permanecer en el anonimato para poder hablar con libertad dijo que el país se enfrentaba a una decisión difícil, pero que Putin tenía una especie de ilusión "de que todo lo que hace siempre es lo correcto".

Ivan Nechepurenko cubre Rusia, Ucrania, Bielorrusia y los países del Cáucaso y de Asia Central. Divide su reportería entre Moscú y Tiflis, Georgia.

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